Arrancar una flor

Cubre mi boca la violencia de un pañuelo blanco

no grito

no respiro

todos mis recuerdos perderán la lengua

seré otra

idéntica a la voz que ya jamás reconocí

grito para despertar en otro sueño

pero el sueño es extravío

 

Durante la Feria UANLeer 2016, asistió Verónica González Arredondo para presentar Ese cuerpo no soy, libro ganador del Premio Nacional de Poesía “Ramón López Velarde” 2014.

Ese cuerpo no soy yo

 

Por Guillermo Jaramillo

Tarde de domingo o domingo por la tarde. El mítico Colegio Civil Centro Cultural Universitario alberga la Feria Universitaria del Libro UANLeer 2016. La gente pasea en estas horas bajo amenaza de lluvia que anda por los pasillos, patios, sube escaleras, admira el jardín. Una niña posa su ojo izquierdo entre las ranuras de las puertas del Aula Magna y atisba un mundo más amable, donde las mujeres no son arrancadas de la tierra con mano violenta.

Recargada contra el cristal, Verónica González Arredondo atiende la entrevista. Ella es la poeta ganadora del Premio Nacional “Ramón López Velarde” 2014, y sabe que desde hace mucho tiempo tiene cosas qué decir.

“La poesía para mí es básica porque tengo algo qué decir. Cuando trabajo ensayo, que es más bien investigación, también hay una pasión dentro de ese decir; es exponer una relación, algo que encontré en un libro”, explica.

A la par de escribir poesía, González Arredondo hacía cuentos y considera que en alguna parte de este universo, se ha perdido a esa narradora.

“He intentado escribir cuento y siempre resulta una cosa muy extraña que es prosa. Creo que en la poesía caben todos los géneros, entonces ya no le busco”.

Geografía interior

Veronica

La mayoría de sus libros están escritos en Zacatecas. Parte de su primer material, Desparpajados, libro de artista, contiene atardeceres queretanos, poesía visual y mucha artesanía.

“A veces no me refiero a un espacio geográfico en específico, sino más bien a imágenes que sí tienen que ver con viajes al sur, Perú y Chile; no se remiten tanto a un lugar y escribir un poema que tenga que ver con la región, sino más bien algo que me impresionó, sentí o me llevó más allá de lo que hay físicamente en el lugar”, comenta.

Mientras un grupo de gente realiza una visita guiada por el magno edificio, escucho sobre autores variopintos. El Conde de Lautreamont ha sido uno de sus autores de cabecera con sus Cantos de Maldoror, llaga que nunca cierra. La obra de Alejandra Pizarnik también mantiene estrecho signo con González Arredondo. Marosa Di Giorgio y su universo en miniatura lleno de una vastedad vegetal, así como el chileno Raúl Zurita acompañan el pulso de la queretana.

Las edades en la poesía

Verónica no se siente niña, no se siente anciana en la poesía. Hay edades, dicen, en los poetas. La edad del tiempo ¿quién la sabe?

“Creo que siempre tengo una búsqueda que sí es experimental, pero no es un experimento ya. Hay una edad en que se pierde la inocencia o decir que no sabes quién lo rompió; ya no funciona. No me considero poeta joven, sino más bien joven poeta; en este sentido no tengo 20 años escribiendo ni la trayectoria de mucha gente que tiene 40 años en este medio.

La poesía joven tiene una etiqueta: Premio Nacional de Poesía Joven “Elías Nandino”.

“Creo que más bien el concepto de poesía joven se refiere en específico tal vez al Premio Elías Nandino, que aparte de fama y fortuna, es uno de los premios que tiene algo específico. Es una búsqueda de una poética que no sea comprometida, no social, que sea un poco vale madres y que no parezca poesía.

“Creo que, sobre todo, en esto último, es donde se puede definir a los poetas de 20 a 25 años aproximadamente ¿qué están haciendo? ¿qué están escribiendo? y lo respeto, cada quien tiene su propuesta estética”, indica mientras un niño nos observa a la distancia.

La lluvia está guardada en las nubes. Las nubes no se abren, se maquillan. El cielo ya no muestra al Sol como su única naranja. González Arredondo dice que ya no está en edad de nandinear.

“Sí tengo relación con los poetas de entre 1980 a 1985, tal vez más que con los de 1985 en adelante. Creo que sí hay una diferencia, búsquedas estéticas muy marcadas en cuanto a lo distinto que son, ya sea uno, por así decirlo, todo entre comillas, apegados a la tradición y otro a lo experimental; y es algo más recurrente en los poetas que tienen de 20 a 25 años, creo que es la edad ideal para nandinear”.

Verónica considera que a partir de los 25 años, las búsquedas en la poesía ya no están marcadas por el discurso mass media ni por el uso de cierta tecnología.

“No creo, para empezar, que alguien se proponga a escribir un poema joven por principio; sin embargo, los chicos que tienen esta edad muchos terminan haciéndolo. Creo que es parte del contexto que nos marca, vivimos, somos generaciones que crecimos con el Nintendo y otras cosas, a otros ya no les tocó ni el Game Boy”.

Una flor ya no es flor si se arranca

Violencia repartida en partes iguales. Desigualdad de género. El libro está plagado de imágenes que nos recuerdan la nota roja, pero hay en el lenguaje una sensualización de las cosas: entonces, la poesía.

“La violencia es el tema que se presenta en tres manifestaciones, feminicidios, trata de personas y migración, hacia la mujer. Es un libro muy fragmentario de varias voces, siempre hacia las desaparecidas, y hay un contrapunto con alguna mujer de poder que también asesinan o mujeres que han asesinado a sus parejas. Hay mucha nota roja en su mayoría con referencias poéticas. La idea era encontrar el elemento estético en lo macabro, en la muerte”, concluye.

Y uno se queda suspendido, sabiendo que a la poesía nada le es ajeno. Si tan sólo las autoridades tomaran cartas en el asunto, otro tema nos ocuparía.

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