El haikú: la convivencia en todos los tiempos

El poeta Arcadio Leos habla sobre el haikú, la tradición nipona que llegó a México para quedarse.

 

Por Guillermo Jaramillo

En un mundo bombardeado por la publicidad –anuncios de comestibles o bebestibles, sexo, ropa–, pareciera que el ser humano está adaptado para captar breves mensajes, cuando lo que absorbemos –en realidad– es lo sintético. El haikú, que se constituye de versos de cinco, siete y cinco sílabas, aún lo cubre todo, sin importar que pertenezca a una tradición poética del siglo XVII.

La poesía del instante o la brevedad poética son términos relacionados al haikú japonés. El instante en esta tradición poética se vuelve eternidad, pues en la capacidad de asombro del poeta conviven todos los tiempos.

México ha sido un país con gran aceptación del haikú. El primero en traernos esta poderosa tradición poética fue José Juan Tablada, quien con sus Poemas sintéticos y Un jarro de flores ofreció una nueva visión de poesía.

“Aquí ya había un espejeo o presagio de su interés por el haikú. Luego ya llegan poemas como Sandía, La Carta, Mono. Un poeta experimental y de vanguardia. Él estuvo en Japón y conoció a algunos poetas surrealistas en Francia, estuvo en Nueva York”, comenta Arcadio Leos, poeta experimental que ha trabajado el haikú en sus últimos libros.

Leos también encontró en el viaje –hizo una maestría en Artes con especialización en Escritura Creativa por la Universidad de Nueva York– el botón para detonar aquello que había trabajado: la brevedad.

“El haikú lo empecé mucho antes de los viajes. Hubo un libro en particular que leí, me marcó y me sigue marcando que fue Sendas de Oku, de Matsuo Bashō, en la traducción de Paz.

“Ese libro para mí fue muy importante, me comunicó una paz, un salirse del tiempo por un segundo con esas bocanadas de aire, ese oxígeno, esos vehículos que son como píldoras para sacarte de aquí por un segundo que son los haikús”, señala Leos.

 

La naturaleza de la ciudad

Si bien, el haikú prosperó en la contemplación de la naturaleza ¿La ciudad qué pudiera asemejar de la naturaleza? Para Leos, la ciudad es la naturaleza del ciudadano, siendo el campo una segunda naturaleza.

“Conocemos primero este asfalto, este calor que rebota por todas partes. Esta forma de caminar, de ordenarnos o desordenarnos. En Sendas de Oku, Bashō hace toda una peregrinación acompañado de unos discípulos por estas sendas que iban hacia el norte, que él para sus 41 años debería de haber sido ya un hombre grande. Fue de sus últimos viajes.

“Lo que él iba haciendo era observar y explicar lo que veía. Al final del día, llegaba un haikú como para resumir toda esa belleza. Pienso que ahora lo que hacemos en vez de trasladarnos entre esos caminos como Bashō, lo hacemos a través de la ciudad y hay momentos de silencio en la ciudad, de iluminación, el satori”, afirma el publicista egresado de la Facultad de Ciencias de la Comunicación.

Pero ¿cómo sintetizar o escoger los instantes entre miles de ofertas? Leos simplemente lo señala como el satori, la epifanía. El escritor confiesa mantener una relación amor-odio con el haikú, y lo explica de esta forma.

“He abandonado mucho tiempo el haikú. Hay una escritora, María Negroni, con quien alguna vez tomé un taller. Ella hace una gráfica, la obsesión y la forma. Ella decía que cuando la obsesión está a la par de la forma, son tus mejores poemas.

“Pero cuando la forma supera a la obsesión, se vuelve forma, puede que el contenido ya no sea tal. Y si la obsesión le gana a la forma, puedes correr el riesgo por dejarte llevar por la palabra y no controlarla. Cuando haces un libro andas en las dos cosas, entre la forma y la obsesión. Pero todo es chamba”, subraya Arcadio.

Autor de La trampa (2003), La galaxia es un momento (2010), es en Dársena (2013) donde Leos trabaja ese tema de la ciudad como naturaleza. Durante los viajes, separados en el tiempo, el poeta escribía haikús. Él no sabía que escribía Dársena. En su estancia en Nueva York, el escritor comenzó a confeccionar un libro donde existían haikús; fue cuando observó la conexión entre las flores.

Este viaje fue más allá de la geografía, y se convirtió en el viaje. Los momentos de iluminación estaban ahí, pero había que estar todavía más atento que un simple transeúnte.

Es difícil ubicar en este preciso momento a otro poeta, local o nacional, que trabaje el tema de la brevedad, los cortes del haikú. Tal vez, Leónidas Lamborghini, Ricardo Castillo, Mario Benedetti, Jack Keruoac sean nombres conocidos con un acercamiento al haikú; en la localidad, Gerardo Puertas Gómez cuenta con una serie de hermosos haikús; Guillermo Meléndez, que escribe tankas.

Actualmente, Leos trabaja en una serie de haikús con los que es posible leerlos desde distintos ángulos; otros son muy visuales, en los que trabaja mucho el espacio en blanco dentro de la página.

 El taller

Leos también se ha desempeñado en los talleres; los imparte y también los toma. Existen muchos tipos de talleres, señala, como en los que se enfocan en el chisme y la política, más que en la literatura. Hay otros talleres que son cómodos para los asistentes.

De vez en cuando, asisten a la ciudad figuras nacionales e internacionales a una feria del libro o presentar su último poemario, y en estos eventos los escritores imparten un taller.

“Creo que es importante asistir a talleres porque se aprende el trabajo de la palabra. No todo es inspiración. Leer no te va a contaminar, piensan que otros compañeros se van a robar las ideas. Cuando empiezas hay mucho apropio porque estás asimilando muchas ideas que después se harán propias”, comenta.

De la misma forma, Arcadio Leos invita a los poetas a impartir talleres, pasar conocimiento y encontrarse con sus carencias y sus riquezas.

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