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Julián Guajardo: homenaje al Maestro de Maestros

La Universidad Autónoma de Nuevo León entregó un reconocimiento al actor Julián Guajardo por su amplia trayectoria artística, considerado como uno de los más grandes íconos del teatro en Monterrey.

Juan Pablo Castro

 

Por su completa trayectoria artística la Máxima Casa de Estudios entregó un reconocimiento a la leyenda del teatro regiomontano, Julián Guajardo, dentro del ciclo de homenajes que realizó la UANLeer 2014.

El viernes 14 de marzo en el Patio Ala Sur Colegio Civil Centro Cultural Universitario, se celebró dicha ceremonia a la que asistieron familiares del galardonado, dramaturgos, poetas, escritores, estudiantes y público en general.

Con una entrada triunfal, el decano de las artes escénicas interpretó histeria, agonía, tristeza y felicidad en unos cuantos pasos, mientras se dirigía al estribo. Ejecutó todo un acto teatral.

Contemplando pasajes de la vida del homenajeado, Rubén González Garza, Rosaura Barahona, Armando León Montaño y el Secretario de Extensión y Cultura, Rogelio Villarreal Elizondo, compartieron el presídium durante la entrega del reconocimiento y presentación del libro Un hombre de teatro, dividido en dos tomos “Biografía” y “Bajo la lupa de la prensa”.

“Esto me alimenta y me hace vivir 10 años más. No me arrepiento de nada”, comentó Guajardo con 80 años cumplidos.

 “Julián participaba en obras comerciales, sí, pero hechas en serio. Y es lo que falta en estos días, volver a retomar esa seriedad y hacernos ir al teatro con gusto y aplaudirlo”, mencionó Rubén González Garza en su participación.

Este es el primero de tres libros que la Secretaría de Extensión y Cultura publica para perseverar la historia de los grandes del teatro regiomontano, como Rubén González y Sergio García.

“Las generaciones actuales quieren partir de cero. No revisan lo que ya se ha hecho, todo lo que se avanzó, todo el trabajo por el cual se discutió, se abrieron espacios, todas las propuestas escénicas que han existido.

“Julián Guajardo ha sido mi maestro de toda la vida. Le aprendí muchísimas cosas, siempre ha sido mi gran maestro en todo lo que hace. Me da gusto tenerlo cerca”, mencionó Villarreal Elizondo.

Durante el evento también se presentó una exposición de cuadros, retratos y pinturas de la trayectoria del artista.

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Rock al Cabrito

Servido al plato del menú rockero en el Aula Magna, Cabrito Vudú brindó un concierto memorable el 20 de febrero. Desde la voz y el sax, Jesús “Chuchocolate” Lozano, egresado de la Facultad de Artes Visuales de la UANL, nos habla del legendario grupo surgido en Monterrey hace 22 años.

Lizbet García Rodríguez

 

Nacidos en la Facultad de Artes Visuales de la UANL en 1992, “los cabritos” irrumpían con un sonido distintivo que los hizo notables en la escena rockera de los noventa.

“Era una temporada muy creativa, íbamos dejando de ser estudiantes y traíamos mucho entusiasmo por el contacto con la composición y letra”, cuenta Chucho Lozano.

En 1996 editaron su primer disco De pueblo en pueblo, con canciones como La gran chivera, Contrabando machaca y La casita, que rápido se colocaron en el gusto del público. En 1998 editaron su segundo álbum Tatuajes de pólvora, con un éxito que los llevó a abrir conciertos para Café Tacvba, Los Fabulosos Cadillacs y Manu Chao, entre otros.

El boom del grupo coincidía con el fenómeno musical conocido en el país como la Avanzada Regia.

Más allá de un movimiento formal, ¿qué aspectos favorecieron el surgimiento del rock hecho en Monterrey a partir de los noventa?

En ese tiempo había muchos grupos buscando tocar en lugares públicos, bares y centros culturales. Se fueron abriendo espacios donde las bandas tenían sus propias canciones, se fue generando público que iba a escuchar a estos grupos incipientes y, gracias a la competencia, se fue generando una lucha por el espacio.

A dos décadas de distancia, ¿qué consolida el hecho de que aún exista Cabrito Vudú?

Seguimos en el medio en mi caso por el legado de la primera juventud, para dejar una huella en las generaciones de donde venimos y quedarnos a la expectativa de lo nuevo que pueda surgir.

