A mí me gusta el paseo

Con el apoyo de Conarte y la Facultad de Artes Visuales de la UANL, el 6 de junio se rindió homenaje a los sonideros con el evento Independencia: territorio sonidero, que forma parte del documental Comunidades Migrantes MTY.

 

Guillermo Jaramillo


 

 

SONIDERO FINAL 39Desde que escuchó el sonido del acordeón bajo la percusión de un güiro y un timbal, Gabriel Dueñez se enamoró de Colombia. Los Corraleros de Majagual, Alfredo Gutiérrez, Armando Hernández, Lisandro Meza, todos ellos Corraleros son los primeros sonidos que escuchó Dueñez en su juventud.

“Los Correaleros llegaron a Monterrey en la época de los sesenta en los tiempos de Vianney Valdez y Polo. Llegaron los Corraleros a Radio Melodía, ubicada en Cuauhtémoc y Treviño. Nosotros como sonideros empezamos con un sonido de bulbos de cinco, de seis y ocho botones. El más pequeño era de tres botones pero ese casi no tocaba”, señala Dueñez.

Luego de muchos años en el oficio ─aquel que lleva mediante un sonido de waffles y trompetas música a una comunidad─, Dueñez sigue disfrutando de la música. Ahora ha sido apoyado por algunos bares de su amada colonia Independencia, donde da espectáculo musical.

“Nos están apoyando mucho a todo el sonidero. Ahorita seguimos dando música bonita a la gente pero tenemos más empuje. Hacemos los eventos para que no muera esto. En bares nos están dando oportunidad de detallar el sonido más alto para que no muera”, señala el hombre.

 

Las joyas

Dueñez guarda sus joyas como en la antigüedad, como debe ser; las guarda en su funda y calzón, que es el hule que trae el disco. Con esto evita rayaduras o el paso del polvo sobre su cubierta.

En aquellos años en los que la música colombiana llegó a nuestra región, un disco original de Los Corraleros Majagual costaba 400 pesos. La importación siempre cuesta, pero la piratería siempre está al acecho.

“Ahorita de un día para otro ya está arriba [la red]. Antes era bien difícil conseguir un disco de Armando Hernández, Alfredo Gutiérrez. Ahorita ya todo está en la pantalla y uno lo puede bajar en una memoria o disco, hacer maravillas”, indicó Dueñez.

La piratería de la mano de la tecnología parece no afectarle a Gabriel, quien cada vez que se le cuestiona sobre los pros y los contras de la red responde “yo tengo mis LPs”.

“Eso a mí no me afecta, yo tengo mis LPs. Un disco de Alfredo Gutiérrez importado de Colombia, un Costeño o marca Tamborito es caro. Aquí en México es donde los encarecen, porque en Colombia los LPs están muy baratos.

Discos de Alfredo como La mujer que yo inventé, Verdadero amor, son discos que jamás los van a olvidar y mucha gente jamás los va a tener. Esos discos no bajan de 600 pesos”.

 

Estigmas

Desde siempre se ha estigmatizado a la colonia Independencia y a la música vallenata como sinónimos de violencia. Dueñez piensa lo contrario, y reafirma que a él le gusta lo romántico.

“A mí me gusta el paseo. Hay gente tranquila y hay de todo. Por unos la llevamos todos. Hay una raza que viene a descomponer todo; está uno tranquilo escuchando esto y llegan algunos a pelear. La música es para tranquilizar, no para violentarse. Esta música del vallenato lleva mensaje de vivencia, de amor. Los riquillos de alcurnia dicen que la música colombiana es lo más bajo; para mí es la música más bonita que he escuchado y la escucharé hasta que me muera”.

 

Ajuas sonideros

Creció con esta música junto a sus tres hermanos, siendo Paco el más pequeño. Sus ‘ajuas’ vallenatos son famosos en sus bailes. Él es Paco Silva, líder de la Tropa Colombiana. Sonido Dinamita, Sonido Imperio Tropical, Sonido Nube Gris fueron los nombres de los sonidos que tuvieron los hermanos de Paco en la Indepe Colombia.

“Desde que era un bebé siempre escuchaba esta música. En su tiempo Los Corraleros de Majagual, Los Demonios de Corocochay; mucha música de trompeta, de clarinete”, señala Silva, quien dio una charla dentro del evento ubicado en la Escuela “Adolfo Prieto”.

Paco cantaba en los camiones en compañía de un güiro con cola de pescado grandísimo, que tenía que apoyar en el suelo del camión debido a su corta estatura: apenas era un niño.

A los 6 años tocaba en los camiones. A los 12 años formó con Celso Piña y sus hermanos la Ronda Bogotá. Luego de seis años formó su propia banda: La Tropa Colombiana. Desde 1984 hasta la fecha, la música colombiana ha sido su vida.

Si quieres escuchar algo sonidero, favor de asistir a la Colonia Independencia, en las calles 16 de septiembre y Querétaro, Tlaxcala y 5 de febrero, o al bar La Bodega. Gabriel Dueñez te complacerá con gusto.

La Independencia: Territorio Sonidero

Como parte del Proyectode video documental Comunidades Migrantes MTY, el evento tuvo la intención de visibilizar el fenómeno de la cumbia desde la geografía de la colonia Independencia. Formas que han nacido a partir de la influencia musical de Colombia y la apropiación, fusión que celebra el jolgorio, el movimiento caliente, el amor extraviado o el barrio furioso; expresiones que evidencian a través de la lírica y el ritmo, experiencias cotidianas, urbanas, particulares de nuestro contexto, y que se han insertado en otras áreas de conocimiento como es el arte.

“Ha sido parte de nuestra línea de investigación de Estudios Visuales, donde la producción artística tiene que ver con todo un proceso para construir el objeto artístico; en este caso la colonia Independencia conformada en principio por migrantes de Zacatecas, San Luis, fue generando una estética musical y cultural muy específica”, mencionó Yasodari Sánchez, catedrática de la Facultadde Artes Visuales de la UANL.

Diálogos con los principales exponentes del género en la Indepe, exposición fotográfica y de recuperación de imágenes de la colonia y los sonideros, venta de discos, tocada y baile, revivieron el movimiento musical de la emblemática Colonia Independencia.

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