Medianoche con Lucía Yépez

Por Guillermo Jaramillo

Dueña de una voz infinita en profundidades, sólo basta presenciar el performance de su lectura, Lucía Yépez (México, D.F, 1941) con A la media noche sólo los perros esperan (Brown Bag Ediciones, San Diego, California, 2014) se mantiene como la poeta más intensa en Nuevo León.

¿Qué se pregunta Lucía Yépez antes de aderezar con su toque las palabras? Aquí la entrevista para Vida Universitaria.

¿Te preguntas cuando escribes? ¿Qué te preguntas, Lucía, cuáles son los temas que hoy en día te obsesionan como artista? 

¿Preguntarme? La vida, ella, tan sólo en sí, es una enorme interrogación que jamás tendrá respuesta, al menos para mí; por lo mismo la mayoría de mis poemas contienen interpelaciones, interpelaciones a las cuales, quienes me lean, podrán o no darles réplica. ¿Los temas que me obsesionan?  Fácilmente los pueden encontrar en mis escritos: soledad, engaño, amor, odio, toda la gama de emociones humanas que tiñen una relación mujer-hombre, hombre-mujer, mujer-mujer, hombre-hombre.

Roberto Maldonado Espejo advierte en el prólogo, que entrar a este tu poemario es entrar al laberinto del cuerpo ¿qué papel toma el cuerpo físico, corpóreo en tu poética?

Es el TODO, así con mayúscula. El universo donde el ser humano se mueve, el mapa celular donde nervios, sentidos, sangre, neuronas constituyen el cuerpo amante y desamado y sobre el que se escriben historias con labios y lenguas, y donde el santo peca y al pecador le salen alas para tocar el cielo.

Cuando escribes y sensualizas el lenguaje ¿piensas afectar al lector, sensualizarlo también?

Claro. Ese es, principalmente, el objetivo primordial. Imagínate un poema erótico que no toque tu cuerpo vía el lenguaje ¿para qué se escribe?

El libro tiene palabras tónicas: lluvia, noche, deseo… ¿cuáles son las palabras que siempre te han acompañado, los conceptos a través de tu obra?

El origen de la vida fue el agua. En mis poemas aparecen desde que soy poeta, bueno pensando que eso soy, constantes como: lágrimas, sudor, mar, bebidas, lluvia, gotas, semen, agua, tengo una fascinación por lo que fluye, por lo que resbala, por líquidos que penetran, en fin, por lo que me lleve y conduzca, de alguna manera, al origen.

También observo la forma que trabajas, la unión de palabras musicales: amanecenbrutecido, despectros… ¿qué se siente jugar con la palabras, como si fuera este tu primer ejercicio poético, luego de una trayectoria bien consolidada?

Me encantan todo tipo de juegos: eróticos, mentales, de contacto físico, cualquier cosa lúdica, pero sobre todo lo que implica involucrar al lenguaje. El lenguaje, como ente vivo, me permite hacer cosas con él y contra él que no se podrían hacer con otros materiales, excepto el coito, y no, perdón, olvidaba que también con el lenguaje se puede hacer el amor o ¿no? Dime: tú ¿no lo has hecho?  Dime la verdad  ¿podrías encontrar algo mejor?

Cambiar de sexo ¿duele cambiar de sexo, hombre-mujer-mujer-hombre, dentro del poema? Transmutas los géneros, hablas como él, como ella.

¿Duele?  Bueno, ¿qué puedo decir al respecto? Supuestamente tanto hombres como mujeres tenemos una parte femenina y una parte masculina y a veces esa parte oculta que poseo, mi parte masculina, se hace presente y se da vuelo horadando mis precarias noches de luces de neón, ensalivando cuerpos, trasmutando el lenguaje para arder el infierno de ser y no ser. Volverse Hamlet y Ofelia a la vez. Tú: ¿lo has intentado alguna vez?  Y si lo has hecho, podrías decirme ¿Duele?

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