¿Tienen discos, proyectos, presentaciones en puerta?

Este año entramos a grabar la segunda parte de El Temporal, un material que tiene temas como La última Colonia, Aquí no hay playa, Barcos de papel, Me despertó la tristeza; y realizamos la filmación del video promocional del tema El Temporal, bajo la dirección de Alfredo Herrera y León Soria.

¿Cómo describes el concierto del 20 de febrero en el Aula Magna de la UANL?

Un concierto muy íntimo y muy limpio, animado y memorable.

Estudiaste música pero tienes formación en el arte visual ¿cómo se complementan esas dos vocaciones?

Es transferir colores a estados de ánimo y notas que comuniquen sentimientos.

Yo me considero más un ilustrador que un diseñador gráfico. El dibujo me llevó a la ilustración y posteriormente al diseño, siempre encontrando una solución que esté de acuerdo con la función de la comunicación.

Tus Monitos Vudú… ¿un medio de expresión?

Los monitos son un invento para desahogar las inquietudes creativas de esos proyectos que no alcanzan a salir, de esas ganas por lograr tener más público consumidor del arte de chuchocolate. Actualmente trabajo una exposición individual para establecer un primer discurso que reúna todo el trabajo.

Cabrito Vudú son Felipe Salazar (guitarra y voz), Rodolfo Robledo (bajo y voz), Jesús “Chucho” Lozano (saxofón), Juan Carlos Montoya (trompeta), Homero Ontiveros (teclado) y Rodolfo Vargas (batería).

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LEESLEO

Su juventud maravillosa

estalló una mañana entre mis dedos

Poemas intuitivos

 

El desierto es la expresión de la soledad. Un juego de formas

orgánicas asociadas al puro espacio físico; vacío de tiempo.

Extenso como la categoría de la superficie y apenas acentuado

en los límites del dibujo por los contornos inmóviles

de unas cosas y seres al lado de las otras.

La distancia se impone en la soberbia de su nada. Horizonte

de fuga en que la existencia se capta a sí misma.

La fuerza creadora se asocia al vacío y a la espaciosa ausencia

con un esfuerzo rigoroso y cruel de intimidad, de restricción

y compunción vegetal tal cual estado de remordimiento.

Las formas tajan, cortan y dividen, haciendo por puro desdén

una geometría de ausencias, de renunciamientos y de silencios.

Contraste de modelación de otra síntesis menos árida es

la que produce el naranjo, que guarda el recuerdo de los inocentes

placeres del paraíso. Intentamos arrancar un fruto pálido y redondo

 y cuando la mano avanza sacudiendo los óvalos delicados del follaje aromático, el pinchazo doloroso arroja la conciencia al mal de la carme.

Pequeña mordedura en que el dolor anuncia la palpitación vital.

Los encuentros se hacen a saltos, mordiscos y gritos

como en la pelea erótica de los felinos, que tal parecen semejantes

las uñas, el colmillo, el pico o las espinas.

La flor que se extingue súbita la asemillan y desparraman los zenzontles

entre minúsculas cagarrutas. Los personajes de la noche son el venado,

el conejo y el tigre. Hombre luna y dios muerte. El hombre fue hecho

entre el desierto y la plenitud. La vida se enrolla, muerde.

A modo de pequeños dioses, los humanos se atreven a crear, no les basta multiplicarse genéticamente. De ahí, el cúmulo de conocimiento heredado en la tecnología, las ciencias y el arte; más difícil de comprender, pero consustancial a toda mente universitaria. Estas razones nos llevan a valorar lo que significa: un centenario, de Raúl Rangel Frías, el 80 aniversario de la Universidad y, a no olvidar, a 45 años, aquel 2 de octubre en Tlatelolco. Es otoño, ánimo y memoria parecen refrescarse con la lluvia.

 

Antes que nuestra Máxima Casa de Estudios naciera, los jóvenes de entonces, promotores de su creación, la habían concebido como una de sus más caras expectativas. Sueños de altos vuelos, ya capitulada la lucha revolucionaria mexicana, aleteaban la razón de ser de quienes no se conforman fácilmente, hasta no materializarlos, para ir luego en pos de otros. Teniendo en mente una Universidad pública y su misión, proponían: no se plantea como mejoramiento económico sino de educación e incorporación étnica; “la Patria –decían- no se forma a base de géneros baratos y cerveza propia”. Supieron qué querían.

