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Julián Guajardo: homenaje al Maestro de Maestros

La Universidad Autónoma de Nuevo León entregó un reconocimiento al actor Julián Guajardo por su amplia trayectoria artística, considerado como uno de los más grandes íconos del teatro en Monterrey.

Juan Pablo Castro

 

Por su completa trayectoria artística la Máxima Casa de Estudios entregó un reconocimiento a la leyenda del teatro regiomontano, Julián Guajardo, dentro del ciclo de homenajes que realizó la UANLeer 2014.

El viernes 14 de marzo en el Patio Ala Sur Colegio Civil Centro Cultural Universitario, se celebró dicha ceremonia a la que asistieron familiares del galardonado, dramaturgos, poetas, escritores, estudiantes y público en general.

Con una entrada triunfal, el decano de las artes escénicas interpretó histeria, agonía, tristeza y felicidad en unos cuantos pasos, mientras se dirigía al estribo. Ejecutó todo un acto teatral.

Contemplando pasajes de la vida del homenajeado, Rubén González Garza, Rosaura Barahona, Armando León Montaño y el Secretario de Extensión y Cultura, Rogelio Villarreal Elizondo, compartieron el presídium durante la entrega del reconocimiento y presentación del libro Un hombre de teatro, dividido en dos tomos “Biografía” y “Bajo la lupa de la prensa”.

“Esto me alimenta y me hace vivir 10 años más. No me arrepiento de nada”, comentó Guajardo con 80 años cumplidos.

 “Julián participaba en obras comerciales, sí, pero hechas en serio. Y es lo que falta en estos días, volver a retomar esa seriedad y hacernos ir al teatro con gusto y aplaudirlo”, mencionó Rubén González Garza en su participación.

Este es el primero de tres libros que la Secretaría de Extensión y Cultura publica para perseverar la historia de los grandes del teatro regiomontano, como Rubén González y Sergio García.

“Las generaciones actuales quieren partir de cero. No revisan lo que ya se ha hecho, todo lo que se avanzó, todo el trabajo por el cual se discutió, se abrieron espacios, todas las propuestas escénicas que han existido.

“Julián Guajardo ha sido mi maestro de toda la vida. Le aprendí muchísimas cosas, siempre ha sido mi gran maestro en todo lo que hace. Me da gusto tenerlo cerca”, mencionó Villarreal Elizondo.

Durante el evento también se presentó una exposición de cuadros, retratos y pinturas de la trayectoria del artista.

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Rock al Cabrito

Servido al plato del menú rockero en el Aula Magna, Cabrito Vudú brindó un concierto memorable el 20 de febrero. Desde la voz y el sax, Jesús “Chuchocolate” Lozano, egresado de la Facultad de Artes Visuales de la UANL, nos habla del legendario grupo surgido en Monterrey hace 22 años.

Lizbet García Rodríguez

 

Nacidos en la Facultad de Artes Visuales de la UANL en 1992, “los cabritos” irrumpían con un sonido distintivo que los hizo notables en la escena rockera de los noventa.

“Era una temporada muy creativa, íbamos dejando de ser estudiantes y traíamos mucho entusiasmo por el contacto con la composición y letra”, cuenta Chucho Lozano.

En 1996 editaron su primer disco De pueblo en pueblo, con canciones como La gran chivera, Contrabando machaca y La casita, que rápido se colocaron en el gusto del público. En 1998 editaron su segundo álbum Tatuajes de pólvora, con un éxito que los llevó a abrir conciertos para Café Tacvba, Los Fabulosos Cadillacs y Manu Chao, entre otros.

El boom del grupo coincidía con el fenómeno musical conocido en el país como la Avanzada Regia.

Más allá de un movimiento formal, ¿qué aspectos favorecieron el surgimiento del rock hecho en Monterrey a partir de los noventa?

En ese tiempo había muchos grupos buscando tocar en lugares públicos, bares y centros culturales. Se fueron abriendo espacios donde las bandas tenían sus propias canciones, se fue generando público que iba a escuchar a estos grupos incipientes y, gracias a la competencia, se fue generando una lucha por el espacio.

A dos décadas de distancia, ¿qué consolida el hecho de que aún exista Cabrito Vudú?

Seguimos en el medio en mi caso por el legado de la primera juventud, para dejar una huella en las generaciones de donde venimos y quedarnos a la expectativa de lo nuevo que pueda surgir.

¿Tienen discos, proyectos, presentaciones en puerta?

Este año entramos a grabar la segunda parte de El Temporal, un material que tiene temas como La última Colonia, Aquí no hay playa, Barcos de papel, Me despertó la tristeza; y realizamos la filmación del video promocional del tema El Temporal, bajo la dirección de Alfredo Herrera y León Soria.

¿Cómo describes el concierto del 20 de febrero en el Aula Magna de la UANL?

Un concierto muy íntimo y muy limpio, animado y memorable.

Estudiaste música pero tienes formación en el arte visual ¿cómo se complementan esas dos vocaciones?

Es transferir colores a estados de ánimo y notas que comuniquen sentimientos.

Yo me considero más un ilustrador que un diseñador gráfico. El dibujo me llevó a la ilustración y posteriormente al diseño, siempre encontrando una solución que esté de acuerdo con la función de la comunicación.

