Estudia UANL efectos de gadgets en el sueño

“Efectos del uso de la computadora, teléfono móvil y videojuegos antes de dormir sobre el ciclo de sueño-vigilia en adolescentes de turno matutino y vespertino” es la investigación que realiza la doctora Aída García en la Unidad de Psicofisiología de la Facultad de Psicología.

Por: Luis Salazar

Fotografía: José Macías

¿Qué tanto afecta en los adolescentes el uso de redes sociales o juegos de video justo antes de dormir? ¿Se cumplen las etapas del sueño profundo o se perturban? ¿Los problemas gastrointestinales, la pérdida de memoria o la somnolencia en clase del día siguiente? ¿Hay que dormir, sí o sí, ocho horas y en la noche?

Algunas de estas interrogantes, o hipótesis, surgieron cuando la doctora Minerva Aída García García inició su investigación sobre el uso de gadgets (celulares, tablets o video juegos) en adolescentes antes de dormir y sus implicaciones en el sueño-vigilia.

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El tema del sueño es una línea de investigación que se estudia desde hace un par de décadas en la coordinación de Psicofisiología de la Facultad de Psicología de la UANL. La doctora García analiza neuronalmente a adolescentes y jóvenes en los espacios llamados cubículos del sueño.

El avance de las tecnologías y la aparición de gadgets, sobre todo el uso de éstos, son temas de vanguardia que, por la misma novedad, aún no han sido tan explorados por los científicos.

Es por ello que la doctora inició la investigación “Efectos del uso de la computadora, teléfono móvil y videojuegos antes de dormir sobre el ciclo de sueño-vigilia en adolescentes de turno matutino y vespertino”, que es un estudio del Proyecto de Apoyo a la Investigación Científica y Tecnológica de la UANL (Paicyt), aprobado en 2015 y actualmente en curso.

El cuerpo de estudio serán 600 jóvenes de secundaria de varias escuelas del área metropolitana; 300 de ellos estudian en el turno matutino; los otros 300 en el turno vespertino.

Para aprovechar la tecnología que implica un estudio con gadgets, la doctora y su grupo de investigación tienen contemplado utilizar una aplicación en los mismos dispositivos. El objetivo es que se registre la frecuencia y horarios de los programas, juegos o aplicaciones que los jóvenes usen y, después de esto, registrar y analizar esos datos cuantitativos.

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Para iniciar con el tema, García subraya que la adolescencia implica muchos cambios fisiológicos. La investigadora explica que uno de los aspectos que encuentran en el estudio del sueño es que las personas estamos organizadas de manera temporal; es decir, no se trata sólo de dormir ocho horas, sino dormir a ciertas horas y el tiempo que marcan nuestros ritmos biológicos.

Además, México es de los pocos países que cuentan con un turno vespertino en el sistema escolar.

“Con el uso de gadgets los adolescente se vuelven cada vez más trasnochadores. Se duermen más tarde y se levantan igual más tarde y; sin embargo, los horarios de las escuelas van en otro sentido. El acceso al Internet y a las redes sociales se considera como factor para incrementar esta pérdida de sueño. Nos interesa saber cómo está cambiando o ajustándose la forma en la que duermen”, explicó la investigadora.

Los problemas que trae consigo el no dormir de manera adecuada a nivel fisiológico, según explicó la investigadora, pueden ser repercusiones gastrointestinales, dolores de cabeza, somnolencia y afectaciones a la memoria.

El aprovechamiento escolar no es parte de la investigación, precisó la doctora, debido a que el rendimiento depende de muchos factores. El estudio busca la capacidad para responder al ambiente y las decisiones tomadas por los jóvenes que utilizan los gadgets antes de dormir.

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¿Cuánto dormir? Se dice que debemos dormir ocho horas y que sea habitual la hora de dormir y de despertarse. Sin embargo, en los estudios encuentran que hay necesidades diferentes, puesto que hay personas para quienes dormir cuatro horas es suficiente.

“Y si haces un análisis de sus ondas cerebrales, en esas cuatro horas, esos pacientes pasaron por todas las etapas del sueño, tuvieron un dormir adecuado y no tuvieron somnolencia durante el siguiente día. Pero también hay personas que necesitan hasta 10 horas para cumplir esas etapas del sueño. Aunque es cierto que la mayoría de la gente necesita entre siete y ocho horas”, expuso.

La doctora advierte que el punto central no es sólo dormir ocho horas, sino a qué horas del día se necesita dormir esas ocho horas. Explicó que un 20 por ciento de la población son trasnochadores que no pueden dormir entre las 10 y 12 de la noche, y que su fase de dormir llega hasta las 2:00 horas de la madrugada, incluso después.

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Hay un especial énfasis en las horas para dormir, explicó, debido a que cuando se trasnocha, el cuerpo se expone a trastornos de los ritmos biológicos. Hay una hormona, la melatonina, que su función es indicarle al sistema nervioso cuándo es de noche; se secreta cuando no hay luz. Entonces, si alguien se expone a la luz durante el período de sueño, se suprime la secreción de melatonina.

“Se han hecho estudios con la exposición a la luz porque no es lo mismo dormir con la televisión encendida que apagada. Las etapas del dormir o la profundidad de cambios que suceden en el cerebro no son iguales”.

La investigación está en una primera fase de varias etapas que se tienen contempladas.

Después de recoger los datos en los primeros cuestionarios y de rastrear el uso de las aplicaciones y juegos en sus mismos dispositivos, una tercera fase será utilizar la electrofisiología, donde los estudiantes utilicen los gadgets y, en el mismo laboratorio del sueño, registren sus etapas del dormir. Una cuarta fase es comparar cómo las etapas del dormir repercuten en las capacidades de atención.

Después de los estudios con los alumnos de nivel secundaria, la investigación abarcará los niveles de preparatoria y facultad.

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