“Ya se sabe que la iniciativa partió en varios sectores sociales, principalmente, de la clase estudiantil” señaló el gobernador Francisco A. Cárdenas, al inaugurarse del recinto universitario, el 20 de diciembre de 1933. José Alvarado, otro de aquellos incitadores, a quienes “El derecho, a veces, se antojaba ilusorio, engañosa la historia formal de las instituciones…”; en su “Carta entreabierta a Raúl Rangel Frías” rememora más tarde, acerca de ellos mismos, “Nadie, empero, se resignó al presente; nadie dejó huir a la esperanza de su corazón”. Eran jóvenes comprometidos.

Juventud, cuya intuición e inteligencia impulsa los pasos en momentos difíciles; esperanza capaz de renovar la esperanza, desde la congruencia; orígenes de esta Casa. De Rangel Frías (1913-1993) son las líneas de Leesleo, analecta y libertad tomada, a cuenta de lograr más acercamiento a “Los hijos del desierto” (capítulo de El Reyno, subtítulo de “Un libro de relatos”, Monterrey, 1972).

Con invitación de ir al texto, para conocerlo completo; dejamos algo de nuestra degustación. El desierto, aquí, sinónimo de soledad y vacío deviene una suerte de fuerza creadora; se implican subjetividad intimista del yo contemplativo, por una parte, y contacto familiar con organismos vivos distintos, por la otra. Al fin, una forma natural de vivir en el mundo; desierto de contrastes, cohabitación de especies tan diversas como las oportunidades que cada lector se dé para imaginar. Un espacio que habitamos y nos habita.

El horizonte, en fuga, las plumas de águila y los rituales –que hallamos en el texto de origen- nos remiten al cosmos; si apuramos, hacia la cosmogonía de nuestros antepasados mexicas, a Huitzilopochtli, patrón del fuego y tácticas guerreras. El mismo dios solar alimentado con sangre, para que no muriera; ése que los “estridentistas”, en el México de 1926, proclamaran su manager. ¿Alentaron acaso sus emanaciones la invocación de aquellos jóvenes que serían pilares? Da para mucho, explorar en sus textos.

“En este siglo he estado muy ocupado”: Ignacio López Tarso

Durante el Festival Internacional de Cine de Monterrey homenajearon a Ignacio López Tarso. El primer actor recibió un Cabrito de Plata por su trayectoria cinematográfica el pasado 26 de agosto en el Auditorio San Pedro.

 

Guillermo Jaramillo

Captura de pantalla 2013-11-07 a las 15.47.41Durante el siglo XX Ignacio López Tarso protagonizó aproximadamente 50 películas; sin embargo, en este nuevo siglo, se ha mantenido al margen de la pantalla grande debido a una razón: no abundan historias cinematográficas que lo cautiven, o por lo menos no lo provocan a ser partícipe de ellas.

“Esta es la primera vez que me invitan para hablar o para estar con gente de cine en Monterrey. Me encantan los homenajes. En realidad yo estoy casi retirado del cine porque el teatro ocupa casi todo mi tiempo, y el tiempo que me queda libre del teatro lo ocupo en la televisión porque en este siglo he estado muy ocupado”, señaló.

López Tarso es recordado por sus papeles en Macario o El hombre de papel y cuenta con muy gratos recuerdos de sus días en el mundo del cine.

“Me gusta mucho hacer cine. Ya no se está en foros, ahora todas las películas son en exteriores. Me he divertido y gozado mucho haciendo cine. Me han ofrecido algunas cosas que no me han gustado nada. De modo que hacer cine por hacer cine mejor no”.

Un plan redondo

Quien busque convencer a López Tarso de volver al mundo del cine tendría que hacerlo bajo un plan redondo: una buena historia, un buen reparto, un buen director, de lo contrario, seguirá abdicando en estas propuestas.

Considerado un actor de gran talento, aunque él diga lo contrario y se defina como un actor de buenas intenciones, López Tarso ha hecho en teatro a los grandes clásicos, griegos y españoles.

“Mentira los que han dicho que el teatro clásico duerme a la gente, es mentira; el teatro clásico bien hecho es la maravilla del mundo. Lo clásico perdura a través del tiempo como perduran los griegos como Sófocles, Eurípides y Esquilo”, resaltó.