Tus Monitos Vudú… ¿un medio de expresión?

Los monitos son un invento para desahogar las inquietudes creativas de esos proyectos que no alcanzan a salir, de esas ganas por lograr tener más público consumidor del arte de chuchocolate. Actualmente trabajo una exposición individual para establecer un primer discurso que reúna todo el trabajo.

Cabrito Vudú son Felipe Salazar (guitarra y voz), Rodolfo Robledo (bajo y voz), Jesús “Chucho” Lozano (saxofón), Juan Carlos Montoya (trompeta), Homero Ontiveros (teclado) y Rodolfo Vargas (batería).

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“Me tocó ser el rector de transición entre la violencia y la paz” Luis Eugenio Todd

Dentro del Primer Ciclo de Memorias de Ex Rectores, con motivo de las celebraciones del 80 Aniversario de la UANL, la Secretaría de Extensión y Cultura en coordinación con la Dirección de Artes Musicales y Difusión Cultural, presentó la conferencia a cargo del Dr. Luis E. Todd Pérez.

Lizbet García Rodríguez

 

A media década de los cincuenta, Luis Eugenio Todd era un joven estudiante de Medicina en la Universidad de Nuevo León.

“Me gradué en una generación histórica, la generación 100, pues Gonzalitos había fundado la Facultad de Medicina en 1859 y nosotros nos graduamos en 1959”, contó a los asistentes a su conferencia dentro del ciclo Memorias de Ex Rectores.

Dijo que la Universidad lo becó para realizar sus posgrados y fue así como pasó por el Hospital de Enfermedades de la Nutrición, en la Ciudad de México; y las universidades norteamericanas de Cornell, en Nueva York; Georgetown, en Washington; y en la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington, en San Luis Missouri.

“Luego la Universidad me recibe –cómo no la voy a querer– ya con un pequeño departamento que se llamaba la Unidad Metabólica y ahí me dedico a ejercer la profesión.

“Conseguí traer el primer riñón artificial que hubo en Nuevo León (y segundo en el país), y en 1967 coordiné el grupo que hizo el primer trasplante con el doctor Treviño Cañamar; recuerdo el nombre del paciente: Inocencio Salazar”.

Recordó que en 1973, el gobernador Pedro Zorrilla le preguntó si quería ser rector de la UANL.

“Después de Raúl Rangel Frías lo rectores permanecían poco tiempo; pero acepté el reto a pesar de que era una Universidad muy distinta a la de ahora: había seis miembros de la Junta de Gobierno, había renunciado la Comisión de Hacienda, había 20 escuelas tomadas.

“Tuve que adaptarme a las circunstancias políticas de aquella época, octubre de 1973, días después de que mataran a don Eugenio Garza Sada; estaba reciente el movimiento de 1968, había violencia en la Universidad, había pistolas, una situación de anarquía generada por la problemática política”.

Fue entonces que aprendió lo que llama una constante en su profesión y su vida: conciliar, negociar, ceder.

“Me tocó ser el rector de transición entre la violencia y la paz. La Universidad había sufrido pero también era un terreno fértil para hacer cosas: le dimos atención al deporte como fenómeno integral y formativo que entretiene al joven, compramos equipo de futbol americano; hicimos 26 equipos de Intermedia, luego invité a Cayetano que hiciera una escuela de formación deportiva, logramos que los Tigres fueran campeones y conquistamos poco a poco lo que necesitaba la Universidad: paz y valor académico por encima del valor político.

Luego de entablar diálogos con el sindicato de trabajadores, crearon prestaciones, impulsaron la infraestructura creando 14 preparatorias, 20 licenciaturas nuevas, cuatro facultades.

“Conseguí el apoyo del presidente (Luis) Echeverría, quien dio dinero para la Universidad y para el Hospital Universitario, y también nos apoyó para traernos la Capilla Alfonsina con 64 mil libros de Alfonso Reyes; subimos el presupuesto.

“Un día me dicen ‘oye los ingenieros civiles quieren un instituto pero cuesta 40 millones’ y le digo: nomás tengo 24 pero empiécenlo. Así hacíamos las cosas; fundamos la Facultad de Agronomía allá en Marín, la Escuela de Salud Pública, había que darle a la Universidad su reconocimiento social, darle presencia en la sociedad y respeto”.

Asegurando que la Universidad Autónoma de Nuevo León es su “alma”, en la conferencia del 21 de agosto contó que también aquí encontró a su esposa.

“Elvira me pidió una beca para un novio arquitecto que tenía, al novio lo mandamos a China (en esa época becábamos más de mil 500 gentes a China y otros países extranjeros) y yo me quedé con Elvira”.

“La Universidad es mi inspiración, me dio el alimento para desarrollar mi única especialidad que es la creatividad y por eso nunca dejaré de agradecerle. Hoy la veo como una Institución de excelencia, de mucho prestigio, es de las mejores universidades del país y ha hecho lo que debe hacer toda Universidad: moverse, vincularse con la realidad, hacerse versátil, multifacética, ampliar su visión para que el universitario consiga trabajo, sea competente y global”.

