Mi casa es tu casa: Herbert con dolor

La casa del dolor ajeno es la crónica gonzo de la masacre de 303 chinos en el Torreón de 1911.

Guillermo Jaramillo




 

Alrededor de 1911, Torreón acababa de ser ciudad, cuando una noticia sacudió las calles: 303 chinos habían sido asesinados, y se buscó a los culpables. El mito de la Revolución, encarnado en la figura de Pancho Villa surgió como posible respuesta. Luego, la oscuridad cedió un poco a la luz y toda la imagen se enturbió. Hasta que un siglo después, 2015, Julián Herbert dio manotazos a las telarañas con La casa del dolor ajeno (Penguin Random House Mondadori), una crónica extensa sobre estos hechos.

Otros hechos similares se presentaron en el México revolucionario, como fue el caso de Sonora y Sinaloa.

“Yo no me quise meter con Sonora y Sinaloa, que son otra historia; lo pensé. Cuando estuve trabajando la investigación original, fui al libro de Trueba (José Luis), quien tiene una visión de periodista.

“Las persecuciones de chinos en Sonora y Sinaloa no son estrictamente una masacre, sino que tiene índole política. Es una vocación de estado contra los chinos, por ejemplo, se prohíbe el matrimonio entre chinos y mexicanos, lo cual es un acto de racismo muy específico”, indicó Herbert.

El libro es una extensa crónica que intenta combatir la ficción revolucionaria.

“No es una novela, sino una crónica. Al momento que yo quise hacer una novela me di cuenta que los materiales estaban muy vivos y que había mucha ficción histórica. Una de estas ficciones es que a los 303 chinos los mandó matar Villa, quien nunca estuvo ahí, así que es falso. Otra ficción es que los chinos dispararon contra el ejército maderista, es falso; los chinos no tenían armas”, apuntó Herbert.

La primera decisión de índole estilística fue hacer una crónica, bajar los eventos a nivel de constatación documental para desmentir las cosas que se habían dicho sobre la masacre para exculpar a la sociedad mexicana de este hecho.

Para Herbert, en términos estéticos y sociales, lo sublime, la parodia y el punto de vista se presentaron desde un inicio. Decidió tomar el punto de vista desde la primera persona situada en 2014.

“Decidí tomar el punto de vista de una persona en presente en 2014, y se convierte en una especie de crónica gonzo para narrar desde este punto de vista, por la razón de que es una historia de migrantes, de violencia masiva, una fosa común; una historia de cómo las autoridades mexicanas manipulan la información para construir una verdad jurídica que los exculpe de cualquier responsabilidad. Estos cuatro asuntos son completamente contemporáneos con el mundo actual”.

Trabajar la crónica representó un reto para el también autor de Cocaína, (Manual de usuario).

“A mí me interesa mucho aprender a escribir, es lo que más me gusta, y la sensación de no saber algo me estimula mucho. Tengo una idea, formalmente, de cómo se hace una novela, cómo se puede hacer un poema o un cuento, pero no tenía la idea de cómo se podía hacer una crónica de esta extensión. Para mí fue un método de trabajo muy distinto”.

Aunque el libro fue escrito de manera vertiginosa, Herbert comentó que le costó más trabajo que sus anteriores obras, donde los poemarios, el ensayo, los cuentos y la novela ya han pasado.

Luego de escribir Canción de tumba, la historia narrada por un niño hombre sobre el cáncer que carcome a su madre ex prostituta, uno pensaría en este hecho como íntimo, familiar, privado, en comparación con un hecho histórico plural, político, público, como la masacre xenofóbica.

“Así, a bote pronto, lo primero que se me ocurre es que no pienso en mi trabajo acerca de lo que he hecho, sino de lo que estoy haciendo. Siento que como escritor es un riesgo pensar en el escritor que fuiste, o has sido. Creo que el escritor debe pensar en el escritor que está siendo; es decir, escucharte a ti mismo y tratar de conectarte con lo que realmente te importa y no con lo que se supone que deberías hacer. Yo no quiero escribir como se supone debería escribir. Me encuentro esta historia y ella me empieza a hablar, empiezo a relacionarme con ella y construyo una estructura alrededor de ella y ese proceso sería lo significativo”,

La casa del dolor ajeno es para Herbert una historia de comunidad, el cómo se desarrolla el ser en su entorno más allá de la familia. Es una historia de la memoria.

El noreste en Herbert

A 104 años de esta masacre, el noreste ha hecho en Herbert el hombre que es. Ciudadano de izquierda, hoy vive desencantado con esta postura política.

“La izquierda mexicana nos vino a apuñalar por la espalda. Como habitante del noreste, tengo cosas qué decir de cómo la violencia ha tenido una larga permanencia entre nosotros. Como habitante de este régimen me siento muy desamparado, sobre todo porque no veo una capacidad de respuesta del régimen de Peña Nieto a ninguno de los poemas actuales de los mexicanos. No soy un intelectual, soy muy visceral, pero no soy un tonto. Lo único que tengo es una profunda desesperanza y soy muy pesimista sobre lo que está pasando. Estoy muy enojado y voy a escribir desde mi enojo. No tengo ningún entusiasmo porque todas las cosas que intenté se fueron a traste, no tengo otra manera de decirlo”

Tres años sin escribir poesía

Album Iscariote lo escribió en 2012. Herbert siente que la poesía es muy esperanzadora, pero el sentido del humor la ha superado en este momento, así que trabaja un libro de cuentos que está próximo a concluir. También en el cine, un guion, se ha estado gestando desde hace tiempo.

Herbert continúa, como dice su madre, a la trácala y la mentira sin estar sentado en una oficina, uno de sus peores terrores.

 

 

 

 

 

 

 

 

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