Asimismo, López Tarso ha llevado grandes obras de la literatura nacional al cine, como Pedro Páramo, obra cumbre de Juan Rulfo; El gallo de oro, otro cuento de Rulfo adaptado al cine por Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez.

Trabajó al lado de los grandes como Roberto Gavaldón, María Félix, Dolores del Río, Marga López.

“Ahora el cine mexicano ya no es la gran industria que fue hace algunos años. Fue tan poderosa esa industria que trajo tanto dinero al país que se comparaba con el petróleo y con el turismo. Eso pasó ya a la historia”, indicó el primer actor.

De la misma manera, se pronunció en contra de la industria de Hollywood, que ha acabado con todas las grandes industrias del cine para erigirse como la única.

“Utilizan 250 millones para hacer una película. Nosotros nos quedamos con la boca abierta, con esos 250 millones hacemos 10 años de cine en México. Las únicas estrellas que suenan en el mundo son esas porque los acompañan con una publicidad también de miles de millones de dólares”.

Competir contra el monstruo 

López Tarso indicó que la única forma de competirle a una industria como esa es con talento.

“Con talento, buenas historias y muy buen gusto. El cine mexicano, a pesar de que ya no es la gran industria, cada año resultan dos o tres grandes películas que van a los festivales de cine, ganan premios, regresan a México y se exhiben con muy buenos números”, indicó.

Hoy en día para López Tarso no existe una receta para el éxito, pues resulta que las producciones con menos expectativa se convierten en taquilleras.

Confesó que visita poco las salas de cine, y son sus bisnietos quienes le llevan algunas películas contemporáneas con la sentencia de que no se duerma.

FESTIVAL DE CINE DE MONTERREY PREMIA SU CARRERA ACTORAL

Por Paloma Gatica

Ignacio López Tarso recibió el 26 de agosto el Cabrito de Plata como parte del Homenaje Mexicano a la Trayectoria Artística; y el Cabrito de Cristal como el reconocimiento por ser Ícono del Cine Mexicano, que entrega el FIC Monterrey a aquellos actores y personajes más destacados de la cinematografía nacional.

Cuando López Tarso pisó el escenario del Auditorio San Pedro el público lo recibió de pie y con muchas ovaciones. Minutos después, se proyectó una breve semblanza del actor, quien ha tenido una gran trayectoria dentro del cine de México.

En su diálogo con la animadora Karla Castañeda, López Tarso habló acerca de la época de oro en el cine mexicano.

“Cuando yo llegué al cine, el oro se había acabado. Le llamaban Época de Oro del cine mexicano, porque había figuras como Gabriel Figueroa, María Félix”. Asimismo, compartió con el público cómo fue su experiencia al realizar su primer filme protagónico: Macario.

“Me pagaron 20 mil pesos por ocho semanas de trabajo, cargando un haz de leña en el lomo, con huaraches, entre piedras. Es la historia de un campesino que se va al monte a buscar leña y luego regresa para venderla. Y en la primera escena, iba subiendo la calle y el director gritó: ‘¡Corte! póngale madera que pese de verdad, para que se note el esfuerzo en las piernas y en el cuello’”, expresó entre risas.

Macario es uno de sus personajes favoritos de cine, porque fue su primer protagónico, su primera gran responsabilidad. Además, marcó el inicio de su carrera, ya que tuvo mucho éxito en el país y en otras partes del mundo, participó en varios festivales internacionales y ganó algunos premios. Cuenta el intérprete de Macario que Gabriel Figueroa bromeaba con su personaje y le decía: “Mira cómo este indio miserable, que se queja del hambre, ha ido sacando de su morral grandes estímulos para tu carrera”.

Otros de los personajes significativos en su carrera son Don Jacinto, de la película Rosa Blanca; Dionisio Pinzón en Gallo de oro, una adaptación cinematográfica del cuento de Juan Rulfo. En cuanto a la literatura latinoamericana y mexicana, el maestro López Tarso sabe que hay tantas buenas historias que deberían interpretarse en el cine, y que a él le gustaría que le ofrecieran ese tipo de papeles.

Por otro lado, ha probado suerte dirigiendo, sin embargo, no es su campo predilecto.

