Dolores, todo un hallazgo

 

En conferencia, la arquitecta Selene Velázquez informó acerca de la peculiaridad del Templo de Dolores, en el que se mezclan la tradición y la modernidad.

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Por Guillermo Jaramillo

Fotos: Pablo Cuéllar

 El Mesón Estrella no es sólo un recinto donde confluyen mercados de frutas, verduras y abarrotes, ni una zona frecuentada por parroquianos en busca de alguna cantina, sino que alberga un tesoro arquitectónico: el Templo de Dolores, único en su tipo. Hasta la fecha, el templo es una construcción impar en el noreste del país.

Lo anterior lo dio a conocer Selene Velázquez, arquitecta y restauradora de Restáurika, empresa encargada de restaurar bienes inmuebles. Velázquez presentó una conferencia en el Museo de Historia Mexicana, y mencionó un descubrimiento histórico: el Templo de Dolores mantiene una fusión de técnicas en su construcción.

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Uno de los trabajos de restauración que más satisfacción y conocimientos le ha dado a Restáurika, ha sido el del Templo de Dolores. En este inmueble religioso, los restauradores trabajaron las pinturas, murales y lienzos en estado de degradación; pero, cuando llegaron a la cúpula, se percataron de algunas manchas oscuras y extrañas.

Gracias a la tecnología y el uso de un escáner moderno, los arquitectos vieron que estas manchas eran grietas en el techo. Instalaron andamios. Se acercaron. Observaron, observaron más…y confirmaron que se trataba de malla metálica. Usaron una cámara y encontraron algo difícil de creer: jarrones.

El hallazgo fue sorprendente, no por el uso de jarrones −en boga en construcciones del centro y sur del país−, sino por la cronología de su uso. El Templo de Dolores se terminó de construir en 1909, siglo XX; las construcciones del centro y sur que utilizaron esta técnica de jarrones −para dar forma a la cúpula− datan del siglo XVI y XVII.

La sorpresa continuó. Los restauradores siguieron la investigación y encontraron que, alrededor de los jarrones de barro, existían vigas de acero. Esto evidencia la fusión en esta construcción: la tradición con la modernidad de la época, haciendo único al inmueble.

“No hay un edificio que nos represente mejor que Dolores (…) Cuando hacen el edificio de La Purísima −el templo que podemos ver ahora−, al tirar el que estaba antes −que era del siglo XIX y era de sillar−, [los constructores] se proponen hacer un edificio que represente a los regiomontanos de los años cuarenta, [que sea de] acero, vidrio y concreto.

“En el Templo de Dolores, sin proponérselo, nos refleja, pues está toda esta tradición de los sistemas constructivos de antaño con la modernidad que estaba en ese momento por parte de Fundidora, que es el acero”, indicó Velázquez.

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Selene Velázquez señaló que este inmueble no sólo es una fusión de sistemas constructivos, sino que representa una fusión de pensamiento.

Hasta la fecha, es un misterio quiénes fueron los arquitectos que erigieron tan peculiar construcción, lo que nos habla de aquellos ciudadanos de a pie, anónimos, los verdaderos constructores de la ciudad.

El Centro de Monterrey sigue siendo una zona de maravillas para los transeúntes, quienes, en ocasiones, olvidan la magia de una ciudad como la nuestra.

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