Negro es el color

Por Guillermo Jaramillo

Fotos: Pablo Cuéllar

Reunidos en el bar del Crowne Plaza Constitución, el hotel luce repleto. El narrador sinaloense Élmer Mendoza acaba de arribar por la puerta del hotel. Afuera hay un clima extraño, no se sabe si lloverá o caerá el sol.

Mendoza fue invitado por la Universidad Autónoma de Nuevo León a dar una charla acerca de la novela de detectives. Reacio a escribir novela rosa ─aunque su mujer tiene la esperanza de que esa obra les dará una casa frente a la playa─, Mendoza conversó con Vida Universitaria sobre el género negro.

“La novela policiaca no es un género nuevo. Tiene más de 100 años que están circulando las historias negras. En México pasa lo que pasa en muchas cosas, que los mexicanos no se atreven y no les sale; y si alguien se atreve y le sale bien, se le van encima”, comentó en entrevista.

Elmer Mendoza escritor

Los inicios

Rafael Bernal escribió Complot mongol, una muy buena novela que vio la luz en 1969. A partir de ahí, el género tomó visos que se pueden considerar nacionales junto con el perfil del detective; sobre todo el espacio que trabaja que es la Ciudad de México.

“Trabaja la transición que hay entre los militares y los civiles en el poder, que fue una cosa bastante cruenta. Esta novela está muy bien construida, respeta todas las reglas, tiene una identidad lingüística, una identidad de espacio”, informó el autor de Balas de plata.

El relevo

Después continuó Paco Ignacio Taibo II, quien publicó nueve novelas no bien recibidas por los críticos, pero sumando mayor número de lectores.

“Paco es el escritor mexicano que más lectores tiene. Escribe mucho, es muy trabajador. Él logró afirmar el género en nuestro país con todas las características que debe tener un país donde la policía es corrupta. Hay quien le tiene más miedo a la policía que a los delincuentes”, apuntó Mendoza.

El culichi señala que emergió un grupo de escritores siguiendo la fórmula de Taibo II, pero no alcanzaron el mismo éxito. “Entonces, llegamos nosotros convencidos de que el género negro es un género mayor. Es un género donde se puede hacer literatura a través de cualquier regla contemporánea”, indicó.

Mendoza piensa que actualmente los narradores vienen formados de taller; por ende, son novelistas por convicción. BEF, Haghenbeck, Caneyada e Iris García son algunos de los nuevos valores que mencionó Mendoza.

Hombres posmodernos

El perfil clásico del detective ─conveniente para Mendoza─ pareciera ceñirse a ciertas características del hombre posmoderno: búsqueda de lo inmediato, la única revolución que el individuo está dispuesto a llevar es la interior, se rinde culto al cuerpo y la liberación personal, pérdida de la ambición personal de la autosuperación, pérdida de fe en el poder público, desaparición de idealismos, la imposición de la razón como norma trascendental de la sociedad, entre otras.

“Los detectives de los años treinta tenían el perfil de tipos solitarios con malas historias de amor. Siempre había una rubia que quería con ellos pero les daba miedo relacionarse. Políticamente incorrectos llevando dietas horribles, el alcohol casi al nivel de la adicción, relaciones complicadas con órganos establecidos como la policía”, detalló.

Cuando Ian Fleming creó al 007, le recargó de estos elementos, además de un grado de cinismo que no había existido antes en un agente secreto. “El cinismo y la ironía pasan a formar parte de la característica. También son como una especie de apego a las leyes sin creer mucho en ella”.

El género

Mendoza señaló que los críticos se han ocupado de seccionar al género negro.

“De eso se tienen que ocupar los críticos. Me gusta el nombre genérico de novela negra, porque implica cualquier tipo de delito. Entonces, cuando hay una investigación formal, ya decimos si es una novela policiaca, aunque trate de un hijo que está investigando la muerte del padre y no necesariamente es un detective”.

Si la pantalla grande decidiera rodar una película basada en una novela de Mendoza, él no tendría inconveniente.

“Pagan muy bien y te puedes comprar una casa. En ese sentido creo que es de mucha ayuda para el autor. Ya el trabajo que hacen con la historia es una locura. Seguro pervierten el género. No pasa que la gente salga ganando y se conviertan en lectores”.

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