 

 

 

Luis Eugenio Todd Pérez, Médico, catedrático, investigador, embajador y funcionario público mexicano. Cursó la carrera de Médico Cirujano y Partero, en la Facultad de Medicina de la UANL, de 1952 a 1959. Fue Rector del 17 de octubre de 1973 al 10 de agosto de 1979. Profesor universitario desde 1959, en distintas áreas del conocimiento médico. Ha trabajado líneas de investigación como fisiología, nutrición y resonancia nuclear magnética.

 

 

80 años del Aula Magna

El Aula Magna “Fray Servando Teresa de Mier”, parte integrante del Colegio Civil Centro Cultural Universitario, es el recinto histórico de los universitarios, y sede de una amplia oferta de actividades culturales dirigidas a la comunidad como representaciones teatrales, conciertos, cátedras, así como eventos académicos y cívicos.

Su origen se remonta a la necesidad de acondicionamiento de una gran parte del edificio del Colegio Civil cuando se fundó la Universidad de Nuevo León en 1933 para instalar en la parte norte del mismo las oficinas de Rectoría.

Dentro del proyecto de remodelación del edificio se incluyó en la parte central, como eje dominante, un gran hall, vestíbulo y auditorium o paraninfo destinado a conciertos, conferencias y las reuniones del pleno del Consejo Universitario.

Los promotores de este proyecto fueron el gobernador Francisco A. Cárdenas, y el doctor Pedro de Alba en su carácter de secretario general en funciones de rector.

La obra se adjudicó mediante contrato con el Gobierno del Estado a la compañía constructora Fomento y Urbanizaciones, S. A. (FYUSA) de Federico Lachica, cuyo subgerente local era el arquitecto Manuel Muriel.

Los planos y proyectos fueron elaborados por la Comisión de Planificación del Estado de acuerdo FYUSA, por la que intervinieron tanto Manuel Muriel como Armando Díaz en darle, como refiere Armando V. Flores, “la nueva personalidad del edificio”. 

De la remodelación, el paraninfo fue lo primero en comenzarse, en junio de 1933, a partir del antiguo Salón de Actos que existía, pues proyectado sobre el vacío del enlosado patio central no afectaba el desarrollo ordinario de las actividades académicas cuando éstas dieron inicio el 25 de septiembre.

Para el nuevo vestíbulo del Aula Magna se demolió el Salón de Actos construido con tecnología de sillar y reconstruido con la nueva tecnología constructiva con base en concreto armado y ladrillos industriales.

En esta primera etapa constructiva estaba contemplada para todo el edificio un segundo piso y el cambio de su estilo neoclásico por el neocolonial, en boga en la etapa posrevolucionaria para los edificios educativos y públicos.

La descripción del Aula Magna en 1933 era la siguiente: el gran hall tendría 48 metros de fondo por 17 de ancho; de éste se pasaría al vestíbulo que daba acceso a los corredores de los patios existentes y al gran salón de espectáculos que contendrá 518 butacas y una extensión total de 19 metros de largo por 16 metros de ancho.

Una gran escalinata daría acceso al foro cuyas dimensiones eran de seis metros de fondo por nueve de ancho. A ambos lados del foro estarían dos vestidores con sanitarios, cada uno de 5.60 metros por tres metros.

La escalinata monumental del gran hall llevaría a la segunda planta, directo a un vestíbulo que daba acceso al gran balcón de la fachada del Colegio Civil, a la caseta de proyecciones y a dos entradas al anfiteatro que tendría un cupo de 270 butacas por lo que el cupo total de la sala era de 700 butacas. –480 en luneta y 240 en la platea–,

En cuanto al decorado y estilo, para la sala de espectáculos, foro y anexos se adoptó el estilo gótico, para las ornamentaciones exteriores de la fachada la piedra artificial, paramentos de imitación de tezontle, fierro forjado y azulejo mexicano. Estos mismos materiales se usarían para la ornamentación del gran hall y vestíbulo.

La sala de espectáculos sería ornamentada con pisos de madera, revestimientos de imitación de cantera en ventanales y columnas. El plafón que se encontraba situado a 10 metros de altura del nivel superior del piso de la sala de espectáculos iría ornamentado con grandes trabes y plafón de yeso y concreto, cuyo acabado era imitación de madera. Todas las columnas, arcos del escenario, escalinatas serían también de piedra artificial.

La decoración interior del foro sería de madera tallada en todo el lambrín de fondo y lateral, piso de parquett y decoración especial de plafón y muro superior.

En los vitrales de Roberto Montenegro reverberan las tendencias ideológicas de ese momento histórico: el socialismo y el nacionalismo. El primer vitral del muro sur se titula “La historia” y hace referencias a la cultura mesoamericana como base y a la cultura griega como cúspide; le sigue “La industria”, que se representa con cinco obreros y un escenario industrial con chimeneas humeantes. Al lado, se localiza en la parte baja “La flama”; y en la parte alta, “La revolución”, representada por un campesino, un soldado abanderado y un obrero, animados por un fondo flamígero a cuyo paso se generan conocimiento, productos alimenticios y derrocamiento del poder absoluto, todo enmarcado por cañas y mazorcas de maíz.

