“La soledad es una herramienta para el escritor”

Premio UANL a las Artes 2014

Artes Literarias

Patricia Laurent Kullick


La escritora Patricia Laurent Kullick,nacida en Tampico, es una autora que ha sorprendido por esa prosa cargada de “ambientes disímiles en los que lo fantástico, lo maravilloso, lo inusitado o la realidad más inmediata logran historias originales y llenas de vitalidad”. El Camino de Santiago, su primera novela que la catapultó al reconocimiento nacional, es el mejor ejemplo de su estilo.


Edmundo Derbez García


Screen Shot 2014-09-22 at 7.49.36 PM¿Qué significa recibir el Premio UANL a las Artes? Para mí significa un honor, definitivamente, que la Máxima Casa de Estudios reconozca una trayectoria que de por sí es muy individual, muy solitaria, va muy encaminada a “arreglártelas tú solo como artista, busca la forma, no estás dentro de un salón de clases apoyado por un maestro, sino estás solo”. Y cuando este tipo de cosas suceden, pues da muchísimo gusto. ¿Cuál fue la influencia de tus maestros desde la preparatoria para dedicarte a esta carrera? Absolutamente, mi maestro me prestó un libro que se llamaba Las mariposas son libres. Ese maestro daba TLL, Taller de Lectura Literaria, donde había cuentos de García Márquez preciosos, de Bioy Casares, de Onetti… Ahí es donde me empiezo a enamorar de la literatura, pero yo ya traía en mi mente una trayectoria en ingeniería y medio ignoré esa pasión. No la ignoré, pero me tardé un ratito en darme cuenta que me interesaba más el alma humana que lo que estaba dentro de un aparato; más cómo funcionaba el humano. Pero es ahí, en los talleres literarios de la Prepa 3 donde se despierta el interés. ¿Qué representa la literatura en su vida? Es una alternativa de vida, no puedo imaginarme ningún otro camino. No creo que hubiera durado mucho en otro camino, y me encanta, aunque sea una carrera muy solitaria; más bien, a final de cuentas la soledad es una herramienta para un escritor, y de hecho para un artista en general. ¿Cuál ha sido su proceso de evolución literaria? Ha sido muy despampanante y de muchas ganas de copiar el boom literario latinoamericano, y el surrealismo mágico y todo, a una introspectiva más auténtica, una literatura más auténtica. Hace poco fui catalogada como thriller psicológico por mis cuentos y novelas, pero son lo que siento más honesto y más auténtico, más que lo que estaba trabajando antes en fantasía. Empecé mucho por fantasía, ficción, surrealismo y luego ya me fui más al interior. ¿Con el reconocimiento adquirido qué cambia en su vida? No mucho, sigo igual, con los mismos problemas de todo el mundo. Como dijo Poniatowka, tengo que sacar la basura en la mañana. No hay gran cambio. Uno tiene ideas de que la gente pasa por ciertas etapas, pero yo creo que todos lo hacemos, ¿no? Mientras tú tengas un lector en alguna parte, en algún lugar que te haya leído o haga su tesis sobre tu obra, o lo que sea, yo creo que ya valió la pena haberse sentado a escribir. ¿Cuál es su metodología al escribir? Yo escribo cuando ya no puedo con la historia en la cabeza. Nunca me enfrento a la página en blanco porque lo hice por mucho tiempo con resultados desastrosos, con historias que debí haber tirado, que no debí haber publicado. No tengo el oficio de un artesano de las letras, sino tengo la necesidad del artista, que es un poquito diferente; y yo me espero, cuando ya no puedo con la historia. Pero todos los días me levanto con nuevas ideas, me siento, y ya casi sé más o menos para dónde va, pero no siempre ha sido así. He tenido diferentes formas de escritura y no me apego a ninguna, no soy muy fetiche ni en cierta silla, en cierta mesa. Lo hago donde sea, a la hora que sea. Has transitado del lápiz a la computadora, ¿cómo impacta eso en el trabajo? Sí, transcurrí del lápiz a la máquina de escribir y de la máquina de escribir –una Remington preciosa, chiquita que cargué en viajes– me fui a un procesador de palabras. Estaba recordando todo el boom que hubo en Monterrey cuando en 1989 empezaron a salir los procesadores de palabras que todos los escritores y periodistas estábamos fascinados porque podíamos borrar, sin imprimir, sin usar páginas; y luego ya el procesador IBM que salió, la One. Claro que han sido herramientas muy buenas pero para mí el contenido es lo importante. ¿Cómo asumes tu oficio como escritora? Es como un oficio cualquiera. Cualquier otro oficio que se haga con pasión, es absolutamente comparable con todos. Ya sea con una ingeniería o con la jardinería. Aquí lo que importa es la intensidad de las ganas, el entusiasmo, para poder sacar lo que uno trae. ¿Qué importancia tuvo el pertenecer a grupos como el de La Mancuspia? Me sirvió muchísimo darme cuenta que no estaba sola. Encontraba una tribu, una locura; encontrar a alguien que lee desde Piaget hasta Onetti en el mismo fin de semana, y que puedes conversar todas las incoherencias, incongruencias, y tomarte una cervecita y aliviar tu soledad, porque al final es una profesión de mucha soledad, para mí fue muy importante. Y tengo muy buena relación con el gremio. Ahora hay muchas mujeres escritoras, me encanta. Se abrió un sitio en el Face de escritoras del noreste y nada más de Monterrey son como 30 o 40 escritoras jóvenes que vienen con bastante talento. Ya va a haber un festival de mujeres, lo vamos a hacer, y no tanto por sacar a los hombres del club de Toby, sino porque nos debemos unas cuantas reuniones desde hace mucho tiempo.

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