“No me guío por las modas del teatro; escribo con absoluta honestidad”

La Universidad Autónoma de Nuevo León, , a través de la Secretaría de Extensión y Cultura y su Dirección de Artes Musicales y Difusión Cultural, dio a conocer el 15 de diciembre al ganador del Premio Nacional de Dramaturgia “Emilio Carballido” 2014. Es la primera edición convocada en conjunto con la Universidad Veracruzana.

Lizbet García Rodríguez



Humberto RoblesCon su componente de misterio, el jurado presentó en rueda de prensa la plica que contenía los datos del concursante ganador. Coincidieron en la elección pues se trató –al decir del maestro Rubén González Garza– de una obra superior con una “destacada construcción dramática y una investigación rigurosa del teatro de Shakespeare”.

Javier Sancho destacó su “teatralidad contundente en el imaginario escénico y un gran manejo del lenguaje al describir las pasiones humanas”. El jurado estuvo integrado además por Hernando Garza y Gerardo Valdés. Este último acotó que la obra contiene esa “poética que tanta falta le hace al teatro actual”.

La llamada

Bajo el seudónimo de Arcadio, alguien dejó su obra junto a sus datos (entre ellos, un número telefónico). El Director de Artes Musicales y Difusión Cultural, Juan Alanís Tamez, marca los números y se identifica cuando una voz contesta. Es Humberto Robles de León, de Coyoacán en el Distrito Federal, un apasionado del teatro, la lectura y el activismo social. La reacción es jubilosa y tranquila, Alanís informa que el premio será entregado el 25 abril en la Universidad Veracruzana, y que la Dirección de Publicaciones de la UANL tendrá para entonces el material editado.

Arcadio

La noche que jamás existió resultó la obra ganadora del Premio Nacional de Dramaturgia “Emilio Carballido” 2014. Háblame un poco de este supuesto encuentro de Shakespeare con la reina.

Desde niño vi una serie de la BBC en la tele que era sobre Elizabeth, Enrique VIII, y desde ahí me fascinó la época isabelina. Luego muy joven tuve libros de Shakespeare, vi películas, obras de teatro, entonces sentí una pasión por estos dos personajes; y al pensar que en algún momento se habrán encontrado en el palacio cuando él daba una función, dije ‘algo tiene que surgir de aquí’. Ya en 2010 con toda la idea en la cabeza, hice un viaje a Londres; fui a lugares específicos, al Shakespeare Club, me traje libros de allá y así completé esta obra que habla sobre el amor, en estos tiempos donde escasea tanto.

¿Cómo darle actualidad a este diálogo imaginario, tantos años después?

Uno lee a Shakespeare y es impresionante que siga tan vigente en el tema que trate, es un autor que rebasa el tiempo. Abres una hoja, lees algo y aplica en este instante. Para la representación moderna de la obra, hay una propuesta que no está muy comentada: que tanto Elizabeth como Shakespeare pueden ser interpretados por un hombre o por una mujer en cualquiera de los personajes. Yo proponía que se hicieran dos elencos, que vendrían a ser cuatro: un hombre mayor y una mujer mayor hacen a Elizabeth; y dos más jóvenes –hombre y mujer– a Shakespeare. Lo que se quiere contar seguirá siendo idéntico y como experiencia teatral puede ser muy enriquecedor; hace a la obra actual pero a la vez muy shakesperiana (en su época estaba prohibido que las mujeres actuaran y hombres jóvenes hacían los personajes de mujeres).

Estás considerado uno de los autores latinoamericanos vivos más representados en el mundo, ¿cómo vives tu proceso creador desde la intimidad?

Lo que he hecho –sin ninguna pretensión– es escribir de lo que creo, lo que siento, con absoluta honestidad, sin ningún prejuicio de mi parte ni temiendo el prejuicio ajeno. Escribo de cosas que me apasionan, busco que estén muy bien sustentadas, muy estudiadas, no soy improvisado. Leo, viajo, compro biografías, leo obras de teatro, veo películas. Si no hubiera sido dramaturgo hubiera sido historiador, investigador, eso me apasiona. Y creo que mis obras se han montado en tantas partes porque los temas son 100 por ciento humanos; no me guío ni por las modas ni las tendencias actuales del teatro. Yo lo hago como a mí me gusta y no sigo nada más que mi propio instinto.

