Besos sin poner la boca, entrevista a Luis Aguilar

Con un racimo, no de uvas, sino de premios, la corona de laurel que porta Luis Aguilar es manufactura universitaria.

Extra4- El poeta Luis Aguilar Martínez

Guillermo Jaramillo

Fotos: Daniel Zamora

 

Un premio de cuento, dos de periodismo y ocho de poesía mantienen a Luis Aguilar como uno de los rivales más duros en las contiendas literarias. Periodista de profesión, poeta y traductor por convicción, Aguilar comparte sus conocimientos como profesor en la Facultad de Filosofía y Letras.

Egresado de la Facultad de Comunicación, Aguilar está seguro de que el periodismo es la literatura de todos los días. Contrario a otros colegas periodistas, Aguilar adereza el quehacer periodístico con una gran carga de literatura.

“El periodismo es como el hermano feo de la literatura. Se escribe la historia y la vida todos los días, lo que pasa es que el periodista quizá no tiene el tiempo para sentarse y hacerlo. Lo que ha hecho Hugo Valdés en sus dos novelas más conocidas es un ejercicio periodístico”, indica en entrevista.

Desde hace algunos años, Aguilar abandonó el periodismo por decisión propia; sin embargo, en ocasiones, ha presentado textos periodísticos más cercanos a la literatura y, en dos ocasiones, le premiaron por estos ejercicios. (Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez (2006); el Premio Regional de Periodismo Cultural del FORCA Noreste (2009).

El cuento en la vida de Aguilar también tiene un reconocimiento, pues ganó el Premio Nuevo León de Literatura (2010), con Lateral izquierdo. Este cuento nació de la nota periodística sobre el escándalo de Carlos Salcido –de la Selección Nacional de Fútbol– y su aventura con un transgénero.

La relación de Aguilar y la UANL fue singular. Él venía de Valle Hermoso, Tamaulipas, y necesitaba asesoría para ingresar a la Autónoma de Nuevo León; le recomendaron hablar con Cayetano Garza, entrenador –en aquel entonces– de los Auténticos Tigres a quien solicitó una entrevista. Luego de la charla, su interés por ser universitario empezó a ser cosa seria.

“Para quienes creen que toda mi vida es cultura; mi vida está bastante relacionada con el deporte”, relata.

Extra1- Luis Aguilar explicando sus obras literarias

El periodismo

El Porvenir, ABC, El Norte, El Diario de Monterrey —su estancia más prolongada en un medio— fueron algunos de los medios donde escribió.

Reporteó la sección política hasta que el cansancio llegó. Se dio cuenta que los temas con los políticos siempre eran los mismos. Solicitó el cambio a la sección cultural, área donde tuvo mayor desempeño.

“Era el área que me dejaba más satisfecho. Estaba más cerca de lo que por dentro yo tenía, este aspecto de la escritura.

“Al final, me di cuenta que la literatura es más celosa que el periodismo –que ya de por sí es bastante celoso de tu tiempo–, y decidí que tenía que darle todo a una de las dos cosas y decidí por la literatura. No me quejo, estoy muy contento”, apunta.

Para Aguilar no existe distancia entre el periodismo y la literatura; pruebas de ello son sus trabajos periodísticos ganadores de premios. Historias como aquella del último chalán jalado por fuerza humana que hay en el Río Bravo, en Díaz Ordaz, Tamaulipas, y la de dos ancianos, uno de ellos un sordo nonagenario, que cazan a víboras de cascabel en pleno desierto de San Luis Potosí las toma el ojo de Aguilar y las lleva a la pluma mediante el ejercicio de la crónica.

“Que se diga que estos premios de nuevo periodismo están hechos para escritores, me parece que es verdad, pero, además me parece que los periodistas son escritores. No veo que se contrapongan.

“A mí me encanta el periodismo que se hace en lo que llamamos nuevo periodismo, porque le da al periodista la oportunidad de traspasar este hilo tan delgado del asunto informativo y a la crónica, que se acerca más a la crónica literaria.

“Una buena crónica o un reportaje de investigación no tiene por qué ser solamente el dato duro; está dentro de él –o debe estar– la capacidad del reportero para redactarlo de una manera que le sea sabroso al lector”, enfatiza.

El reportero tiene que atreverse al cambio y hacerlo, señala Aguilar. Está consciente de que el editor puede censurar o extirpar algunas partes del texto.

“Es comprensible. Lo que no es tolerable es que el propio reportero se limite en su escritura”, comenta.

Imagen- Luis Aguilar explicando sus obras literarias

La poesía del amor es la vida

La poesía es el género que más satisfacciones da a Aguilar. No sólo le ha otorgado premios y dinero, sino que en ella ve realizada su capacidad creativa. Pero no todo es miel sobre hojuelas, pues en ocasiones ve complicada la creación poética. En estos casos, el escritor se toma un tiempo para descansar el texto y se da a la tarea  de trabajar cuento.

“Cuando escribo un cuento lo hago porque estoy sufriendo mucho con lo que estoy escribiendo en poesía, y me tomo un tiempo para respirar fuera de ella porque si no siento que me ahogo”.

El tiempo es uno de los factores que Aguilar trata de controlar; destina momentos de la semana para cada ocasión. Hay días en que realiza los pagos de los servicios del hogar y aprovecha para citarse con algún amigo. Pero, una vez, de vuelta a casa, desconecta el teléfono y continúa con lo suyo.

