
- El artista plástico prepara una retrospectiva de cincuenta años en la pintura, donde incluirá sus primeros dibujos, trabajos del Taller de Artes Plásticas de Nuevo León, creaciones durante su estancia en Praga, Suecia y obras más actuales.
Con una clara alusión al cubismo de Picasso, la obra reciente del pintor michoacano Ignacio Ortiz se manifiesta renovada en sus matices de madurez y en las formas representativas de su devenir plástico. Pinta mujeres, fondos geométricos, figuras inundadas de color, y la maestrÃa de tantos años de pincel le otorga un aire de celebridad que sabe acicalar con un hablar pausado, elegante.
Nacido en 1934 el maestro Ortiz se trasladó con su familia a la ciudad de Monterrey a los 12 años de edad, desde entonces empezaba su afinidad por la pintura.
“Un vecino habÃa visto mis pinturitas y le pidió permiso a mi papá para que yo viniera a clases en Colegio Civil, estudié con una pintora española llamada doña Carmen Cortés y su esposo. A los 18 años ingresé al Taller de Artes Plásticas de la Universidad de Nuevo León, ahà por Washington junto a FilosofÃa y Letras, nos daba clases el maestro José Guadalupe RamÃrez, ya fallecido, luego tomé clases con Jorge Rangel, con el pintor español Juan Eugenio Mingorance.â€
La vocación temprana tomó rumbos contundentes desde los escenarios de la Universidad de Nuevo León. Ortiz forma parte de la historia iniciada en 1948 por la pintora catalana Carmen Cortés quien definió las actividades y objetivos del Taller de Artes Plásticas. Fue alumno, más tarde maestro, y coordinador del legendario taller, precedente obligado de la enseñanza artÃstica en la región.
El vÃnculo de su vida artÃstica con el hoy Centro Cultural Universitario Colegio Civil pareciera tener pulsos cÃclicos.
“Expuse en el Aula Magna con trece o catorce años, tuvimos una colectiva con Gerardo Cantú, Marcos Cuellar y otros compañeros, creo que por ahà existe todavÃa alguna foto en el periódico Vida Universitaria, entonces regresar a mis setenta y cinco años y ver ese cariño conque las personas me han recibido, me hace sentir honrado, aquà hice mis primeros estudios, mis primeros amigos, trabajamos y luchamos porque hubiera espacios para exponer, la primera galerÃa la tuvimos gracias a Alfredo Gracia, el español de la librerÃa Cosmos, él nos dijo que desocuparÃa una bodega para hacernos una galerÃa.â€
Ortiz recuerda que por entonces el rector Raúl Rangel FrÃas les dio una beca para estudiar en la capital.
“Nos fuimos, tuvimos acceso a personas muy importantes, nos veÃan tan inquietos, conocimos a Diego Rivera, Siqueiros, Pablo O’ Higgins, ellos nos ayudaron, también me ayudó don Julián Carrillo, hacÃamos un periodiquito y lo repartÃamos gratis en San Carlos.â€
La profesionalización de sus estudios en la Escuela de Pintura y Escultura La Esmeralda del Instituto Nacional de Bellas Artes en la ciudad de México y una beca para estudios de posgrado en la Escuela de Artes Plásticas de Praga, Checoslovaquia, de 1958 a 1960, signaron una etapa crucial en la evolución del artista. Dos años más tarde regresó a México e impartió clases de pintura en los talleres de Artes Plásticas de las universidades de Nuevo León y Veracruz. En 1968 obtuvo otra beca para estudiar un doctorado en Historia del Arte en la ciudad de Uppsala, Suecia, donde al año siguiente ingresa previo concurso a la Unión Real de Pintores Suecos.
En una de sus estancias europeas Ortiz conoció a quien serÃa un gran inspirador: Pablo Picasso, y fue invitado por el célebre español a visitar su taller en Vallauris, Francia.
“Lo conocà en ParÃs saliendo de una exposición, chaparrito pero con unos ojos penetrantes, una personalidad aplastante, me atrevà a mostrarle unos trazos, le llamó la atención uno y le dije se lo regalo. No seas bruto, me dijo, las pinturas no se regalan, jamás debes hacerlo, fue una lección.
“Me preguntó si me gustaba la cerámica, le dije que sÃ, y me dijo, vente el próximo año a trabajar a mi taller, salà casi volando, pero al siguiente año estando aquà en México escuché la noticia, Picasso acababa de fallecer por una neumonÃa mal cuidada, fue un golpe.â€
En 1977 fue profesor en la Escuela de Pintura y Escultura La Esmeralda, en aquellos años combinó el oficio de enseñar, con el de aprender, proponer y mostrar, desde entonces ha llevado su obra a importantes espacios de México, Estados Unidos, Suecia, Francia, Checoslovaquia, Bulgaria y España.
Una constante que hoy se repite en Ignacio Ortiz es su adoración, plasmada en la pintura, hacia las mujeres.
“Siempre hemos sido adoradores de la mujer, somos hijos de mujer; mi madre, las mujeres de mi familia, mis amigas, mi esposa, han sido mi inspiración, y no hay mujer sin color, por tanto, ellas encajan muy bien en mis obras.â€
Su amistad con mujeres célebres como la poetisa Pita Amor, MarÃa Félix o Lola Beltrán, hicieron aun más intensa su reverencia hacia el género.
“Fue maravilloso conocerlas, recuerdo que un dÃa llegó a mi casa Pita Amor, yo estaba pintando y me dijo, ¿Me invitas a una copita para niñita? era encantadora, le dedicó poemas a mis cuadros, tengo recuerdos maravillosos. Me he dedicado a querer a las mujeres, enamorarlas, dibujarlas, ahora quiero hacer una serie de desnudos, pero siempre la mujer.â€
Nunca ha dejado de pintar Ignacio Ortiz “el dÃa que no pinto siento que muero un pocoâ€, asegura. Y su fidelidad le otorga autoridad para dirigirse a los jóvenes artistas.
“No debemos sucumbir al arte como mercado, al dinero rápido, yo tuve la suerte de no contaminarme con el canto de las sirenas, siempre he hecho pintura, no he hecho concesiones.â€
Y al importante precedente del que fue parte en aquellos años lejanos del Taller de Artes Plásticas de la Universidad de Nuevo León, le otorga hoy una mayor relevancia por el auge del quehacer artÃstico en la región.
“Hoy hay muchos espacios para el arte, regresar a Monterrey y ver este Colegio Civil maravilloso, no lo habÃa visto remodelado, estoy gratamente sorprendido de ver muchos artistas jóvenes y muy satisfecho por haber sido parte de este movimiento.â€
Y en la indetención de sus afanes de artista sin envejecer, los proyectos continúan.
“Preparo una retrospectiva de cincuenta años en la pintura, he ido juntando obra, los primeros dibujos que hice, trabajos del Taller de Artes Plásticas, trabajos de Praga, Suecia, de cuando era estudiante en La Esmeralda, trabajos más actuales, quiero reunir cien obras y hacerlo en vida, no hay que morirse para hacernos monumentos, quiero hacer todo lo que pueda en vida.â€












