Pedro Páramo: el fantasma del cacique

Juan Villoro habló para Vida Universitaria de la obra de Juan Rulfo, siempre novedosa.

 

Por Guillermo Jaramillo

Este año se cumplen 100 años del nacimiento de Juan Rulfo, escritor cuya obra, según palabras de Juan Villoro, es la mejor metáfora escrita en México sobre el despojo.

“Donde aparece gente tan pobre que, incluso, carece de la posibilidad de que le suceda algo. Personajes de Pedro Páramo que no tienen la oportunidad de enfrentarse al acontecer diario, a la historia, y que son almas en pena que vagan sin un destino propio; una metáfora de la política y la gente a la que se le ha arrebatado el derecho a la existencia”, señaló Villoro.

El escritor asistirá el 26 de enero al Aula Magna de la UANL para dictar la conferencia magistral “Juan Rulfo: la novedad de los fantasmas”, como parte de los festejos por el X aniversario del Colegio Civil Centro Cultural Universitario.

Lectores espectrales que atraviesan el tiempo, así ve Villoro a los amantes de la obra del autor nacido en Sayula, Jalisco.

“La charla tiene que ver con los fantasmas de Pedro Páramo, personajes que están entre la vida y la muerte, en un limbo; y no han acabado de llegar al más allá y son los habitantes del pueblo de Comala.

“De alguna manera, los fantasmas de Rulfo también somos nosotros, sus lectores, que, de manera espectral, hemos seguido sus palabras y continuado interpretando su obra inagotable”, comentó quien encontró la obra rulfiana en sus tiempos del bachillerato.

Rulfo fue un hombre conocedor de gran parte de la literatura universal, que siempre guardó un tiempo para acercarse a los jóvenes. Incluso había leído algunos cuentos de juventud de Villoro aparecidos en revistas, teniendo la bondad de comentarlos favorablemente en publicaciones.

Cuentas fantasmas

Leer a Rulfo es leer un retrato descarnado de la realidad lastimada que tenemos. Villoro recomendó encontrar nuevos enfoques de lectura a la obra de Rulfo, que nos permitan ver la gran novedad que ofrece.

“Hice un ejercicio con alumnos míos en la universidad de entender Pedro Páramo como un antecedente de la realidad virtual. Todas las personas que aparecen en este libro son fantasmas, no tienen una existencia tangible, de modo que podría ser como una especie de cuenta en Facebook o de chat donde todas las personas que están interviniendo son voces que no tienen una materialización concreta.

“Fue interesante ver cómo los chavos se conectaban muy directamente en esta estructura de voces sueltas, donde un autor está armando una virtualidad de la palabra, donde no hay un narrador protagónico, sino que todo está narrado a partir de voces sueltas que no sabemos muy bien de dónde provienen, como un chat de la era moderna”, señaló.

 

Cacicazgo

Pasan y pasan los años y este México parece que adoptó eternamente la figura del cacique, pues vemos esta presencia bien arraigada a lo largo y ancho del país. Gobernantes en fuga, políticos con máscara de activistas sociales, activistas sociales politizados, figuras deportivas arrogantes, líderes de opinión pedantes.

Pedro Páramo es una radiografía extraordinaria de una figura autoritaria que tiene distintos niveles de interpretación. Es, por supuesto, el cacique del pueblo, también el caudillo carismático.

“En tercera instancia, es el patriarca, el padre poderoso que hace que toda la gente dependa de él. En algún momento de la novela un personaje dice ‘todos somos hijos de Pedro Páramo’; es decir, él es el padre autoritario.

“Esta figura toca fibras del autoritarismo que siguen presentes en México; el padre machista, impositivo de la vida privada; el caudillo mesiánico en la vida pública; y el cacique que usufructúa el patrimonio de todos como si fuera el patrimonio personal. Esta realidad lo emparenta demasiado con los gobernadores, no sólo los que están en fuga, sino algunos que están en función”, destacó.

Las características mencionadas por Villoro acerca de la figura de Pedro Páramo nos hacen recordar a emblemáticos líderes metropolitanos como Eugenio Garza Sada, Santiago Vidaurri y más recientemente Pepe Maiz y el propio Bronco.

“En términos generales, podemos decir que el problema de la autoridad comienza en el seno de la familia y ahí la radiografía de Rulfo es muy certera. Un padre autoritario que tiene como segundo de abordo a un hijo primogénito varón, hace que las estructuras familiares sean muy poco democráticas.

“Esto también lo vemos en las escuelas donde la figura de autoridad admirada entre los compañeros no es el mejor alumno ni el que cuenta con mayores valores colectivos, sino el líder de la pandilla, el ganón del patio, que impone autoridad –muchas veces– con los puños y se convierte en la figura que tiene prestigio al interior de la escuela”, finalizó.

Este autoritarismo se irá repitiendo a lo largo de la vida en el entorno político, familiar, empresarial, en todos los órdenes de la vida mexicana.

Finalmente, Villoro señaló que si Rulfo se encontrara entre nosotros, sería una figura muy parca, siempre al margen de un protagonismo público. No andaría en las redes sociales erigiéndose como líder de opinión.

 

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