Los vitrales del muro norte se inician con “La ciencia y la sabiduría” donde tres mujeres representan alegorías a la enseñanza, el estudio y la investigación; “La agricultura” en cuyo centro tres campesinos abonan sus esfuerzos en el cultivo del maíz bajo el amparo de una diosa urania que envía el agua de lluvia y da como resultado una canasta rebosante de frutos. Le sigue en la parte baja “La mano y la estrella” y “La Reconstrucción”, con obrero, soldado y campesino abrazados para conformar la unidad y la solidaridad.

Por acuerdo que tomó el Consejo Universitario en su junta del 17 de octubre de 1933, el Aula Magna se denominó con el nombre de fray Servando Teresa de Mier.

Aún sin estar totalmente concluida, el Aula Magna se inauguró el 20 de diciembre de 1933, y con ello se inauguraba oficialmente la Universidad ante la presencia del secretario de Educación Pública, Narciso Bassols y el gobernador de la entidad Francisco A. Cárdenas.

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Ildelfonso Guajardo | Huellas de Tigres

ildefonso guajardo

¡La Universidad nos marca para siempre!

En un salón del viejo edificio de Abasolo, en el Barrio Antiguo de Monterrey, comenzaban a tomar forma los sueños de un joven por convertirse en economista. Hoy Ildefonso Guajardo Villarreal toma decisiones como titular de la Secretaría de Economía del Gobierno Federal.

Lizbet García Rodríguez

Una breve pausa en sus ocupaciones como Secretario de Economía trajo a Ildefonso Guajardo a reencontrarse con los espacios universitarios donde se formó. Reconocido el 14 de octubre por la UANL como un egresado de excelencia en su desempeño profesional, compartió sus memorias con los asistentes al Aula Magna de Colegio Civil Centro Cultural Universitario.
¡Los años setenta traían la secuela del movimiento del 68, y la década iniciaba con el gran debate por la autonomía universitaria. Justamente en ese verano de 1971, después de la tragedia del jueves de Corpus, me toca a los 14 años entrar a este plantel, un plantel en la convulsión de los tiempos, en el debate de la historia!.
Resaltó que su ingreso a la institución se produjo en medio de momentos cruciales para la historia del Estado y el país.
¡Esta Aula Magna estaba con sus cristales rotos, rayada, mancillada, y aquí dábamos los grandes debates por el futuro de la Universidad. Aquí aprendimos que el tener una gran idea no es suficiente para que se imponga la razón, es necesario aprender el arte del debate para convencer, conquistar y lograr los avances que las instituciones requieren!.

Tiempos de ilustración
De 1973 a 1978, Ildefonso Guajardo Villarreal asistÌa a clases en la Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Nuevo León, entonces ubicada en el edificio que hoy ocupa la Unidad Cultural Arquitectura, en el Barrio Antiguo de Monterrey.
¡Fueron tiempos de ilustración, tiempos alegres, de grandes esperanzas en el antiguo edificio de Abasolo. Recuerdo esos años como momentos muy importantes en mi vida que me marcaron para siempre!.
Contento de volver a caminar los espacios de su vida estudiantil, comentó que también hizo travesuras propias de jóvenes en cualquier tiempo.
¡Pues sí, algún día se iba uno de farra y al día siguiente había que llegar en blanco sin dormir a la clase de las siete de la mañana, pero no faltaba; me gustaba cumplir con mis obligaciones de estudiante y absorber todo el conocimiento que me trasmitieron grandes maestros de esta Universidad!.

Cuatro reflexiones en el 80 aniversario
Con un reconocimiento a su alma máter por la celebración del 80 aniversario, Guajardo Villarreal recordó a personajes trascendentes para la historia de esta casa de estudios: José Eleuterio González, Alfonso Reyes, José Alvarado, Raúl Rangel Frías, Juan Manuel Elizondo y muchos otros que apoyaron su nacimiento y evolución.
Y compartió cuatro reflexiones.
·La primera es tener conciencia de que todos somos secuencia y consecuencia del devenir de la historia. Los grandes proyectos no son el producto de una sola generación, y la historia de nuestra Universidad así lo demuestra, cuando hoy celebramos los 200 años de Gonzalitos, los 100 años de Raúl Rangel Frías y aún seguimos alentando el papel de cada nueva generación.
·La segunda reflexión es que somos producto de la cultura del esfuerzo, no del privilegio y estamos obligados a honrarlo.
·La tercera reflexión es nuestro testimonio de vida, porque demuestra que la educación es el mejor ecualizador, instrumento para lograr la justicia y la movilidad social. Creemos en la educación pública porque nos formamos en ella desde la primaria, la secundaria, la universidad pública, las becas para poder estudiar en el extranjero. Creemos en la educación pública porque transforma y ayuda a cambiar la realidad de un país.
·Y la cuarta reflexión es reconocer que la Universidad no sólo forma hombres y mujeres probos en sus áreas de especialidad; forma líderes responsables, integrales en un sentido humanista y con una responsabilidad hacia el mundo en que viven. Esa es mi Universidad, esa es nuestra Universidad Autónoma de Nuevo León.

