Eso llamado Norte

 

El norte siempre ha sido místico en el territorio mexicano, y la literatura no lo ha dejado de lado. En entrevista, David Toscana y Eduardo Antonio Parra hablan de ello.

Por Guillermo Jaramillo

Fotos: Pablo Cuéllar

Las casonas de la Colonia María Luisa, así como la mayoría de las viejas casas en el centro de Monterrey son muestras del paso del tiempo. Las cosas cambian y así su sabor, su recuerdo, mutan a otra parte. En aquellas calles de la María Luisa se conformó el mítico grupo El Panteón Literario, conformado por David Toscana, Eduardo Antonio Parra, Hugo Valdés, Rubén Soto y Ramón López. Tanto Parra como Toscana continúan visitando esta ciudad peculiar y son testigos de sus cambios.

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Para Toscana, quien ahora está avecindado en Lisboa, Portugal, es difícil mantener una geografía interna.

“Creo que no hay que tener la geografía tan establecida. La novela que ahora estoy escribiendo es sobre Monterrey. Ya escribí una novela sobre Varsovia pero ahora que estoy en Lisboa; no hay historias que me surjan de ahí.

“En el norte nos hemos vuelto muy norteños de que los escritores de Monterrey siempre tienen que escribir sobre Monterrey; creo que el único que lo hace religiosamente es Felipe Montes. Llega un momento donde la ciudad se te va gastando un poco y no te puedes estar repitiendo en cada novela”, señaló.

Toscana estuvo hace poco de visita en la ciudad, y la Universidad Autónoma de Nuevo León le galardonó con el Premio a las Artes en el área de Literatura. El escritor también impartió un taller de novela y presentó su más reciente novela, Evangelia, en donde Varsovia forma parte de su geografía literaria.

“Aquí [Evangelia] la idea es que a José y María les nace una niña, a partir de que el supuesto Mesías nació mujer ¿qué va a pasar? Mi personaje se llama Emmanuel, y toma muy a pecho su función como mesías y hace lo que tiene que hacer”, explicó.

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El 25 de agosto fue un día especial para el escritor. En la mañana, recibió el Premio a las Artes en el Teatro Universitario; por la noche, presentó su libro en la Casa Universitaria del Libro.

Novelas como Duelo por Miguel Pruneda, El ejército iluminado, El último lector y Santa María del Circo tienen como geografía principal a Nuevo León.

En su memoria Toscana tiene presente a la Casa Universitaria del Libro, no como un recinto cultural sino como un sitio de esparcimiento.

“De pronto, te brota una idea pero te das cuenta que no pertenece a tu infancia, geografía, a tu Monterrey y simplemente la escribes. Pero, pasa lo contrario, estuve viviendo en Varsovia y, sin embargo, me viene otra novela que me viene de Monterrey. Qué bien que existen las hemerotecas que te reducen todas estas distancias.

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“Hablo de un pasado que tal vez no viví y tengo que experimentar a través de cierta nostalgia de mi infancia y de ese Monterrey que ya no existe ahora. El sabor del Monterrey de ahora es muy distinto del sabor del Monterrey de ayer.

“Aunque visitemos todas estas casonas antiguas no es lo mismo esta casona que yo visitaba de niño, que tenía una familia, que jugábamos con los cochecitos aquí al sabor que tiene ahora como centro cultural”, apuntó.

¿Qué es el norte?

Toscana recuerda cuando sesionaba junto a Parra, Hugo Valdés, Rubén Soto y Ramón López; y pensaron que toda la vida se la pasarían inéditos. Pero, un día la epifanía se dio en París.

“El momento más simbólico para Parra y para mí fue un momento en que estábamos en una feria del libro en París. Nos había publicado la misma editorial y estábamos los dos firmando libros. Nos quedamos viendo y pensamos que nunca se nos hubiera ocurrido esto cuando nos reuníamos”.

A Toscana se le relacionó con un fenómeno llamado nueva literatura del norte y formó parte de un boom nacional literario encabezado por Luis Humberto Crosswhite, Élmer Mendoza, Daniel Sada y Eduardo Antonio Parra.

El escritor comenta que nadie sabía lo que era la literatura del norte. El primero en publicar del Panteón Literario fue Hugo Valdés en Grijalvo, luego, Mendoza publicó en Tusquets; Parra lo hizo en Era; y David en Joaquín Mortiz. Fue entonces que los críticos del centro del país nombraron a este fenómeno nueva literatura del norte.

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“La pasamos muy bien con eso porque se hicieron congresos de literatura del norte, encuentros a donde nos invitaban. Ahí fue donde nos hicimos amigos; nadie conocía a Élmer y gracias a estos congresos nos hicimos amigos. Entra ahí Cristina Rivera Garza y Juan José Rodríguez, de Mazatlán; y empezamos a preguntarnos dónde comenzaba el norte.

“La pasamos muy bien y algunos nos preguntábamos si en realidad existía eso de la literatura del norte. Unos decían que sí, otros decíamos que compartíamos geografías aún y que las distancias son extremas, por ejemplo, de Monterrey y Tijuana”.

Para Toscana, un sello característico en la literatura del norte es la austeridad en el uso del lenguaje y cierto primitivismo en el uso de los temas.

“Primitivismo en cuanto a que son esenciales. Difícil que te encuentres a un narrador del norte donde en una escena se esté bebiendo un vino château, sino que hay menos adjetivos”.

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Para Parra, la literatura del norte tenía que marcar pauta, pues si bien los lectores y narradores se sentían obligados a reconocer iconos como el Paseo de Bucareli y el puente de Nonoalco, también tenían que agregar a su panteón literario sitios como la Macroplaza y el barrio de La Coyotera.

“Escribíamos desde la experiencia”, señala Parra, quien –como parte de sus trabajos de campo– patrullaba las calles de La Coyotera en un automóvil con la cajuela repleta de hielo y cerveza. Así se acercaba a los travestis y escuchaba historias de la noche en carne y hueso.

Entre lo agreste y el desierto, el Sol de Monterrey ha estado presente en el arte norestense. Desde aquel poema de Alfonso Reyes, pasando por los pinceles de Rodolfo Ríos, Bertha Alicia Cantú y Saskia Juárez, así como la narrativa de Felipe Montes, Zacarías Jiménez, el propio Toscana y Parra, el Sol ha recorrido largo trecho.

“Creo que siempre está presente, siempre está molestando el Sol, lo estás sintiendo como un peso; es como una especie de personaje más. Algo que te empuja o te obliga a hacer otras cosas. Como dice David, tenemos que ser realistas y el Sol es un elemento real así como el clima, el calor o la falta de vegetación”, comentó Parra.

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