La virtud de la impotencia: un manual para entregarse al vacío

Con La virtud de la impotencia Alejandro Vázquez obtuvo el Premio Nacional de Cuento Comala 2015. La obra editada por An.alfa.beta consta de siete cuentos que, en opinión de los presentadores Hugo Valdés y Rafael Zamudio, es “fundacional” y “maravilloso”.

IMG_7506

Por Luis Salazar

Foto: Pablo Cuéllar

La cuentística de Vázquez tiene legado de Juan José Arreola, a veces Cortázar y, ¿por qué no?, hasta Kafka. Los personajes adolecen de dos de los grandes males de nuestro tiempo: la enajenación y el vacío. La ficción sólo es superada por la realidad que hay detrás de cada historia. Quizá por esa singularidad fue la obra ganadora del Premio Nacional de Cuento Comala 2015.

Hablamos de La virtud de la impotencia, de Alejandro Vázquez Ortiz, obra presentada el 9 de marzo en la Sala Fósforo del Colegio Civil Centro Cultural Universitario un par de horas antes de la inauguración de la UANLeer Feria Universitaria del Libro 2016.

La obra está compuesta por siete cuentos. Es una edición de An.alfa.beta y la presentación estuvo a cargo de los escritores Hugo Valdés, Rafael Zamudio y el autor.

Hugo Valdés, autor de El Crimen de la calle Aramberri (2008), fue el primero en intervenir y comentó que los cuentos se proponen llegar a ser algo más que ser meras narraciones duras, pues tras ellas se agazapa un entramado proveniente de las matemáticas, la filosofía y el discurso científico.

“Alejandro Vázquez apostó por actualizar o potenciar el legado cuentístico de Juan José Arreola. Confirmé, avanzada la lectura, que no sólo Arreola se podría hallar entre los cuentos, también Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y previsiblemente Franz Kafka, es mi opinión”, dijo.

En su turno, Rafael Zamudio consideró que los cuentos de Vázquez son el producto de una voz literaria sólida y bien cimentada. Además, expuso que es refrescante que en su obra exista más de un solo cuento que trate los grandes temas que nos duelen como sociedad en estos tiempos: la enajenación y el vacío.

“Si hay algo que une a los historias de la obra es que  ninguno de los personajes se salva de la enajenación, y cada uno de los cuentos puede ser un manual para entregarse al vacío. Sea cual sea nuestra condición, podemos encontrar al menos un personaje con la cual identificarse y dejarse llevar al abismo sin ninguna dificultad”.

Al final, Alejandro Vázquez explicó que la obra originalmente se llamaba “(Einstein) Deja de decirle a Dios qué hacer con sus dados”, en alusión a la célebre respuesta que dio el físico danés Niels Bohr contestándole a Albert Einstein su frase “Dios no juega a los dados”. Este es el nombre de uno de los cuentos.

En la ronda de preguntas y comentarios, una estudiante le preguntó al autor ¿Cuál de los cuentos es tu favorito? Y Vázquez Ortiz respondió que no sabe si favorito, pero que el cuento “más conseguido” es justo “Deja de decirle a Dios qué hacer con sus dados”, porque, dijo, “supongo que es como los hijos, no puedes tener un favorito”.

Otro escritor le comentó sobre los registros científicos bien logrados a lo largo de la obra. Esto último motivó a otro estudiante a preguntar: Tengo como siete años sin leer física, ¿no batallaré al leerlo? La respuesta como en coro de los tres escritores fue: No, para nada.

Otra joven del público preguntó a los tres autores: En una palabra ¿qué les pareció el libro? Valdés: “fundacional”;  Zamudio: “maravilloso”.

No Comments