Estudian aspectos de detección de la mentira

Área: Humanidades

Trabajo: “Estudio cognitivo de la mentira humana: Nuevas direcciones empíricas en la exploración de los procesos cognitivos que subyacen el juicio de detección de la mentira”

Investigador: Dra. Claudia Castro Campos

Investigadores: Dr.  Ernesto Octavio López Ramírez, Dra. Guadalupe Elizabeth Morales Martínez

Dependencia: Facultad de Psicología
                                          

Claudia Flores

Todos alguna vez ¿hemos dicho o escuchado una mentira? En el sentido social, la detección de la mentira es hoy en día primordial: el saber identificar a las personas en un momento clave, por ejemplo para cumplir un rol dentro de corporaciones de seguridad, o saber si alguien puede ser delegado de ciertas funciones.

Según la doctora Claudia Castro Campos, de la Facultad de Psicología, investigaciones revelan que desde muy pequeños tenemos la facilidad de decir mentiras y llegar a identificar ciertos patrones de esta conducta.

“La teoría del desarrollo nos habla sobre esta función; la mentira cumple una función tanto social como dentro del crecimiento de la persona, no en el sentido de valores y moral, pero ayuda como un facilitador para llegar a integrarnos dentro de la sociedad a ciertos grupos en particular”, mencionó Castro Campos, quien junto a su grupo de investigadores del Laboratorio de Ciencia Cognitiva llevaron el proceso de su investigación.
“Analizamos la cuestión de quién puede identificar mejor la mentira, si niños, jóvenes o adultos; también habla sobre las reglas que usamos cognitivamente para identificar si nosotros utilizamos ciertos mecanismos para identificar mejor la mentira; y por otro lado, qué patrones auditivos o visuales nos ayudan al momento de identificarla”.

Expuso que en nuestra cultura se maneja más la cuestión auditiva, que ayuda para identificar si una persona miente.

“Por ejemplo, a través de patrones de modulación de voz, que es cuando una persona duda mucho para entablar una conversación, o tiene constantemente errores, estos factores nos sirven para determinar si una persona miente o no”.

Bajo la premisa de que la mentira puede ser utilizada para influir de manera deliberada en las demás personas, los investigadores de la UANL encontraron alternativas a los mecanismos de detección existentes.

“El objetivo fue dar a conocer cómo la mentira puede ser utilizada por las personas para obtener algún beneficio, y exploramos desde una perspectiva cognitiva los procesos, métodos y técnicas innovadoras para ayudar a su detección”.

Podrían con micromagnetismo lograr quimioterapias más efectivas

Área: Ciencias Exactas   

Trabajo: “Nanoelipsoides de Fe y FeCo con Microestructuras Diseñadas Bioinspiradas en la Bacteria Magnetotáctica: Síntesis y Estudios Magnéticos”

Investigador: Carlos Luna Criado

Colaboradora: Raquel Mendoza Reséndez

Dependencias: Facultad de Ciencias Físico Matemáticas y Facultad de Ingeniería Mecánica y Eléctrica

 

Lizbet García Rodríguez

El hallazgo de los científicos de la UANL podría aplicarse en campos tan disímiles como la medicina, la tecnología de las comunicaciones o el almacenamiento digital.

“En esa investigación hemos aplicado unas estrategias de síntesis para diseñar materiales a nivel nanométrico con una morfología muy particular que es elipsoidal y tiene una microestructura constituida por nanocristales monodominios magnéticos que se alinean en una o dos cadenas”, explicó el doctor Carlos Luna Criado de la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas.

La estructura es similar a la que se encuentra en unas bacterias muy antiguas llamadas magnetotácticas.

“Estas bacterias son capaces de biomineralizar nanocristales magnéticos con la finalidad de detectar las líneas del campo magnético terrestre, y lo utilizan para orientarse y encontrar alimento. Hemos diseñado estas técnicas para tener un modelo alternativo al de las bacterias y poder hacer estudios de micromagnetismo, dada esa peculiaridad de tener partículas monodominio alineadas”, citó Luna Criado.

Además de su interés fundamental o científico, el procedimiento también tiene un potencial tecnológico, electrónico, de ingeniería y de aplicaciones biomédicas, refirió el investigador.

“Finalmente son imanes permanentes muy pequeños, del tamaño de un virus o incluso menores, que se pueden utilizar en muchas áreas por ejemplo en la detección de microorganismos, en la bioseparación de microorganismos de un medio –por ejemplo para purificar agua–, pueden utilizarse para registrar información de modo magnético con una alta densidad de almacenamiento, y también en terapias basadas en la hipertermia localizada”.

Explicó que a estos llamados nanoelipsoides se les pueden anclar moléculas y hacerlos sensibles ante la presencia de un agente que se quiera detectar (un virus, una bacteria, un metal pesado); y resaltó la importante aplicación en terapias contra el cáncer.

“Uno de los problemas que se tienen en la quimioterapia es que el fármaco no suele llegar a donde nosotros queremos que llegue, que es al tejido enfermo, esto es una posible estrategia donde pudieran tener un papel estos sistemas: anclar a estas partículas los fármacos que queremos suministrar y esa dirección debe ser asistida con un campo magnético externo. Con eso lograríamos una reducción importante en la cantidad de fármaco que se suministra y asegurar que va a donde queremos que llegue”.

