Larga vida al libro

Editores, gestores culturales y artistas hablan acerca de su primer libro, la relación con la literatura y sus funciones dentro de ésta.

Imagen foto de libros

Por: Guillermo Jaramillo

Fotografía: Pablo Cuéllar

El libro sigue guardando una carga semántica, tal vez aquella que nos dice que aún hay espacio y tiempo para la reflexión. Con motivo de la celebración del Día Mundial del Libro, platicamos con tres entes literarios, dos editores, una poeta y un narrador, para conocer su visión acerca de la figura del libro.

La editorial independiente An.alfa.beta está conformada por Frank Blanco, Carlos Lejaim Gómez y Alejandro Vázquez Ortiz, tres jóvenes egresados de la Facultad de Filosofía y Letras UANL. Como director de la Editorial Universitaria de la UANL, está el narrador Antonio Ramos Revillas, también egresado de Filosofía y Letras de la UANL. Ingrid Bringas es una poeta con una voz íntima y resonante. Amantes de la literatura, hablaron para Vida Universitaria.

¿Cuál fue tu primer libro en la vida y cómo llegó a tus manos?

Ramos: El primer libro que me regalaron pertenecía a una enciclopedia sobre descubridores y conquistadores. Era el volumen dos, lo recuerdo bien, y venía en él la historia de los viajes de Ulises al volver de Troya, la historia del imperio persa y de la república cartaginesa.

Imagen Antonio Ramos Revillas

Me hice fan de Ciro “El Grande” y del gran Rey Darío. Me emocionaba mucho la historia de Aníbal cuando cruza los Alpes y las grandes aventuras de Ulises al vencer a Polifemo o huir de la ira de los dioses.

Ese libro fue mi libro de hospital, porque lo leí cuando estuve internado por una crisis respiratoria. Lo perdí no sé dónde y aún lo busco, pero fue en la preparatoria cuando compré mi primer libro; era blanco y eso me llamó la atención. Resultó ser un ejemplar con las obras completas de Juan Rulfo. Ni sabía quién era ni lo que había escrito, pero yo quería ese libro albo para mí. Aún lo tengo.

Bringas: Mi primer libro fue a los 14 años cuando cursaba la secundaria y tenía un maestro que nunca iba a clases y sólo nos dejaba tareas para luego aplicarnos un examen. Aunque era un maestro bastante ausente, siempre nos dejaba leer libros. Así es que para examen, debíamos leer a Henrik Ibsen y su obra Casa de muñecas.

Debo admitir que a esa edad a todos nos parecía muy aburrido leer y mucho más un guion teatral. Años más tarde, un amigo me regaló dos libros de poesía: una antología de Sor Juana Inés y uno de Bonifaz Nuño, ya que era su poeta favorito; a este amigo le debo mucho, no sólo las tardes juntos leyendo y escuchando música.

Gómez: Comencé a leer joven, recuerdo la lectura de El maravilloso viaje de Nils Holgersson y Los viajes de Gulliver. Pero creo que, aunque las lecturas precoces nos marquen (ahora que leo con mi hija libros que leí cuando tenía 10 años, regresan algunas imágenes que se configuraron en mi infancia), el universo lector no se puede entender del todo en el plano cronológico, porque el libro, en sus laberintos intertextuales, nos conduce a otros tiempos y otras lecturas, pero también nos exige libros que quizá nunca llegaremos a leer.

Así, cuando nos topamos con lecturas iluminadoras —o que nos adentran en la espesura—, a veces es como si no hubiéramos leído nada, como el viajero incapaz de penetrar la vastedad del mar.

¿Desde cuándo decidiste ser creador?

Bringas: De los libros, todo, desde el olor, ya sea a nuevo o a libro usado. Últimamente tengo una fascinación por los libros usados, ya que me he encontrado notas de sus anteriores lectores que me parecen bellísimas e íntimas. Y de leerlos a hacerlos, me gusta más leerlos; el hacerlos es un complemento de mi amor por la literatura y, en mi caso, por la poesía.

Ramos: Lo decidí poco a poco. En mi mundo no había libros ni escritores ni una cultura libresca. Pero, siempre me han gustado las historias.

Un día, también en la preparatoria, descubrí que podía escribir relatos, poemas, descripciones de personajes y espacios. Pero escribía sólo para mí, por el gusto de hacerlo y no lo compartía con nadie.

Ahora, a la distancia, pienso que mi deseo por escribir era tan grande que, a pesar de todas las dificultades hogareñas, siempre encontraba una hora de la noche para ir a la cocina, muy pequeña, para sacar una libreta y contar alguna historia. No sé si he perdido eso. Desde entonces todo fue ir tomando pequeñas decisiones.

