El camino de Reynosa a la Rectoría

La vida en Reynosa, Tamaulipas

Pasé mi niñez en Reynosa con mis padres y seis hermanos. Fui a la Escuela “José de Escandón”, que era una escuela modelo, ahí me nació el sueño de estudiar ingeniería porque era una escuela técnica federal que tenía laboratorios de última generación de biología, química, electricidad, física; también contaba con espacios de preparación para oficios como la carpintería; tenía alberca olímpica, trampolín de 10 y de cinco metros, y un gimnasio de duela. Allí jugué basquetbol, representé a mi escuela en torneos regionales y viví intensamente mi periodo de secundaria. Recuerdo que un vecino mío ya vivía en Monterrey y para nosotros era un modelo a seguir; llegaba y todos decíamos “Ya llegó Richi”, y yo tenía ese sueño de venirme a Monterrey.

A temprana edad perdí a mi padre; mi madre quedó viuda muy joven de 31 años y ella fue un gran ejemplo para mí porque, a pesar de que se le vino el mundo encima, empezó a trabajar y pudo sacarnos adelante. Tiempo después, un comandante de la aduana, Felipe García Segovia, que era amigo de mi padre, le dijo a mi madre “Usted no se preocupe por su hijo mayor; yo lo voy a apoyar para estudiar”. Así se me hizo realidad el sueño de vivir en Monterrey.

 

La llegada

Llegué a Monterrey a los casi 15 años a una casa de asistencia que estaba en el centro, por Serafín Peña y Ruperto Martínez, donde la familia Avitia –que era muy numerosa, dedicados a la imprenta– me abrió su casa y ahí empecé mi aventura para estudiar. Primero fui a la Secundaria 1, tuve que repetir tercer año para poder entrar a la Uni, ya empezaba el semestre y me acuerdo que el maestro de planta, el profesor Héctor Segovia, me puso mi primer apodo, que fue ‘El Reynosa’, porque yo a veces llegaba tarde y le decía que era porque venía de mi tierra; entonces me decían “Pase El Reynosa aquí al pizarrón” y me traían con el bullying a todo lo que da [risas].

Después estuve en la Prepa 1, era por áreas, y ahí en Colegio Civil estuve en la de ingenieros. Empecé a jugar basquetbol, representé a Nuevo León, el equipo se llamaba Regios de Monterrey; era muy disciplinado, iba a correr todos los días a la Alameda porque vivía cerca; y corriendo entre los árboles soñaba con tocar el tablero, tocar el aro, cosas que pude hacer. Luego tuve la fortuna de encontrar otro ángel en el camino, el profesor Omar Sandoval, maestro jubilado de la Universidad, que era director del gimnasio en un centro social que estaba ahí por Galeana e Isaac Garza. El reunió un grupo de muchachos de bajos recursos y formó un equipo muy padre de basquetbol que fuimos campeones estatales, pero nos exigía además salir bien en los estudios y nos prestaba un salón para estudiar; nos llevaba libros, lápices, lonches. Crecí en un ambiente sano, el profesor me decía que yo vivía en el infierno pero no me quemaba, porque estuve solo, a mí nadie me decía ‘oye ya ponte a estudiar, ¿hiciste la tarea?, llega temprano, no fumes’, pero el entorno del deporte me envolvió en una nube padre. Viví un Monterrey que iba transformando su dinámica, evolucionando en la industria, algo fascinante. En 1969 pude ingresar a FIME.

 

Mecánica y deporte

El sueño de convertirme en ingeniero estaba más cerca. Casi todos los alimentos los tomaba en la cafetería de la escuela, siempre andaba con la operación Alka Seltzer por tanta cosa que comía por ahí; nada más tuve una novia –que es mi esposa– y ella me daba de cenar. En las vacaciones me iba a trabajar con un hermano de mi mamá que vivía en Houston y tenía un negocio de repartir galletas en un camión a tiendas tipo Oxxo, así me ganaba algunos dólares y regresaba.

Seguí combinando mis estudios con el deporte, jugué basquetbol en la escuela pero después me hicieron jugar futbol americano, recuerdo que después de haber ganado tres años consecutivos, FIME perdió el campeonato del 72; y el coach Cayetano Garza y el Ing. Ángel Lozano Chaires reclutaron deportistas porque éste siempre ha sido el deporte elite de la Universidad.

Entonces incursioné en el futbol americano sin saber qué era tackle, guard ni nada de eso; nada más me dijeron ‘estos son los huecos pares, los huecos nones’, y me gustó, se me dio el juego. El primer año, con modestia, fui el campeón anotador, campeón corredor y el mejor jugador de la temporada, y eso me dio la oportunidad de relacionarme con los coaches, los profesores, conocer más la escuela. Al terminar mi carrera en 1974 ya iba a Pemex a trabajar cuando el Ing. Jorge Urencio, que en paz descanse, no me dejó ir, me pidió que me quedara a dar clases y seguir en el futbol americano.

 

Travesía FIME

Fui maestro en el área de Dibujo, Álgebra, Física, en el área común de ciencias básicas, luego hubo cambio de director y llega el Ing. Lorenzo Vela Peña, un gran académico, un director muy joven con el que logro la primera posición administrativa como jefe del departamento deportivo. Luego tuve la coordinación del área de Ciencias, manejaba Física, Matemáticas, Laboratorios, Instrumentación; me acuerdo que en ese momento se me hacían mariposas en el estómago por la responsabilidad. Fui coach de futbol americano. Luego el Ing. José Antonio González, con quien compartí grandes momentos de compañerismo cuando éramos estudiantes, al llegar como director en la facultad, me invitó a ser su secretario administrativo. Después el Ing. Cástulo Vela me invita como subdirector y sigue el camino natural de aprendizaje; por lo que en 2002, cuando llego a la dirección, tenía 28 años de servicio y mucho conocimiento de la evolución de la escuela. Ahí trabajamos en la creación de nuevas carreras, en buscar acreditaciones, fortalecer la infraestructura deportiva, de investigación, la movilidad internacional, hablamos con los papás, con organizaciones de la comunidad europea como el DAAD y Alianza Francesa. Impulsé un centro de desarrollo estudiantil, porque yo viví las proezas que tiene un estudiante, sus necesidades de orientación, la manera en que a veces uno no tiene ni para comer.