“Soy un tipo que no sale mucho de casa ni circula con frecuencia por la ciudad. Paso semanas sin salir de la cochera de mi casa”, comenta.

Sin embargo, Aguilar no parece ser un tipo solitario, dice que la gente que está sola lo está por una razón externa.

“No es una elección. Estamos solos porque nadie nos aguanta. Yo tuve una relación por 14 años. Hace cuatro años nos separamos en los términos más maravillosamente aburridos que te puedas imaginar. No hubo drama, no pasó nada; un día te ves a los ojos y sabes que tienes enfrente a un gran amigo.

Al momento de separarme, pensé que ya no podría tener una relación como esa porque ya no tengo el tiempo ni la fuerza para construirla”, explica.

El vulgo considera que el paraíso para un escritor es la soledad. Este terreno geográfico de una casa habitada sólo por el creador puede resultar contraproducente. Nunca se está sólo; se vive consigo mismo y sus vicios.

“Parte del aprendizaje vital es saber convivir con tus vicios, asumirlos. Yo, por ejemplo, tengo muy marcado el vicio de la pereza. Antes me atormentaba, ya no. Al final de cuentas estamos por aquí para pasarlo lo mejor posible.

Es un aprendizaje que te dan los años. En otro momento de la vida somos más impetuosos, estamos más desesperados. Ahora tengo una calma constante en mi vida”, señala.

Hemos tratado el periodismo y la poesía, pero ¿qué hay de periodismo dentro de la poesía?

De su libro Muchachos que no besan en la boca, ganador del Premio Internacional de Poesía “Gilberto Owen” y que retrata historias de la prostitución masculina en Cuba, Alicia Gutiérrez Romo, una de las organizadoras del certamen, señaló durante la cena de premiación que estábamos ante el nacimiento de un nuevo género: poesía periodística.

“Dijo que era una especie de periodismo poético. Me pareció muy interesante porque el libro es una especie de poemas cronicados de historias muy particulares que yo vi o viví en algunos casos, y son llevadas, de alguna manera, hacia la poesía a través de esta idea de la búsqueda de la belleza a través de la imagen. Y la idea de fondo que sustenta al poema es la historia”.

En la poesía, dice Aguilar, más allá del tema, tiene que ver la capacidad del poeta para aportar básicamente dos cosas: idea y belleza.

Hay poemas que pueden ser bellos pero no tienen idea, sustento. A Luis le interesa comprobar si en el poema hay poesía. La poesía debe trascender la historia diaria, aquella que se cuenta desde los periódicos y medios de comunicación masiva.

“El punto de la poesía con el libro es que logra trascenderlos, y convierte esos acontecimientos desastrosos en poemas.

“Tengo mis dudas de que la poesía de lo circunstancial pueda permanecer. Si no logra rebasar la circunstancia para llegar a la poesía, se quedará en la circunstancia y ésta no nos sirve más que para datos estadísticos, históricos”, indica.

Para Aguilar, el deporte nunca ha sido ajeno, comulga en el fútbol con los Tigres de la U, prueba de ello es el libro de cuentos titulado Lateral izquierdo. En una ciudad donde el hombre debe ser proveedor o muy macho, si no se es proveedor, el hombre mínimo maneja muy bien el balón entre las piernas, Aguilar le dio ese toque agridulce.

“Fue tomado el libro con mucha hipocresía, porque la mayoría de los que lo hayan criticado es que lo hayan hecho. La diferencia es que a los otros no los pescaron. Grandes íconos en esas circunstancias tenemos a los brasileños. Allá en Brasil la sexualidad es mucho más libre, no es tan complicada y no necesita ser tan explicada como en México. El mundo de la sexualidad siempre ha estado presente en la historia de la humanidad, el asunto es la revelación. A la gente les molesta, inquieta esa visibilidad”, subraya.

Para Aguilar, la sexualidad de cada individuo es un asunto privado. Considera que este es un buen momento en la historia de México para ponerse al día en temas sobre lo individual e íntimo de las personas.

“Si yo hago una vida como la que haces tú, si cumplo con mis responsabilidades con el Estado debo tener los mismos derechos, no hay manera de sostener algo contrario”, asegura.

Imagen3- Luis Aguilar explicando sus diferentes proyectos

Cátedra

Aguilar mantuvo una cátedra por muchos años en la Facultad de Ciencias de la Comunicación. Hoy, el escritor experimenta su traslado a la Facultad de Filosofía y Letras como profesor de Seminario de Textos Hispanoamericanos y Cultura Mexicana Contemporánea.

La vida pone a cada quien en su lugar. Si Luis alguna vez formó parte de la plantilla de reporteros de algunos diarios hasta abandonar ese oficio para dedicarse de lleno a la literatura, hoy se encuentra entre las aulas donde se forman literatos.

“Las diferencias que noto son el involucramiento social, la comunicación está más encaminada en participar de los otros, en el caso de comunicación.

En el caso de letras, es como un ejercicio más personal; la formación es más intensa y más personalizada porque depende de cuál sea el interés particular de cada uno de los alumnos y, al ser grupos tan pequeños, le da una ventaja al maestro de identificar esas intenciones y tratar de fortalecerlas”, finaliza.

 

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