De belleza y peligro

“…existe un mundo allá afuera/ abriendo y cerrando su hocico.”

 

Gabriela Cantú Westendrap dialoga en torno a su libro Material peligroso, el mismo que le concediera en 2012 la alegría del Premio Nacional de Poesía “Ramón López Velarde”; y que ahora le trae lo que la autora considera un premio más: su edición por parte de la UANL y la editorial española Poesía Hiperión.

Lizbet García Rodríguez

 




En tiempos de prisas, de pantallas táctiles, de lo viral o lo efímero, ¿el pensamiento y la poesía pueden ser un material peligroso?

Es un material peligroso necesario. El artista en general –y el poeta por supuesto– es un inconforme perenne y su obra es una manera de denunciar, de ponerle atención a lo que no se le pone atención. Pueden pasar 100 personas por una calle y sólo una va a ver algo que nadie más vio. Un poco el Leitmotiv del libro es: el mundo es peligroso y debe de serlo porque quiere decir que estás vivo. Es peligroso porque te suceden cosas y si no te suceden cosas es que estás muerto, abre los ojos y ve porque hay un mundo que ver.

 

El libro tiene que ver con el insomnio, la vigilia, ¿esa eres tú? ¿estás ahí en tus versos?

Sí, siempre he tenido problemas para dormir desde niña, primero porque tenía miedo, de adolescente tenía ansiedad y ya de adulto dormir poco me ha causado una serie de síntomas, padecimientos, dolores físicos, problemas que se van acumulando por el mal dormir. Considero que no hay forma de escindirse, incluso en una novela, estás creando un personaje y estas ahí, no hay manera de que no estés.

 

Dormir poco se manifiesta en el cuerpo y algo que vemos aquí es mucho cuerpo: rodillas, omóplatos, quijada, ¿cómo es escribir desde esa geografía?

Padezco fibromialgia y esto me ha hecho ponerle atención a varios músculos de mi cuerpo que me han dado dolor. Te duele el cuerpo y le pones atención. Y por otro lado, en mi niñez y adolescencia por muchos años fui bailarina, tengo una conexión con mi cuerpo, sé moverlo al ritmo de una pieza musical, mi cuerpo se siente animado con la música; así lo conecto con lo que escribo.

 

Muchas personas definen mejor el mundo desde la poesía que desde lo técnico o lo científico, ¿a ti para qué te sirve la poesía?

Para vivir, es un alimento para el espíritu, y hablo de la poesía en el sentido amplio, porque hay poesía en Tchaikovski, la hay tanto en los versos de Lezama Lima como en Cien años de soledad de García Márquez, la hay en la Opera de Madame Butterfly, en un niño llorando; esa posibilidad de percibir la belleza, lo que te conmueve, es algo que se desarrolla. Los estudios científicos nos podrán decir todavía cosas nuevas en el futuro, a lo mejor hay cierta genética que te puede predisponer a esto o lo otro, pero en gran medida es la experiencia lo que puede desarrollar la sensibilidad. De ahí la responsabilidad que tenemos los que estamos sensibles a la belleza y, como tal, la disfrutamos, de hacer que otros la disfruten. Por eso pienso que el artista –y el poeta en particular– es también un promotor cultural.

 

Recientemente hemos visto tus encuentros con escritores de Colombia, Argentina, Cuba, ¿cómo nutren tu obra estas experiencias?

Es fabuloso, primero me conquista escuchar cómo habla la gente en otros países. Me gusta que se den coincidencias con personas que viven en circunstancias totalmente diferentes, descubrir que alguien que vive tan lejos de mí, también ha leído los Veinte poemas para ser leídos en el tranvía de Oliverio Girondo, que coincidamos en lecturas, en formas de ver el mundo, la poesía; ver cómo en todas partes del mundo luchan por eso, organizan un festival de poesía con dinerito de por aquí y por allá, y no ganan nada con la poesía más que el gusto por lo que hacen, las ganas de que se difunda. Este libro, editado por la Uni y por Poesía Hiperión, no tiene precio para mí, nadie pudo haber hecho este libro más que yo y lo que te ganas es el placer. Estar en contacto con esta gente apasionada y espejearte es una maravilla.

 

Con Material Peligroso ganaste el Premio Nacional de Poesía “Ramón López Velarde” 2012, ¿qué pasa con un escritor después de ganar un premio de este tamaño?

Es una responsabilidad, recuerdo que me decían ‘es que ya te van a exigir más, así es la cosa’ y, en efecto, tienes el compromiso de hacer nuevas entregas tan buenas como la que ya hiciste, pero no estás seguro si lo vas a poder hacer. Uno de mis miedos es no reescribirme, no tener una fórmula de decir ‘ya encontré un camino y me voy por ahí’. Entonces una de las cosas que hice fue irme a la narrativa y escribí una novela, recién la terminé, habla de la relación madre, hija y hermana, que ocurre gran parte aquí en Monterrey; tiene que ver con experiencias familiares, con la familia alemana de mi mamá y estoy muy satisfecha con el resultado, se llama Hamburgo en alguna parte, pero puede cambiar el título. Y estoy trabajando en otro libro de poesía aunque siento que debo seguir afinando detalles, espero que madure y sea una buena propuesta. Pero no hay una receta, hay mucho amor por escribir, hay periodos en donde parece que todo fluye más rápido, esa es la constante lucha del escritor, seguir escribiendo, encontrando.

 

Ahora presentas esta edición de la mano de la UANL e Hiperión…

Para mí es otro premio, llevo años comprando libros de Hiperión y el hecho de que Pepe Garza me haya propuesto y que Jesús Munárriz y su equipo de dictaminadores lo hayan escogido, ya para mí eso es otro premio. Esta probablemente sea la editorial de poesía más importante de habla hispana, la conocen en todas partes, y que además vaya con la Uni, que ha sido mi casa editorial de otros dos libros, es maravilloso. Pero además es la posibilidad de que el libro se venda en librerías, la impresión cuando el premio fue muy corta, ya sabemos que los lectores de poesía son pocos, pero si esos lectores además no pueden conseguir los libros, cómo le hacemos.

 

Así como en 2011 tu libro Naturaleza muerta venía con ilustración en portada del pintor Salvador Díaz, ahora trabajaste con la artista Fernanda García, ¿es un estilo de combinar artes?

Aprecio mucho todas las artes, me encanta la música, la ópera, la pintura. Fernanda ya había trabajado conmigo y cuando en España aprobaron el libro para publicarse y me pregunta Jesús Munárriz si había algún dibujo que yo quisiera proponer, pensé en ella. El primer poema de Material peligroso habla de una manzana, que tiene de por sí un peso simbólico muy fuerte, la manzana del peligro, entonces ella le pone ese ojo porque hay mucho insomnio en los versos, y logró un dibujo que captura la esencia del libro.

 

 

 Captura de pantalla 2015-11-09 a las 11.14.20

 

 

No Comments