En la piel equivocada | Exhumando letras

Por Nérvinson Machado

José Garza; Almadía-UANL; 2014; 134 pp.

 

Rescatar la vida cotidiana con el oficio del periodista y la delicadeza del arte es una labor que va tomado una dimensión insospechada en América Latina. No es algo nuevo. La versión que tenemos del nuevo mundo fue construida con la crónica de los conquistadores: Colón, Cortés, Bernal Díaz del Castillo, Álvaro Núñez son un buen referente. Ahora, este oficio, que en contadas ocasiones ha llevado a más de un escritor a equiparar el acto de supervivencia con el de escritura, tomó fuerza en el siglo XX con las aportaciones del polaco Ryszard  Kapuscinski y el estadounidense Truman Capote.

América se reinventa a diario, hace de sus calles una caja de herramientas para armar un edificio literario. Gabriel García Márquez supo cómo armarlo, deambuló de un país a otro, probó fortuna en Europa, se trasladó a Estados Unidos y terminó en México. La pobreza en el inicio lo acompañó, pero lejos de renunciar a su vocación, la proyectó con más fuerza y su escenario fue América Latina.

Por eso no es raro que periodistas y literatos de generaciones posteriores hayan tomado el esfuerzo y la calidad del escritor colombiano como ejemplo. El cronista, por naturaleza, intenta descubrir lo singular dentro del mundo común, porque sabe que en el acto se descubre a sí mismo. “Quien no desee descender adentro de sí mismo, porque esto le resulte demasiado penoso, permanecerá superficial en la escritura”, escribió Gilson.

En ese límite entre lo personal y el mundo, entre lo intangible de reconocernos ante lo inesperado y lo tangible que implica la ciudad que habitamos, se encuentra la obra de José Garza: En la piel equivocada. El libro compuesto por seis crónicas, los saltos en el tiempo y la ciudad de Monterrey ─con las contradicciones que implica una ciudad industrializada─ siempre estarán presentes.

En cuatro de las crónicas: Caca de perro, Jugar con el patito feo, Volando en tren rumbo a Barcelona y Estocada a la fama trascurren en el viejo mundo.  La pugna sentimental entre la idiosincrasia local española se mantendrá presente en Monterrey y saltará de un tiempo a otro, de una ciudad a otra como si tuviera la habilidad de plegar los  mapas y el tiempo. No debe parecer algo extraño, pues ser extranjero implica una admiración casi en el linde con la ingenuidad a donde llegamos.

Al inicio todo es una maravilla arquitectónica y la alimentación un mundo recién descubierto que pronto la memoria se encarga de develar el espejismo donde nos vemos envueltos. Todos extrañamos nuestro cantadito, aunque en nuestra tierra juramos que es el otro, el foráneo, el que es bueno para las rancheras cuando habla. Por eso México está siempre presente en los relatos, pero más que hablar de México como una unidad, se trata de un fragmento del país, Nuevo León.

El Vasco Aguirre, Carlos Ochoa, Rafa Márquez, Eloy Cavazos son entrevistados, comentados, sin dejar a un lado la actitud del periodista y la autoconsciencia que tiene el cronista sobre su oficio. Los otros dos relatos: Los cuatro sofisticados y En la piel equivocada transcurrirán en Monterrey. El primero se trata de una entrevista hecha al grupo musical Café Tacuba y simulando un guión cinematográfico; la última, la que abre el libro, es un relato crudo y enternecedor de un travesti de avanzada edad, quien celebró sus 15 años como un sueño idílico. Decir esto sería una injusticia.

El relato deja al descubierto la homofobia del entorno, la señal de una sociedad fracturada por la intolerancia y el recuerdo funesto de imaginar a Eugenio Garza Sada corriendo de una de sus empresas a un joven con gustos distintos.

La crónica también es una forma de mirarse a uno mismo con otros ojos que han sido prestados de la literatura. ¿Qué nos diferencia? La verdad, en nuestros días, casi nada.

 

 

 

 

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