“Sí he dirigido con mala fortuna, pero en realidad siento que no es mi camino; el mío es ser actor hasta donde pueda, a pesar de mis 88 años sigo trabajando y disfruto estar en el escenario”, señaló y reconoció la habilidad de los nuevos directores mexicanos como Guillermo del Toro, Alfonso Cuarón y Alejandro González Iñárritu, entre otros.

“Los conozco poco pero he visto que han hecho cosas magníficas. Sí me gustaría trabajar con ellos, pero la cosa es que a ellos les guste trabajar conmigo”.

Posterior al diálogo, Juan Manuel González, Director del FIC Monterrey, le entregó de parte del Festival una fotografía enmarcada del Cerro de la Silla; López Tarso comentó que es lo que más había querido ver desde que llegó, pero por el clima la silla del cerro no aparecía.

Katzir Meza, Presidente de CONARTE, le entregó el Cabrito de Plata como Homenaje Mexicano a la Trayectoria Artística, por su trabajo como actor en el cine nacional.

“En Nuevo León sabemos reconocer el esfuerzo, trabajo y dedicación, porque así se ha forjado todo nuestro Estado. Usted representa para Nuevo León y México estos tres pilares”.

López Tarso agradeció los reconocimientos y reiteró la cercanía que siempre ha sentido por la ciudad de Monterrey.  Al finalizar la ceremonia se proyectó su filme Macario, dirigido por Roberto Gavaldón.

“Palabras de emergencia. Poesía desde el asfalto”

(Antología de poesía joven en Monterrey)

Regia Cartonera, 2013, 90 pp.

 

Toda ciudad se reconoce por su poética. Monterrey, detrás de su fachada de esplendor y violencia, se reconstruye con la palabra inquieta y va tejiendo de forma paralela una nueva urbe que respira  sueños, rebeldía, tragedias, risa y, por qué no, una sustitución metafórica que zigzaguea con la realidad.  Pero no para alejarse de ella, sino para intervenirla, colocarla patas arribas y dejar claro que el presente no satisface a nadie. Menos a la juventud.

Entonces saltan inmediatamente dos preguntas. La primera tiene que ver con la correspondencia, real o metafórica, de los creadores con el entorno: ¿Qué tanta relación hay entre los jóvenes poetas y la ciudad? La segunda, en cambio, tiene que ver con un orden de emergencia: ¿Hay una continuidad en el quehacer poético o hay una clausura definitiva con la tradición de la palabra en la ciudad?

Palabras de emergencia. Poesía desde el asfalto es una antología de creadores nacidos en los últimos 30 años en el Estado de Nuevo León (o que residan en él). Compone desde el primer hasta el último autor un solo poema que dibuja la ciudad con todas sus incidencias. El lenguaje se expresa como una alerta continua que compone una armonía de la fatalidad, que no es algo nuevo ni un fin en sí mismo, sino el inicio de las inquietudes que esta antología trata de registrar como una cápsula del tiempo que será desenterrada tal vez 10 años después para preguntarnos qué ha pasado con todos los que componen hoy en día sus páginas.

En esta primera entrega, son 17 jóvenes los que armonizan la palabra. Entre los cuales sugiero prestarle mucha atención a Julio Cesar Cisneros, Alejandra Retana, Sofía Gabriel, Juan Manuel Zermeño, entre otros.

Con esta nueva propuesta, la editorial Regia Cartonera abre el concepto de “antología viva”; es decir, una antología que no pretende ser un libro acabado, sino en construcción y crecimiento constante hasta lograr incluir a la mayoría de los poetas jóvenes, actualizándose cada dos meses. Al igual que la poesía, esta antología busca ser un mar abierto que se va ensanchando al frente.

La crónica: un fármaco indispensable

La historia detallada de un pueblo y su punto y relación con el espacio que lo rodea ha encontrado diversos recipientes para estacionarse y ser bebida. La crónica podría ser el líquido y los cronistas la crátera.

Guillermo Jaramillo

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Dicen que los antiguos mezclaban el agua con vino, porque no lo bebían puro; y lo vertían en las cráteras, las cuales se depositaban cerca de la mesa a la hora de los banquetes. Una bebida mezclada para acompañar, eso podría ser la crónica, una mezcla de sucesos aderezados por elgenio del cronista, gran contenedor de la magia de poder detener el tiempo con sus letras. Pero el tiempo ha corrido de prisa.