En esta línea científica participan investigadores de FIME, y de las facultades de Ciencias Físico Matemáticas, y de Ciencias Químicas.

Encuentran recuperación de ecosistemas forestales

Área: Ciencias Naturales

Trabajo: “Monitoreo de la deforestación mediante técnicas geomáticas en una porción de la región Centro-Norte de México”

Investigadora: Liliana Miranda Aragón

Investigadores: Eduardo Javier Treviño, Javier Jiménez Pérez, Oscar Alberto Aguirre Calderón, Marco Aurelio González Tagle

Facultad de Ciencias Forestales

 

Por Norberto Coronado

El sueño de que sus investigaciones trasciendan y sean publicadas en revistas nacionales e internacionales se ha cumplido para la Dra. Liliana Miranda Aragón, al ser acreedora al Premio de Investigación UANL 2013 en el Área de Ciencias Naturales.

El monitoreo de la deforestación mediante técnicas geomáticas en una porción de la región centro norte de México, le otorgó a la maestra Miranda la oportunidad de competir con más investigadores de la UANL.

“El estudio está compuesto por tres investigaciones relacionadas que modelan espacial y temporalmente el proceso de cambio de uso de suelo, la respuesta de la vegetación y la susceptibilidad de deforestación particularmente en el Estado de San Luis Potosí”, comentó la doctora Miranda.

“Seleccioné el Estado de San Luis Potosí, ya que representa una oportunidad interesante para estudiar los tres principales ecosistemas que existen en México: el matorral, la selva y el bosque, ya que existe mucha preocupación sobre el destino de los ecosistemas forestales”.

Respecto a los alcances de la investigación, la Dra. Liliana Miranda señala que “se encontró una recuperación o aumento de los ecosistemas forestales, eso es una señal de la conciencia de la gente para cuidar su ecosistema, sus bosques y  promover el uso racional de los recursos forestales”.

Para Miranda Aragón recibir el reconocimiento de la UANL en este 80 aniversario es especial. “Es muy relevante para mi vida personal y profesional; ha valido todo el esfuerzo invertido en cada rincón de la tesis”.

“Mi sueño era publicar en revistas con reconocimiento nacional e internacional para que mi trabajo tuviera una amplia visibilidad en la comunidad global”, agregó la investigadora.

Agradecida con la UANL, la investigadora mandó un reconocimiento a compañeros y maestros, pero en especial a su esposo el doctor Carlos Aguirre, quien, mencionó, ha sido pieza fundamental en su formación académica y profesional. También comentó que se siente muy orgullosa y agradecida por la oportunidad de seguir desarrollándose en la investigación en la Facultad de Ciencias Forestales y en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí.

“En este siglo he estado muy ocupado”: Ignacio López Tarso

Durante el Festival Internacional de Cine de Monterrey homenajearon a Ignacio López Tarso. El primer actor recibió un Cabrito de Plata por su trayectoria cinematográfica el pasado 26 de agosto en el Auditorio San Pedro.

 

Guillermo Jaramillo

Captura de pantalla 2013-11-07 a las 15.47.41Durante el siglo XX Ignacio López Tarso protagonizó aproximadamente 50 películas; sin embargo, en este nuevo siglo, se ha mantenido al margen de la pantalla grande debido a una razón: no abundan historias cinematográficas que lo cautiven, o por lo menos no lo provocan a ser partícipe de ellas.

“Esta es la primera vez que me invitan para hablar o para estar con gente de cine en Monterrey. Me encantan los homenajes. En realidad yo estoy casi retirado del cine porque el teatro ocupa casi todo mi tiempo, y el tiempo que me queda libre del teatro lo ocupo en la televisión porque en este siglo he estado muy ocupado”, señaló.

López Tarso es recordado por sus papeles en Macario o El hombre de papel y cuenta con muy gratos recuerdos de sus días en el mundo del cine.

“Me gusta mucho hacer cine. Ya no se está en foros, ahora todas las películas son en exteriores. Me he divertido y gozado mucho haciendo cine. Me han ofrecido algunas cosas que no me han gustado nada. De modo que hacer cine por hacer cine mejor no”.

Un plan redondo

Quien busque convencer a López Tarso de volver al mundo del cine tendría que hacerlo bajo un plan redondo: una buena historia, un buen reparto, un buen director, de lo contrario, seguirá abdicando en estas propuestas.

Considerado un actor de gran talento, aunque él diga lo contrario y se defina como un actor de buenas intenciones, López Tarso ha hecho en teatro a los grandes clásicos, griegos y españoles.

“Mentira los que han dicho que el teatro clásico duerme a la gente, es mentira; el teatro clásico bien hecho es la maravilla del mundo. Lo clásico perdura a través del tiempo como perduran los griegos como Sófocles, Eurípides y Esquilo”, resaltó.

Asimismo, López Tarso ha llevado grandes obras de la literatura nacional al cine, como Pedro Páramo, obra cumbre de Juan Rulfo; El gallo de oro, otro cuento de Rulfo adaptado al cine por Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez.

Trabajó al lado de los grandes como Roberto Gavaldón, María Félix, Dolores del Río, Marga López.