Un día decidí ir a un taller y luego tomé la decisión de seguir en ese taller. Otro día empecé a solicitar becas y participar en premios (claro, sin dejar de escribir). Luego, entré a estudiar la carrera de Letras, luego simplemente fui haciendo cada vez más apuestas por la escritura: me mudé de ciudad, renuncié a algunos trabajos, acepté otros relacionados con los libros, seguí una ruta y sigo en ella.

A veces, cuando me deprimo, digo que voy a empezar de cero en otra profesión, pero luego recuerdo todo lo que me he jugado por esto (no lo digo para recibir aplausos), sino para recordar que no puedo renunciar.

Imagen Día del libro

¿Desde cuándo decidieron confeccionar libros, editarlos de manera independiente?

Vázquez: En lo particular, yo inicié haciendo compilaciones piratas y distribuyendo libros por Internet. Después, mientras estuve en España, comencé a editar una revista digital y me encargaba de buscar alojamiento y colaboradores para mantenerla viva. Estoy hablando como del año 2006-2007, aproximadamente. Era la misma época en que Frank Blanco y Carlos L. Gómez (junto con otro equipo de integrantes) sacaban la revista gratuita An.alfa.beta.

Luego yo empecé a investigar la forma de maquetación, imposición y demás, para un posible proyecto físico. Pero eso nunca se concretó. Después, de regreso en Monterrey, volví a entrar en contacto con Carlos y él tenía ganas de hacer algo y yo también. Reunimos al equipo y empezamos.

Gómez: Desde la preparatoria, me ha gustado recorrer los pasillos de las tiendas de libros viejos; lo que me exigía intervenirlos con métodos empíricos para restaurarles las pastas, recuperarles las guardas, unir las dos o tres partes en las que se habían desprendido.

Todo esto me ayudó a conocer la anatomía material de los libros, que me entusiasmó. Después, junto con Frank Blanco, Sara Luz Sánchez y Alejandro Vázquez Ortiz, tuvimos el impulso de hacer libros; un impulso que me parece más motivado por nuestra experiencia como lectores que de escritores.

¿Antonio, ahora que trabajas en la gestión de editar libros, cambia algo tu perspectiva como autor el conocer el mecanismo atrás de los libros?

Ramos: Lo que más me cambió fue conocer el mundo de los promotores de lectura y ver para qué se podían usar los libros; ver que más allá de la lectura, había un ejercicio de relación del texto con los lectores, una mediación entre los símbolos. Eso fue detonante para mí. Pero ahora conozco mucho mejor los procesos reales que ocurren con el libro: escribirlo, editarlo, buscarle lectores, venderlo, distribuirlo, hacer mediación de la lectura con él.

Con las nuevas tecnologías ¿aún y que hay literatura en la red, continúas prefiriendo los libros?

Bringas: Claro, prefiero los libros físicos por sobre todo. Las redes me han ayudado a descubrir poetas nuevos o actuales, poesía de otros países. La web nos ayuda como soporte de inmediatez en su lectura y en el cual transgrede a las fronteras, aunque al final termino siempre buscando la forma de poder obtener un libro que sea de mi interés en físico por sobre todas las cosas.

¿Qué hace una editorial independiente para mantenerse cinco años en vigencia?

Vázquez: Pues, solo hay dos explicaciones posibles: 1) la elección cuidada del catálogo editorial y 2) el trabajo arduo y constante. Una cosa y la otra son importantes. Creo que lo que distingue a Editorial An.alfa.beta es que somos la única editorial que ha crecido en base a su trabajo y a su intuición editorial, sacando nuevas voces y buscando entre lo local y lo internacional cosas que tienen calidad.

Es el trabajo lo que nos ha llevado hasta acá. No tenemos respaldo de liquidez de capital ni privado ni público. Es trabajo y colaboración pura y dura: de los autores, de los ilustradores, de la gente que ha ido al taller a armar libros y ver el proceso. Y eso es lo que pensamos seguir haciendo. Cuidar y trabajar.

 

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Ingrid Bringas, 1985, Monterrey, Nuevo León, es autora del poemario La edad de los salvajes (Editorial Montea)

Antonio Ramos Revillas, 1977, Monterrey, Nuevo León, es autor de Todos los días atrás, El cantante de muertos (Almadía), Sola no pudo, entre otros.

Carlos Lejaim Gómez, 1986, Monterrey, Nuevo León, es autor de El verde y la ruina (An.alfa.beta).

Alejandro Vázquez Ortiz, 1984, Monterrey, Nuevo León, es autor de Artefactos (An.alfa.beta) y La virtud de la impotencia (Fondo Editorial Tierra Adentro)

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