Acceso a la poesía | El abrazo del Erizo

Por Armando Alanís Pulido

 

Soy un creyente fervoroso de la poesía y distingo por supuesto la creencia emotiva (esa que se le pide al artista) de la creencia filosófica, pero aquí quiero decir más bien que creo en sus efectos y entiendo que quien la asume, retorna, se contrae, avanza hacia un lugar que puede ser una casa o una ciudad o un país o un cuerpo donde uno se encuentra ante un letrero que no sabemos bien si advierte, sugiere o invita, en él se lee con letras muy claritas “acceso restringido” y entonces Mónica, viajera en el tren de los recuerdos entiende el mensaje, lo sabe y se sabe y se dedica a escalar espejos enjabonados y al mismo tiempo se estremece al descubrir (y descubrir para nosotros) la suavidad de los versos, esos con los que hará que las cosas más ásperas se soporten.

Cuando uno admite ausencias, cuando uno conversa consigo mismo sana sus heridas, ata los cabos sueltos del amor y aquí de entrada, los textos de Carrillo cumplen su cometido, cumplen porque acuden puntuales y nos sacuden; en este libro la poesía vasta, crea, nutre y responde súbitamente y a veces (auch) como duelen las caricias.

Mónica Carrillo escribe con el corazón e invoca y desaparece al aludido en sus historias (a la aludida también ya que algunos poemas están escritos desde una voz masculina), Mónica sabe que le tienen tomada la medida, por eso se resiste al arresto y nos arrastra a percibir y recibir el trato donde se nos trata de explicar las mil intenciones de una sonrisa o la efervescencia necesaria para rasgar una mañana, esa, previa a la noche que nos permitirá ya con la inercia ser luminosos.

Aludiendo al epígrafe del segundo capítulo que dice “Y lo que digo ahora de mí lo digo de ti” del poeta norteamericano Walt Whitman, no puedo estar tan más de acuerdo. ¿Por qué? porque somos las palabras que dicen lo que somos, porque el amor es también un perro viejo, porque sabemos exactamente descifrar eso que se nos agolpa en la sangre y Mónica sabe que como que nos falta algo: un recuerdo, una postergación, una ausencia, un último recuerdo y este libro tiene esa comunicación que propicia encuentros. La autora también sitúa su discurso –acalorado– (pude decir caliente) en el universo del cuerpo, ese no lugar que sin exigir nos exige sentirnos vivos de todas las maneras que sean posibles, entonces todo se vuelve tentador y en la persistencia de las palabras se establece en el azar un domicilio y se inventan destellos que lo edifican; yo observo y celebro la

irrenunciable vocación de una poeta amatoria que no se condiciona, ni nos condiciona con los reveses que propinan el acto, el deseo, el sueño, el delirio cuando amamos y extrañamos a alguien o cuando odiamos a alguien que alguna vez amamos, por eso fluye la disposición de los sentimientos desde lo más

profundo de un corazón que se expresa única y exclusivamente con autenticidad.

La poesía, es decir, los efectos de la poesía se encuentran –palabras más palabras menos– en la sensibilización, no hay de otra, es cierto, habrá quién critique, habrá quién ignore, eso es inevitable, pero también lo es palpar lo cotidiano de la manera más provocadora posible, la queja que nos aqueja, la inquietud que nos conmueve, la desesperación muchas veces repetida, y lo que a sorbos nos alimenta y nos nutre, la implicación, el deseo de ser poema para vivir en tu boca y morir en tu mirada, ese deseo aquí sin ninguna duda se cumple.

Al principio les hablaba de la creencia hacia la poesía, de sus efectos y modifico ahora –no mi creencia–, modifico sólo una letra para cambiar efectos por afectos, porque como dice T.S. Elliot preguntándose, sino más bien, es la emoción la que influye al poema y volviéndose a preguntar si ¿no será el poema quien despierta esa emoción y pone al poeta consciente e inconscientemente en comunicación con ella? A fin de cuentas, Elliot sólo quería resumir que la poesía es comunicación, porque el poema hace entrar a su autor en comunicación consigo mismo, le da acceso pues, y Mónica Carrillo como bien dice en la cuarta de forros de su libro, es poeta sin necesidad de predicarlo y nos permite sentir, paladear y vivir a la poesía haciéndola nuestra.

 

Acceso restringido

Mónica Carrillo

Oficio ediciones

2013

 

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