¡Con casta felina!

Por Norberto Coronado

Si para un deportista profesional volver a las canchas de una lesión es difícil, para una estudiante atleta lo es aún más debido a su carga de trabajo escolar y laboral. Historias de superación existen en cada deporte y las constantes en ellos son la disciplina y la paciencia para retornar al terreno deportivo.

Prometí  levantarme

La estudiante de Arquitectura,  Marcela Ríos Elizondo, estaba en la elite del waterpolo y vivía la mejor etapa deportiva de su vida; acababa de ser campeona europea con el CN Mataró y ganó la Copa de la Reina en España en 2016. La campeona Marcela iba de regreso a casa.

Era el 1 de julio del 2016 cuando la deportista y su familia sufrieron un accidente automovilístico, que le dejaron como secuelas una fisura en la cadera, y fracturas de tibia y peroné. Sin embargo, el golpe más fuerte, con el que hasta pensó en retirarse del deporte, fue el fallecimiento de su abuela Silvia Monsiváis, quien desde niña la acompañó a todas sus competencias.

“Su pérdida me trajo mucho tiempo abajo en el sentido anímico. No quería levantarme. Pensé en renunciar, pero la enseñanza que ella me dejó me está sacando adelante. Me decía que nunca me rindiera, que fuera fuerte y que fuera feliz y eso me motivó a seguir adelante”, platica Marcela con voz entrecortada.

La promesa de regresar al waterpolo estaba hecha y Marcela cumple al pie de la letra las indicaciones de los médicos. La cuenta regresiva comienza para buscar integrarse al cuadro nacional que participará en el torneo centroamericano de la especialidad que se realizará en Trinidad y Tobago. La waterpolista no se rendirá y entrenará muy duro, eso lo tiene muy claro.

“Buscaré la medalla de oro, trabajaré en equipo para lograrlo, aportaré la experiencia adquirida y estoy segura que lo lograremos”, indica Marcela, quien también le agrada la idea de tener en la UANL un intrauniversitario de waterpolo.

Paciencia es la clave

Francisco Hernández Espinoza llegó de los Mochis, Sinaloa para cumplir un sueño que era defender el azul y oro de los Tigres de la UANL. El joven practica el fútbol desde los cuatro años, participó en Olimpiada Nacional con los Búhos de Hermosillo; con las fuerzas básicas del Cruz Azul, jugó en Estados Unidos y terminó su carrera en CETYS Universidad.

Franco, como lo conocen sus amigos, estudia el posgrado en FACPYA, y se enfundó en los colores de la UANL en la Universiada Nacional 2016. Tigres fue eliminado en la primera ronda y el deseo de la revancha la buscaría este 2017, y qué mejor que despedirse de las universiadas en casa.

El deseo de aportar una medalla de oro para los Tigres estaba en la mente de Franco, para eso se preparaba a diario y estaba confiado que sería su mejor Universiada, pero el fútbol le puso una dura prueba que está a punto de superar.

Una ruptura del ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha en un entrenamiento detuvo su andar por las canchas. “Uno siente cuando la lesión es grave de inmediato. La lesión fue en octubre del 2016 y lo primero que dije fue ‘adiós Universiada’. Lo segundo fue tomar un calendario para contar los meses. Sabía que una lesión de este tipo te recuperas en seis meses y faltan siete para Universiada. Respiré”, dice Franco entre risas.

Los apoyos del director (sub director de deportes en ese año) Dr. José Alberto Pérez y del Dr. Alan Aguirre fueron decisivos en lo anímico para Hernández, ya que, en lo físico, él confiaba en que saldría adelante.

“Es mi primera lesión fuerte. Adaptarme a no moverme fue difícil. El trabajo mental y paciencia es clave, seguir la indicación es primordial para salir de la lesión”, indica el defensor felino.

Roberto Gadea, entrenador de Tigres, le dice que acuda a entrenar y lo nombra auxiliar en el equipo. “Ahora valoro el trabajo que hace el entrenador y sus auxiliares tanto deportivo como administrativo. Tigres es mi familia y les ayudo en cuestiones de papelería y comidas. Estoy muy contento con eso”, indica Franco.

¡Prohibido rendirse!

Faltaban escasos cinco minutos para concluir el partido. El rival era las Abejas de la Universidad de Guanajuato y tenían debut con los Tigres de fútbol soccer femenil. El partido se ganaba 3-0. Una  jugada que parecía normal se convirtió en una pesadilla para Norali Armenta Tovar.

La mediocampista felina cayó luego que la defensora de Guanajuato “ancló” con fuerza su pierna derecha sobre la pierna izquierda de Norali. Los gritos de dolor presagiaron una lesión importante para la jugadora originaria de Sinaloa.

Rompimiento del ligamento cruzado y esguince de segundo grado en los colaterales fue el daño que sufrió. Días después vino la operación y la tristeza invadía a Armenta, pero en Tigres soccer femenil hay una frase que la marcó desde el momento en que llegó a vestirse de felina ¡Aquí nadie se rinde! Como indica una manta que las acompaña a todos lados donde juega el equipo comandado por Juan Carlos Sosa.

Para Norali el afrontar y salir delante de situaciones difíciles la han hecho más fuerte en su carácter y en la toma de decisiones. Ella formaba parte, en 2014, del equipo Halcones de Mazatlán, que tuvieron un accidente automovilístico cuando se dirigían a Torreón, Coahuila y fallecieron dos de sus compañeras.

“Tengo un poco de medio aún. No ha sido nada fácil, pero el apoyo familiar fue fundamental; me hizo mejor persona y mis compañeras me animaron a volver y estoy más fuerte que nunca”, indica la mediocampista felina.

“La vida me ha dado esas oportunidades de revancha deportiva y gracias a los doctores estoy de vuelta a la cancha. Cuando toqué el balón de nueva cuenta fue emociónate. No traía nada de condición pero estoy ya en el mismo nivel que mis compañeras y dispuesta a las órdenes del entrenador”.

Norali comenta que la paciencia y el no adelantarse a la rehabilitación la tienen ahora peleando por el puesto titular. “Nunca pensé correr antes de caminar. Anímicamente estoy feliz por la confianza que me dan en el equipo”.

Su cabello largo, rubio y rizado quedó atrás pero también tuvo un motivo. “Lo doné a una niña de Sinaloa que se llama María; le ayudé a una persona y eso me reconforta mucho porque así soy, así me educaron”, finaliza Norali mientras besa un tatuaje en su brazo izquierdo que le recuerda a toda su familia.

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