“Ahora el cine mexicano ya no es la gran industria que fue hace algunos años. Fue tan poderosa esa industria que trajo tanto dinero al país que se comparaba con el petróleo y con el turismo. Eso pasó ya a la historia”, indicó el primer actor.

De la misma manera, se pronunció en contra de la industria de Hollywood, que ha acabado con todas las grandes industrias del cine para erigirse como la única.

“Utilizan 250 millones para hacer una película. Nosotros nos quedamos con la boca abierta, con esos 250 millones hacemos 10 años de cine en México. Las únicas estrellas que suenan en el mundo son esas porque los acompañan con una publicidad también de miles de millones de dólares”.

Competir contra el monstruo 

López Tarso indicó que la única forma de competirle a una industria como esa es con talento.

“Con talento, buenas historias y muy buen gusto. El cine mexicano, a pesar de que ya no es la gran industria, cada año resultan dos o tres grandes películas que van a los festivales de cine, ganan premios, regresan a México y se exhiben con muy buenos números”, indicó.

Hoy en día para López Tarso no existe una receta para el éxito, pues resulta que las producciones con menos expectativa se convierten en taquilleras.

Confesó que visita poco las salas de cine, y son sus bisnietos quienes le llevan algunas películas contemporáneas con la sentencia de que no se duerma.

FESTIVAL DE CINE DE MONTERREY PREMIA SU CARRERA ACTORAL

Por Paloma Gatica

Ignacio López Tarso recibió el 26 de agosto el Cabrito de Plata como parte del Homenaje Mexicano a la Trayectoria Artística; y el Cabrito de Cristal como el reconocimiento por ser Ícono del Cine Mexicano, que entrega el FIC Monterrey a aquellos actores y personajes más destacados de la cinematografía nacional.

Cuando López Tarso pisó el escenario del Auditorio San Pedro el público lo recibió de pie y con muchas ovaciones. Minutos después, se proyectó una breve semblanza del actor, quien ha tenido una gran trayectoria dentro del cine de México.

En su diálogo con la animadora Karla Castañeda, López Tarso habló acerca de la época de oro en el cine mexicano.

“Cuando yo llegué al cine, el oro se había acabado. Le llamaban Época de Oro del cine mexicano, porque había figuras como Gabriel Figueroa, María Félix”. Asimismo, compartió con el público cómo fue su experiencia al realizar su primer filme protagónico: Macario.

“Me pagaron 20 mil pesos por ocho semanas de trabajo, cargando un haz de leña en el lomo, con huaraches, entre piedras. Es la historia de un campesino que se va al monte a buscar leña y luego regresa para venderla. Y en la primera escena, iba subiendo la calle y el director gritó: ‘¡Corte! póngale madera que pese de verdad, para que se note el esfuerzo en las piernas y en el cuello’”, expresó entre risas.

Macario es uno de sus personajes favoritos de cine, porque fue su primer protagónico, su primera gran responsabilidad. Además, marcó el inicio de su carrera, ya que tuvo mucho éxito en el país y en otras partes del mundo, participó en varios festivales internacionales y ganó algunos premios. Cuenta el intérprete de Macario que Gabriel Figueroa bromeaba con su personaje y le decía: “Mira cómo este indio miserable, que se queja del hambre, ha ido sacando de su morral grandes estímulos para tu carrera”.

Otros de los personajes significativos en su carrera son Don Jacinto, de la película Rosa Blanca; Dionisio Pinzón en Gallo de oro, una adaptación cinematográfica del cuento de Juan Rulfo. En cuanto a la literatura latinoamericana y mexicana, el maestro López Tarso sabe que hay tantas buenas historias que deberían interpretarse en el cine, y que a él le gustaría que le ofrecieran ese tipo de papeles.

Por otro lado, ha probado suerte dirigiendo, sin embargo, no es su campo predilecto.

“Sí he dirigido con mala fortuna, pero en realidad siento que no es mi camino; el mío es ser actor hasta donde pueda, a pesar de mis 88 años sigo trabajando y disfruto estar en el escenario”, señaló y reconoció la habilidad de los nuevos directores mexicanos como Guillermo del Toro, Alfonso Cuarón y Alejandro González Iñárritu, entre otros.

“Los conozco poco pero he visto que han hecho cosas magníficas. Sí me gustaría trabajar con ellos, pero la cosa es que a ellos les guste trabajar conmigo”.

Posterior al diálogo, Juan Manuel González, Director del FIC Monterrey, le entregó de parte del Festival una fotografía enmarcada del Cerro de la Silla; López Tarso comentó que es lo que más había querido ver desde que llegó, pero por el clima la silla del cerro no aparecía.

Katzir Meza, Presidente de CONARTE, le entregó el Cabrito de Plata como Homenaje Mexicano a la Trayectoria Artística, por su trabajo como actor en el cine nacional.

“En Nuevo León sabemos reconocer el esfuerzo, trabajo y dedicación, porque así se ha forjado todo nuestro Estado. Usted representa para Nuevo León y México estos tres pilares”.

López Tarso agradeció los reconocimientos y reiteró la cercanía que siempre ha sentido por la ciudad de Monterrey.  Al finalizar la ceremonia se proyectó su filme Macario, dirigido por Roberto Gavaldón.