La crónica se encuentra más viva que nunca, pero ante la vida siempre pareciera caer una sombra de incertidumbre, pues los medios impresos, dígase periódicos o revistas, penden de un hilo, y en ese terreno vive la crónica o ha vivido durante siglos en el papel o material táctil.

g1 “La crónica es el fármaco indispensable para ralentizar la desaparición física de los periódicos. Lo mismo sucede con el reportaje de investigación, la entrevista y los artículos de opinión”, señala Gerson Gómez, autor de La orquídea parásita. Antología de la Crónica Urbana en Nuevo León, editado por la UANL y presentado durante el pasado Festival Alfonsino el 26 de mayo en la Casa Universitaria del Libro.

Si bien hay algunas definiciones fundamentales de crónica, en la actualidad la gran cantidad de información que se maneja tal vez ha descolocado a los escritores o periodistas que abordan este género. Por eso Gómez al momento de antologar se planteó el concepto. En plena tesis doctoral Gerson ha mantenido un buen tira y tira con su instructora, lo cual le permitió abrir un marco teórico que sirvió de sustento para la antología.

“Antes siempre buscaba la confrontación, el ser antagonista. Ahora voy por pasos.  Conversar, conferenciar o escribir, son muy distintas, sobre todo cuando se trata de la crónica.

“Precisamente en este semestre una de las materias más complejas que he llevado en mi curso de doctorado es el seminario de la tesis. Porque en mi afán de diseccionar su utilidad, estoy tratando de enrutar en una sociedad de comunicación  tan llena de información instantánea, un valor, una utilidad.

Y vaya que he sostenido tremendas discusiones para armar el marco teórico con la instructora.

Lamentablemente los medios impresos, donde la crónica encuentra espacio, se han diluido y van a pasos agigantados a la desaparición física”.

Exhumando Letras

 

 

 

■ Nervinson Machado

 

¡L=A=N=G=U=A=G=E Contraataca!

Charles Bernstein, Aldvs – UANL, 2013, 400 pp.

El siglo XX está marcado por la reflexión sobre el lenguaje. Lo que hace más notable esta reflexión y le da un mayor alcance es que haya venido de la misma poesía. Lo cual me lleva a resaltar dos preguntas esenciales: ¿hay un campo específico para la poesía? o ¿son los sentimientos o la pulsión entre Tánatos y Eros los motores que llevarán a seguir escribiendo a los poetas? Si se presta atención a la Poética del lenguaje, que ha tenido como principal promotor al ensayista y poeta Charles Bernstein, encontramos un modelo posible a ser expuesto y resaltar quién controla la realidad, si la lengua o  el allá fuera de nosotros. También encontraremos una respuesta de amplitud en las preguntas anteriores.

Para Bernstein “el mundo se nos ha arrebatado”, se ha paralizado el sentido vivo de la palabra y la lengua se ha encapsulado en representar una imagen opuesta a la realidad.  La lengua es la realidad, nos dice. La reducción de la palabra nos hace incapaces de asumir ese peso, también su sobre decorado. “Esto –nos dice Bernstein– se refleja en el movimiento histórico hacia la ortografía y la gramática uniforme, con una ideología que enfatiza la no-idiosincrático”. El lenguaje entonces se convierte en una ideología de dominación que trata de frenar la historia y convertirla en una piedra inamovible en el camino. Es decir, las “métricas son retenidas primariamente por su capacidad de oficializar como ‘poesía’”. La respuesta a este problema, por otro lado, ha sido la “exaltación de la sujetividad” como modelo del mundo. Así, “el poeta solitario y romántico continúa condicionando esta respuesta”.

 El lenguaje es el medio por el que llegamos a ser lo que somos, y lo escrito altera indudablemente el entorno. Por el primero conseguimos nuestro autoreconocimiento; por lo segundo, el mundo se hace historia y se logra expandir más allá de  un objeto sin sentido. La política es un elemento principal en la poesía bernsteniana, pero no lo suficiente como para transformar su obra en un vulgar panfleto: derrocha atributos, intelectualismo y se mantiene inquieta.