Son cosas que yo viví en carne viva, las necesidades de un estudiante foráneo, entonces tuve ese acercamiento con los muchachos y esa es una buena vibra que me alimenta. Proyectos como los que hicimos en FIME fueron un referente para toda la Universidad. Al terminar la dirección en 2008, hubo un proyecto muy importante de la Ciudad del Conocimiento, que es el Parque de Investigación e Innovación Tecnológica (PIIT) y la UANL se hizo presente con el Centro de Investigación y Desarrollo en Ingeniería, del que fui su primer director.

 

A la torre…

Tuve la gran oportunidad de estar como Secretario General con el Dr. Jesús Ancer, alguien con mucho conocimiento de la Universidad. A nosotros nos dicen autoridades universitarias, pero yo digo que somos gestores porque facilitamos a las escuelas conseguir recursos, infraestructura, acreditaciones para cumplir con las visiones que se han creado, primero en 2006, luego 2012 y la 2020.

Ahora en este nuevo reto que inicia el 28 de octubre de 2015, agradezco el honor que me hizo la Junta de Gobierno con esa confianza para dirigir esta gran Universidad. Sé que hay muchas cosas por hacer, mejorar a los profesores, a los trabajadores, tener una armonía, como digo yo: hay que divertirnos porque vivimos más tiempo en la Universidad que en nuestras casas. No quiero perder esa vocación de maestro universitario, esa convicción de ayudar a los chavos.

El proyecto ya está, hay un plan de desarrollo que hemos venido construyendo, obviamente hay que ponerle un sello. La Universidad ha cumplido con su responsabilidad social pero hay que medirnos, ver el impacto hacia la comunidad, hay que decir ‘aquí hay una transformación real, esto es un egresado transformador que da testimonio’. Me siento tranquilo, me siento con mucha expectativa, con mucha sensibilidad; te mentiría si te dijera ‘soñé siempre ser Rector’, no; soñé siempre la vocación de poder ayudar a los chavos, atenderlos, orientarlos y compartirles vivencias para que valoren la oportunidad de su formación. Tenemos una gran Universidad que educa para transformar y a su vez se transforma para seguir con esa educación de clase mundial; quiero seguir esa proyección pero también estar más hacia el interior, cerca de la gente.

 

El rector en la era de las selfies y los twitts

Sé que la tecnología nos permite estar más cerca de los jóvenes y ellos son la razón de nuestra Universidad. Y lo disfruto: ahora que queremos juntarnos por cumplir 50 años de egresados de la Secundaria “José de Escandón”, con la tecnología nos reencontramos los que vivimos en Monterrey, Reynosa, McAllen y otras ciudades. Y de hecho traigo un proyecto para fortalecer nuestros canales de comunicación en la UANL; tenemos gente que trae muchas ganas y vamos a sumarnos para dar a conocer las fortalezas de una Universidad que es una gran familia, con una población de más de 180 mil estudiantes. Que no se nos olvide que esta Universidad ha sido un factor de cambio en la evolución, la producción industrial y la transformación social de Nuevo León; donde voltees hay egresados teniendo historias de éxito y las redes sociales deben ayudarnos a compartir esas historias.

 

Un hombre que sabe sonreír

Siempre me han dicho que el tesoro más grande que tengo es mi buen humor, mi sonrisa. Mi personalidad me ha ayudado a hacer amigos, aliados, trabajar en equipo; no lo sabe todo uno, hay que preguntar cuando no sepas, tener esa apertura y eso me ha ayudado a sacar adelante las responsabilidades. Difícilmente me hacen enojar, soy una persona prudente, procuro escuchar. La risa me ha ayudado mucho porque es como una terapia y te conecta con la gente, que para mí es fundamental.

El día 28 a las siete de la mañana lo primero que quiero hacer es recibir a la gente en la entrada de la Torre de Rectoría, ponerme a su disposición, escucharlos, ver cómo mejorar el trabajo que realizamos día a día y valorar desde lo que hace la persona del elevador hasta un secretario, la Universidad es todo un engranaje. A mi equipo siempre le digo que hay que buscar un punto de equilibrio entre el trabajo y la relación con la familia, que para mí es la base de todo lo que uno pretende ser. Les digo que aprovechen el fin de semana, que convivan con su familia, porque eso es lo que nos recarga la batería.

 

Una comida que le guste mucho

– Cortadillo de filete con papas y frijoles que me hacía mi abuelo.

Una canción que lo ponga de buenas

–Let it be.

Algo que le guste hacer cuando tiene un tiempo para usted solo

–Caminar y correr.

–Una película

Butch Cassidy and The Sundance Kid, al fin de vaqueros y de rancheros.

–Una frase o filosofía de vida

–Mi madre nos decía que siempre había que tener sueños y aspiraciones, con objetivos y metas claras, pero sin perder el don de ser uno mismo.

Una palabra para definir a la UANL

–Excelencia

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Rector de las selfies y los twitts

 

 

 

 

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