Los otros ojos que ven

 

La Sala Tiflotécnica de la Capilla Alfonsina sitúa a la UANL como una institución incluyente.

Por Guillermo Jaramillo

En 2002 se inauguró la Sala Tiflotécnica de la UANL en la Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria. Desde ese año hasta el presente, el ambiente en el recinto ha evolucionado.

En el 2002, el presidente de la Asociación Deportiva de Ciegos de Nuevo Léon buscó a Javier Rodríguez para ser su contacto con la población de ciegos en lo que sería un proyecto incluyente de la Máxima Casa de Estudios: la Sala Tiflotécnica de la UANL.

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Para que todo se llevara  a cabo, primero Rodríguez investigó el número de ciegos que existen en el Estado, qué productos existen para ellos, así como los requerimientos para equipar una sala tiflotécnica. El proyecto comenzó en septiembre de 2001.

En enero de 2002 se contaba con todo el equipo necesario para funcionar, y abrió al público el 13 de marzo de 2002. Con la ayuda económica de diversas empresas, que aportaron los recursos económicos para equipar la sala, se volvió el sueño realidad.

En 2014, la Sala Tiflotécnica de Capilla Alfonsina, en coordinación con la Dirección de Grupos Especiales, concursaron para obtener apoyo federal del proyecto del Instituto Nacional del Desarrollo Social (INDESOL). Con este recurso, realizaron el cambio de material de cómputo y escáner. Asimismo, llegaron dos Merlin Plus, que es como una lupa que permite visualizar palabras, y dos máquinas Perkins.

En 2014, se reinauguró la sala con un evento donde convivieron el teatro, la literatura y las artes plásticas.

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 Una sala tiflotécnica

Las características físicas de una sala tiflotécnica resaltan a simple vista por la maquinaria que utiliza, pero también se distingue por la vibra positiva de sus visitantes.

El software Jaws permite que el usuario pueda conocer lo que está haciendo en la computadora, esta experiencia es de manera auditiva. Es como si el usuario escuchara su propia voz, ventaja que lo sitúa por encima de un alumnado donde el ruido externo –entorno estudiantil, automóviles y música estridente proveniente de las construcciones arquitectónicas en movimiento– o el interno –voz propia, cansancio acumulado en todo el día– son distractores.

El área metropolitana no cuenta con otra sala como esta. Lo anterior representa un reto para el personal que la opera, pues la mayoría de los usuarios ciegos o de baja visión se dan cita en Capilla Alfonsina. Las visitas se realizan de manera ordenada, ya que los usuarios tienen objetivos generales y básicos en el uso de las computadoras, la lecto-escritura en Braille o el curso de orientación y movilidad.

La sala cuenta con seis programas distintos diseñados en su totalidad por Rodríguez, y se ponen en práctica de manera personalizada en cada uno de los usuarios.

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 Los usuarios

“Cada usuario cuenta con necesidades diferentes. Aquí atendemos niños desde preescolar, inclusive desde antes de preescolar, hasta personas adultas que por alguna razón perdieron la vista.

“Todo lo que hacemos aquí es extracurricular y tratamos de adaptarnos siempre al usuario para que se les facilite siempre el uso de la sala”, señaló Leticia Garza, encargada de la Jefatura de Servicios al Público de la Capilla Alfonsina.

Garza comenta que han  atendido a alumnos desde muy pequeños, quienes han superado las barreras que la vida les ha puesto y hoy son orgullosos universitarios de nivel licenciatura.

La inclusión es una palabra bien entendida en la Capilla Alfonsina, pues cuentan con usuarios ajenos a la UANL que desean aprender el uso de la computadora para insertarse en el mundo laboral.

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Todos los servicios son gratis para el usuario, incluso las copias fotostáticas.

Ser niño, pobre y ciego ¿qué retos conlleva? Esto lo responde Rodríguez de manera directa.

“El niño tiene el reto de estudiar para poder llegar a ser algo en la vida. Se le enseña desde la primaria –como a cualquier otro usuario de acorde a la inclusión– a llevar los mismos programas y procesos. Siempre hay un maestro de apoyo en la primaria y secundaria, pero llegó un momento en que la Universidad se planteó el reto de quién apoyaría cuando el alumno llegara a la universidad. Hoy en día los usuarios no tienen pretexto alguno para continuar estudiando”, apuntó Rodríguez.

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Además de los servicios tecnológicos que la sala brinda, también otorgan al usuario el bastón blanco, que fomentará la independencia para desplazarse por sí mismo.

Alrededor de 860 estudiantes de la UANL tienen debilidad visual o son completamente ciegos. No toda la población estudiantil asiste a la sala de Capilla Alfonsina, esto debido a las distancias que hay que recorrer desde los distintos campus universitarios.

“Una gran mayoría de los estudiantes tienen conocimiento de la sala. Si no pueden venir en físico a hacer uso de ella, mandan los materiales para que nosotros se los digitalicemos. Estamos en coordinación con la Dirección de Grupos Especiales, quienes tienen mucha presencia en la Prepa 9 y Prepa 3, donde dan cabida a personas con discapacidad”, informó Garza.

Con los comandos computacionales y el audio los usuarios van abriéndose paso en este mundo cibernético.

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 El día a día en la sala

El flujo de usuarios en la sala varía. Por lo general, el estudiante acude a Capilla Alfonsina cuando tiene que realizar un trabajo académico o cuando le interesa un curso en particular. En los cursos particulares, el usuario tiene que comunicarse a Capilla para programar una cita con el profesor, pues de manera personalizada se imparten los cursos.

Hay alumnos que asisten a la sala a realizar las tareas diarias. Se presentó un caso de un alumno con baja visión de la Facultad de Ciencias Biológicas, que llegó para usar el Merlin Plus.

“Él diseñó su horario, de tal forma que tiene una clase y luego un descanso. En ese descanso viene desde Biología a hacer sus tareas y vuelve a clases. Él ya es parte de la Capilla Alfonsina, pues trae su comida y come en el comedor con los empleados. Esta es su segunda casa”, indicó Garza.

Mientras se realizaba esta entrevista, asistió a la sala el ingeniero Javier Garza, quien hace poco perdió la vista debido a un problema físico.

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“Fui maestro durante 40 años de la Facultad de Ingeniería Civil. Esta es una oportunidad de reintegrarse a lo laboral. Exhorto a los compañeros y a todas las personas que tengan algún tipo de discapacidad visual que se acerquen a la sala.

“Nos ayuda técnicamente a aprender a escribir y leer en Braille, nos enseña a usar el Iphone, a manejar el bastón para ser independientes y superarnos en lo que nos brinda la universidad.

“Nos fortalece anímicamente este programa de la Universidad, pues seguimos siendo útiles a la sociedad y sigo poniendo mi granito de arena en la formación del estudiante”, señaló el profesor.

La sala está en constante actualización de sus servicios.  A partir de la reinauguración en 2014, ha aumentado el número de usuarios.

Este espacio cuenta con un directorio universitario con las escuelas y facultades donde existen alumnos con discapacidad visual. La intención es que estas personas no se pierdan en una maraña de obstáculos y pronto sean usuarios dentro de la sala.

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