Mujeres de Arena sobre los feminicidios en Ciudad Juárez; Ni Princesas Ni Esclavas; Mujeres sin Miedo: Todas somos Atenco… Advierto una relación entre tus intereses creativos y la figura de la mujer.

Absolutamente. Desde niño estuve rodeado de mujeres. Tengo figuras muy fuertes que me marcaron como mi mamá, mi abuela, figuras muy potentes, tengo muchas amigas mujeres. Conozco mucho más el mundo femenino que el mundo masculino; y creo que por ser gay uno se identifica más con la mujer por el mismo sufrimiento de la marginación que hemos vivido. Me siento más de ese lado, que del lado del machismo y el patriarcado. Entonces mucho de mi discurso lo digo a través de las mujeres.

Y también te expresas en relación con el contexto de tu país, ¿cómo hacer presente tu ideología desde la dramaturgia?

Las cosas empezaron al revés; en lugar de ser un dramaturgo buscando estos temas, los temas llegaron a mí porque colaboro con varias organizaciones de derechos humanos. Al reunirme con Nuestras Hijas de Regreso a Casa (AC) empecé a colaborar con ellas, no desde el teatro sino desde el activismo; y al estar tan cerca, conocer los casos, los testimonios, poemas, dije ‘esto no se debe quedar ahí no más’, y es cuando se me ocurrió hacer una obra de teatro. Lo mismo me pasó con el tema de la Guardería ABC. Primero fue el acercarme a los papás, ver de qué manera los podíamos apoyar, las marchas, y después fue el mismo Diego Osorno el que me propuso hacer una versión teatral de su libro (Nosotros somos los culpables). Entonces más que el dramaturgo buscando el tema, el tema me ha llegado, he estado muy comprometido con varias causas y de ahí surgieron las obras.

Al dirigir Mujeres de Arena, la argentina Érica Koleff refirió que la realidad de las mujeres de Juárez, bien podría ser en su país o en cualquier otro de Latinoamérica, ¿crees en esa universalidad del lenguaje del teatro?

Totalmente sí. Yo viví un tiempo en Montevideo, allá monté Mujeres de arena y dije ¡a ver qué pasa!; y resulta que un tema aparentemente muy local –que es el de Ciudad Juárez– fue un buen botón de muestra de a lo que puede llegar el machismo, el patriarcado y la misoginia en su máxima expresión. En Montevideo muere una mujer cada siete días, para un país tan pequeño, con tres millones de habitantes, en proporción es una cifra enorme. Yo les decía ‘para ustedes Ciudad Juárez debe estar lejísimos, pero si aquí muere una mujer cada siete días, tendríamos que estar muy alertas’. Esta compañera Érica Koleff está preocupada por los feminicidios en Argentina y de ahí toma la obra para denunciarlos, y es como un grito decir: no permitamos que Ciudad Juárez llegue a Buenos Aires ni a ninguna parte del mundo. Creo que por eso es una obra tan representada porque trasciende fronteras y habla de violencia de género en la peor manifestación habida y por haber que es el feminicidio.

En obras como Frida Kahlo Viva la Vida o Nahui Olin: insaciable sed muestras también el colorido de tu país. ¿Cómo es crear historias desde la iconografía tan particular y a la vez tan cruda de México?

Por un lado es un país con una riqueza cultural impresionante que otros países no tienen. Desde niño me empapé de todo esto, fui una esponja absorbiendo los colores, las historias de este país. Y uno dice qué bonito es y qué bonitas las flores, las frutas, pero ahorita están masacrando gente en este país. Uno tiene que tener como un pie en la belleza y otro pie en la realidad y en la brutalidad de lo que estamos viviendo. Son cosas que te nutren, lo absorbes como una esponja y luego hay un proceso en la cabeza y en el corazón de cómo poder traducirlo en lo que más me gusta que es el teatro.

Comentaste que donarías una parte del monto del premio…

Sí, pensé en varias organizaciones de derechos humanos que están en lucha y resistencia con las que he colaborado. Siento que es una manera más de solidarizarme; lo he hecho asistiendo a marchas, escribiendo y montando obras, y de repente me llega esto caído del cielo, que agradezco tanto, no me lo esperaba y, digo, será una manera más de apoyarlos.


 

El jurado ScreenSot

El jurado, Rubén Gonzalez Garza, Juan Alanís Tamez y Javier Sancho al momento de la llamada.

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