Casi 20 años después de que la tan aclamada generación beat se manifestara contra la creciente sensación de ahogo y rectitud de la vida norteamericana, Bernstein, quien en 1971 publicó su primera obra e hizo los preparativos para la Poesía del lenguaje ─que de 1978 a 1981 tendrán un órgano difusor: la revista L=A=N=G=U=A=G=E, de ahí el título para reunir en un volumen la poesía publicada entre 1971 y 2011–, incursionó en la escena norteamericana para aclamar la poca diferencia entre la idea del lenguaje y la construcción de la poesía.

Con Heriberto Yépez como coordinador y parte del equipo de traductores, se suman también las voces de Mario Bogarín, Alejandro Espinoza Galindo, Hugo García Manríquez, Ernesto Livón-Grosman y Mayra Luna. Lo que le da al libro una polifonía e interpretación mayor. Tal vez esta selección de poesía y prosa constituya una de las mejores aportaciones a la discusión sobre la poesía y su presente en este momento donde –según el poeta Héctor Hernández Montecinos– la poesía está más cerca de la física cuántica que de la gramática.

 

nervinson@gmail.com

LeesLeo

 

 


Graciela Salazar Reyna

 

Y solo yo escapé para contártelo
Extrañas y vagas sombras surgían del agua 
ante nuestros propios ojos, a uno y otro lado de la proa,
mientras que a popa sobrevolaban enormes grupos 
de cuervos marinos. Cada día, al amanecer, contemplábamos
gran número de tales pájaros colgados en las vergas
a despecho de nuestros gestos y gritos, como si aquellos
pajarracos hubieran notado al Pequod como un barco fantasma
a la deriva, con sólo muertos dentro. Y el negro mar seguía
hinchándose como si sus enormes mareas sombrías 
fueran una conciencia o el alma de un mundo angustiado 
y lleno de atroces remordimientos.
 
¡Feo y triste mar aquél! Le llaman Cabo de Buena Esperanza;
pero mucho mejor podría llamarse Cabo de las Tormentas 
o del desaliento. Misteriosamente seducidos por los pérfidos
silencios que antes nos habían envuelto y rodeado, nos vimos
lanzados a aquellos mares atormentados donde los pescadores,
transformados por su culpa en siniestros pájaros y extraños peces,
parecían condenados a bogar eternamente, sin esperanza alguna
de llegar finalmente a puerto. (…)
 
Y en el mismo silencio seguía también soportando la borrasca
el inalterable capitán Ahab. Ni siquiera cuando el cuerpo, rendido
por el supremo esfuerzo, le pedía a gritos el reposo, iba a buscarlo 
en su litera. Jamás pudo olvidar Starbuck el aspecto del anciano
cuando, al bajar una noche a la cámara, lo vio sentado firme el busto
y con los ojos cerrados, goteando todavía de la lluvia y escarcha…
Con una de sus manos oprimía el farol de mecha y todo él le pareció
al primer oficial una imagen viva de la tenacidad.

 

El portador del epígrafe que abre Leesleo habría tranquilizado a quienes, como Serrat, van preguntándose “Quién pondrá fin a mi diario al caer /la última hoja en mi calendario”. Porque, implica no sólo conocer quién, sino poder salvar la historia vivida, adentro y afuera de nosotros; significa la posibilidad de asegurar el relato, incluido el cierre, seamos nosotros u otros los que sigan narrando. Aquí se cruzan los caminos de la poesía y la narrativa, literatura y realidad, justo en la necesidad de saber y sentir, de soñar y vivir.

El fragmento que degustamos es de Moby Dick (Herman Melville, 1819-1891); obra señera en la literatura universal. Viaje plagado de peligrosas aventuras donde, como suele suceder en las grandes obras, incursionar ofrece conocer al ser humano, tanto al que escribe como al que lee; asimismo, el mundo en que habita. Melville trae de la memoria sus vivencias para crear a Moby Dick y a su perseguidor, Ahab –malvado héroe dirán algunos-; quien, al timón del Pequod, sólo quiere cazar al fabuloso cetáceo albino que destrozó su pierna. ¿A cuenta de qué, nos preguntamos?