Aurora Buensuceso | Huellas de tigres

 

“Si volviera a nacer haría esto y haría más” 

La directora general de la Compañía de Danza Contemporánea Teoría de Gravedad inició sus sueños en un saloncito de la Escuela de Artes Escénicas de la UANL.

Lizbet García Rodríguez

 

Una cierta lógica familiar hizo que Aurora llegara como estudiante a la Facultad de Odontología de la UANL para cursar la misma carrera que mamá. Pero sus sueños andaban por otro lado, así que iniciando los noventa dejó los grandes libros de anatomía y cambió sus rutas de camiones hacia Mederos para estudiar en la entonces Escuela de Artes Escénicas.

“En aquel tiempo era Diplomado en Arte Dramático, yo ya estudiaba danza  pero me interesaba la formación intensa del teatro; entre mis maestros estaban Salvador Ayala, Raúl Morantes, Rogelio Villarreal, Minerva Mena, Emma Mirthala, maestros muy entregados a la formación, que me hicieron sentirme en el camino adecuado”.

Entonces la ciudad le parecía enorme y cargaba con los miedos de cualquier adolescente pero, confiesa, tuvo a la gente precisa para ayudarle a dirigir su camino.

“Trataba de aprovechar al máximo el tiempo en la escuela pensando en fortalecerme para salir al mundo real; pensaba en que me dirigiera gente maravillosa y recuerdo ese paso por la escuela como algo vital”.

Terminando sus estudios se quedó como maestra: “daba clases a grupos infantiles los sábados, y aunque en ese momento sentía que aún había cosas por aprender, ese fue un gran complemento en mi formación”.

Para 1993 –ya en el mundo real– Aurora Buensuceso se integró a la recién estrenada compañía de danza contemporánea Teoría de Gravedad, bajo la dirección del maestro Ruby Gámez.

“Era un grupo de jóvenes entusiastas que querían experimentar un lenguaje, una voz grupal, y Ruby nos encaminaba a eso. Entonces dije ‘este es el tipo de grupo al que le quiero aportar’; era como esa caja de sueños que me daba la posibilidad de actuar, hacer música, trabajar en un contexto social”.

Como grupo, evolucionaban en terrenos de la proyección, la promoción, la enseñanza y la extensión comunitaria.

“Nunca nos ha limitado que haya mucho o poco dinero, o público para la danza. Los espacios escénicos hay que crearlos; por 12 años tuvimos un espectáculo que era Danza Urbana y Espacios Alternos, llevábamos grupos locales y nacionales al aire libre; ¿poco público?: una vez en la Plaza de Colegio Civil cientos de personas nos veían alrededor nuestro y desde los techos de las tiendas, era como un espectáculo alterno ver a tanta gente reunida para la danza”.

Desde el año 2000 Aurora asumió la dirección de la compañía, y lo aprendido en la escuela y en los escenarios adquirió una nueva connotación.

“Era incursionar en la promotoría, lograr que fuéramos esa plataforma para muchos bailarines, que desde Teoría han ido y venido a otros lados. En 2004 hicimos nuestro espacio Danza Regia Estudio Profesional, recibiendo a talentos de muchas edades y disciplinas”.

La constancia, mezclada con las ganas de trascender y bailar, permitió la consolidación de un grupo que este 2013 convocó para celebrar su vigésimo aniversario, el 25 de julio en la gran sala del Teatro de la Ciudad.

“El proceso creativo fue emocionante; no queríamos construir algo muy elaborado que englobara el trabajo de años y que la gente dijera ‘ay estos viejitos, ya fue suficiente’, sino pararnos en el escenario y decirles: hace 20 años que esto somos, esto hacemos, en esto creemos”.

Expresó el gusto por haber estado en escena con sus compañeros Ruby Gámez, Erika Arévalo, Denisse Echartea, Verónica González y Luis Rodríguez. Y aunque asegura que la danza es ingrata: “te abraza y de repente te sacude, como cualquier relación que amas”, lo sabe un estilo de vida que ha llenado su existencia de gozo.

“Muchos piensan que el bailarín tiene una vida profesional limitada, no; hay que conocer nuestro cuerpo, modificar estilos de calentamiento, de desarrollo de clase. Veo doctores, contadores, ingenieros con rangos de edades muy amplios para ejercer y yo quiero ser uno de ellos. Si volviera a nacer haría esto y haría más.”.

En 20 años de escena sostiene que han visto pasar presidentes, tres papas, gobernadores, huracanes, contingencias sanitarias, pero la propia danza les ha dado los buenos reflejos para enfrentar este mundo acelerado.

“En la escuela nos decía el maestro Rogelio Villareal ‘el teatro son fragmentos de vida’, y yo lo adapté también a la danza; bailamos pasajes de vida, reflexionamos y somos una voz. Por eso agradezco a mis maestros, a Eréndira Vega, Valentina Castro, Hernán Galindo, y muchos artistas interdisciplinarios que me mostraron que no hay etiquetas para ser sólo bailarín o sólo actor. Con ellos descubrí que podía decir: soy Aurora y todo esto soy”.

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