“Ellos piensan que yo tengo suerte”: Jon Lee Anderson

Jon Lee Anderson presentó Crónicas de un país que ya no existe (UANL/Sexto Piso) el 29 de octubre en Casa Universitaria del Libro.

Guillermo Jaramillo



 

Tres hijos, dos perros, una colección de objetos de tribus latinoamericanas y un apego a la familia y los amigos es lo que ha dejado la guerra en Jon Lee Anderson. Desde Guatemala en 1982, hasta Libia hace poco tiempo, Anderson ha sido testigo de la rabia e incomprensión humana; sin embargo, dice que aún puede dormir.

“Creo que mi polo a tierra es mi familia; me ayuda a mantenerme saludable. Cuando me voy, mi mujer me dice que me cuide. Ellos piensan que yo tengo suerte, así que no temen mucho por mí”.

Anderson dice que no es religioso. Piensa que cuando el cuerpo deja de respirar, comienza una oscuridad infinita. “Hay que aprovechar esta vida porque no hay otra”, comenta al final de la charla que sostuvo con los estudiantes de la Facultad de Ciencias de la Comunicación (FCC), a pocos metros de la sierra.

Es un buen día este 29 de octubre, cercano a la celebración norteamericana del Halloween. Los mexicanos saben que hay más misticismo en celebrar Día de Muertos, pero no le hacen el feo a portar disfraces gore y salir a la calle, como si otra vez fueran los dueños de la noche. Anderson vio morir jóvenes en la ardiente Libia; y relata que los muchachos que hoy salen como los líderes de la rebelión, no tienen idea alguna de lo que es hacer política.

“Ahora hay un caos más grande, curioso; una vez sin Gadafi, los libios se dieron cuenta que no contaban con instituciones. El propio Gadafi era la única institución en este país”, explica.

Con un nuevo libro bajo el brazo, Crónicas de un país que ya no existe (UANL/Sexto Piso), Anderson regresó a tierras regias. Como un buen punto de arranque, horas antes de que presentara el libro en la Casa Universitaria del Libro, Anderson se encuentra con un copioso grupo de alumnos en la Biblioteca “Alfredo Gracia Vicente” de la FCC.

Pero la juventud no es la única que ha acudido a la cita, también hay personas mayores escuchando con atención como si de una conferencia magistral se tratara. Lo que en un principio parece ser un monólogo, se abre para dar paso al diálogo.

Un libro de crónicas en los alrededores y el epicentro mismo de la guerra. Microhistorias portadoras de luz, de contexto para comprender la situación actual en la Libia después de Gadafi. Este es Jon Lee para los asistentes en el momento: un contador de historias.

Los jóvenes muestran inquietud en los hechos que Anderson relata y comienza la serie de preguntas, todas encaminadas hacia la fortaleza que mantiene con vida a un periodista en medio de la guerra.

“Intuición, era lo que yo mostraba. Mis compañeros decidieron en algún momento no avanzar hacia la batalla. Recuerdo a una chica, ella era fotoperiodista ya con mucha experiencia que, al sentir y ver una explosión cercana, no paraba de temblar. Entonces pedí a un lugareño que la regresara al campamento; nunca volvió”, indica el rubio y los estudiantes asienten.

Temas como Ayotzinapa o un posible levantamiento armado civil lo exigen, a lo que Jon Lee contesta que aún no está bien documentado sobre la situación actual en México. No descarta volver a internarse en territorio latinoamericano para relatar historias de horror. Agradece e inicia la firma de libros. Al salir de la biblioteca, el Cerro de la Silla y un sol de otoño nos conmueve.

 

 

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