¿Y si la embarcación, Pequod, fuese humanidad llevada al antojo de un rabioso capitán y, a ratos, por capricho de aguas vivas contra cuya fuerza deba lidiarse para sobrevivir, una y otra vez, después de ser lanzados a los mares que convierten humanos en extraños seres? Viene a cuento si leemos la prensa nacional –La Jornada 11/08/2013, a propósito del 12 de agosto, proclamado por la ONU, Día Internacional de la Juventud- que el desempleo entre jóvenes, de 14 a 29, duplica al de la población general, señala Inegi; representan 54% del total de los mexicanos sin empleo. No obstante, a más del 56% de estos jóvenes les preocupa más la inseguridad, causada por el desempleo, dice el 42% de ellos. Y ni seguir. A estas cifras se vinculan homicidios, suicidios…

En América Latina y el Caribe, el caso es similar, según la representante de La Organización Internacional del Trabajo, en la región; y las repercusiones, tendremos todos que preguntarnos ¿cuáles serán?, considerando que hay más jóvenes hoy y con más escolaridad que las generaciones anteriores. No queda más que la implementación, desde ya, de medidas urgentes: crear empleos de mayor calidad y políticas económicas que activen el mercado laboral, estimulando la contratación y respaldo de empresas juveniles; pensar de veras en soluciones efectivas, contantes y sonantes.

Los universitarios, ciudadanos en la era del conocimiento, tenemos la tarea de abonar para que las tierras sigan fructificando; de ahí, la importancia de planear  en tanto se hace lo mejor que sabemos, propiciando aprendizajes a partir de la imaginación y la creatividad; de la crítica y autocrítica de lo que se hace, también. Es preciso, inclusive, inconformarse ante lo que no está bien: Necesitamos –parafraseando a Galeano- de los indignados, porque estamos, muchos de nosotros, hartos de los indignos. De paso, tener claro que la vida no es una novela, aunque se le parezca; pero está allí, para ensayar la vida y seguir contándola. La invitación es, ahora que sabemos de la tenacidad de Ahab, ir en busca del leviatán, Moby Dick, para leer y releerse; ambos personajes estrujan, sin ningún recato, conciencia y corazón.

gracielareyna@hotmail.com

 

Tanta Tinta

■ Armando Alanís Pulido

 

(37 grados y un montón de huesos)
Se están cumpliendo 25 años de la aparición del disco más exitoso del grupo español Radio Futura “La canción de Juan Perro”, además es el disco más latino del grupo, lo que los convirtió en una de las primeras bandas de rock que harían esas fusiones con sonidos latinoamericanos. La banda desapareció hace mucho, pero los hermanos Auserón continúan haciendo proyectos; este disco es algo que tienes que escuchar para entender el rock en español. Súper recomendado.

(Tengo orgullo de ser del norte…)
Mexicanísimo es un revista que se dedica a hablar bien del país, su número más reciente está dedicado a la ciudad de Monterrey y se consigue en las principales revisterías. Imperdible la clásica sección de fotografías que en esta ocasión están muy regias, aunado al contenido que va desde la historia que Antonio Guerrero nos comparte, hasta un repaso de sus personajes principales, tan distintos pero que tenían algo en común: un romance con el habla, con el lenguaje; me refiero claro a dos iconos regiomontanos: Alfonso Reyes y  Eulalio González “Piporro”.

(La sociedad)
Como una iniciativa del escritor Ricardo Díaz, ha surgido esta asociación aún en ciernes pero con grandes proyectos a futuro, se trata de la sociedad literaria del noreste que por lo pronto ya nos ofrecen todos los martes un ciclo de lecturas denominado “Martes literarios”  a las 7 pm con autores del Estado. El lugar: la Biblioteca “Benjamín  Franklin” del Instituto de Relaciones Culturales en la calle Hidalgo frente a la Purísima.

(FCE)
La librería del Fondo de Cultura Económica “Fray Servando Teresa de Mier”, ubicada en los límites de San Pedro y Monterrey,  ha dispuesto en su planta alta un espacio para exposiciones pictóricas y fotográficas. Excelente iniciativa la de abrir los espacios culturales y hacerlos multidisciplinarios, un plus a las relajantes visitas a una librería.

(El principito)
Este clásico de la literatura infantil está cumpliendo 70 años. La obra de un aviador de apellido de difícil pronunciación (de Saint Exupéry) es la más vendida y traducida en el mundo (después de la Biblia). El manuscrito original se encuentra en la Biblioteca “Pierpont Morgan” de Nueva York, que será uno de los escenarios donde se harán eventos para celebrar este acontecimiento.

accionpoetica@prodigy.net.mx