Ramón Córdoba | Permaneciendo en la sombra

El Editor de Alfaguara, Ramón Córdoba, compartió su método de trabajo, desde la minuciosidad de la corrección hasta el diseño de portada, la distribución y las ventas.

Diana Alonso


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Dentro de las actividades de la Escuela de Verano 2014 en el ciclo de talleres: “Desde la escritura hasta el diseño de un libro”, se programó “La sombra del guerrero”, taller de edición impartido por Ramón Córdoba en la Casa Universitaria del Libro del 28 de julio al 1 de agosto. El editor concedió una entrevista para Vida Universitaria.

La figura del editor siempre es invisible…

El editor está bien donde está. Este curso se llama “La sombra del guerrero” porque es allí; el editor tiene que estar detrás de las obras de los autores de la editorial y ese es su lugar no tiene por qué adquirir preponderancia, y sobre todo no tiene por qué adquirirla a costa de ninguna obra ni de ningún autor. Algunos editores, como es mi caso, de pronto somos llamados por la prensa para opinar sobre cuestiones. Cuando falleció Fuentes, di 42 entrevistas; cuando falleció Saramago, 39, por ahí, porque claro, se sabe que el editor tiene conocimiento de causa respecto a autor y obra. Pero aparte de fallecimientos, hay momentos específicos en la ruta de la obra que quizá llamen a la intervención del editor. Pero no necesariamente eso debe ocurrir. Y creo que el editor está llamado a editar, permaneciendo en la sombra y ahí está bien haciendo su tarea; quien quiera reflectores, dedíquese a otra cosa.

Si todo está dicho, lo interesante son las nuevas formas de decirlo ¿qué deben de tener los textos que edita Ramón Córdoba?

Esa es una gran cuestión las nuevas formas de decirlo. Carlos Fuentes, a quien menciono con bastante frecuencia porque fue un gran maestro, decía que no hay muchos temas para la literatura; que hay como 12 y los enumeraba: el regreso del hijo, la traición detrás del poder, etc. Yo creo eso desde antes de habérselo escuchado. No hay temas nuevos; lo que sí hay es maneras de decirlo. Y para mí, muy en lo personal al margen de los libros que yo edito, creo que las maneras están en el poder de las historias que se cuentan así la hayamos conocido un millón de veces: la historia del hijo que regresa cada autor la cuenta a su manera. Lo que yo busco entonces es el poder, que me mantenga inmerso en la página; esa es necesariamente individual porque no hay dos personas que escriban igual. El concepto de estilo implica que hay uno para cada persona. Hay tantos estilos como personas, entonces, cada que veo una obra que me mantiene inmerso en la página es lo primero que le pido. Es algo que me gusta encontrar y ya después me pongo a analizar cómo es que lo consigue, en qué consisten las particularidades de su estilo.

Pura López Collomé advierte que los poemas son edificios; asimismo los libros. Con tanta tecnología y nuevas herramientas que facilitan la edificación de un libro, ¿cuál es ahora la parte más difícil de esa edificación?

¡De edificar! Sí… la verdadera ciencia del editor está en el trabajo con el lenguaje. Está la obra, el editor trabajando sobre ella, el editor muchas veces es el primer y privilegiado lector de la obra, nadie más la ha leído, y justo ahí es la oportunidad de saber si algo le estorba, de lo que ya contiene, si algo es mejorable, si algo le falta; y esa es la verdadera ciencia, la gran ciencia, la que considero insustituible. He visto caerse imperios, perderse oficios, resultar obsoleto todo un sector de trabajadores, pero hasta que no inventen una máquina pensante, esto no es sustituible. Requiere una larga carrera de especialización. Entonces creo que ahí está la verdadera construcción, todo lo demás puede ser bastante aleatorio, que el empaque del libro, su representación tipográfica. El trabajo con el lenguaje y el posterior diálogo con el editor y autor ese es el real fundamento del libro, sin eso no hay oficio de editor.

El libro impreso no va a desaparecer ¿por qué?

El libro impreso, en efecto, no va a desaparecer. El libro es un objeto idóneo y noble, a menos que cambiara el cuerpo humano, una prenda que pudiera dar cobertura, abrigo incluso elegancia a las dos piernas, se llama pantalón, va a seguir existiendo. A menos que la necesidad de cortar de manera inmediata y mecánica y sin mayor consumo de energía, una pieza de algo que desaparezca, no van a desaparecer las tijeras. Luego, entonces, a menos que fuera posible proveer a toda persona que quiera leer de un dispositivo electrónico de la fuente para alimentarlo, tanto en contenido como en energía, el libro no va a desaparecer. Estoy refiriéndome a tres inventos que llegaron para quedarse, son insustituibles.

El eBook tiene navegación lineal y no lineal. Hace 50 años no se pensaba en un libro electrónico ¿cómo ve el libro en 50 años?

Pues dos cosas sobre eso, que están realizando el sueño de Borges. En más de una ocasión él planteó que no se necesita una biblioteca infinita para contener todo el conocimiento en la biblioteca con un número infinito de ejemplares ¿no? lo que se requería era un solo volumen con un número infinito de páginas. Me gustaría saber qué diría Borges ahora con el eBook; es más o menos eso… sí, decía de ese volumen inconcebible “no tiene página central”, bueno, éste no tiene página central. Pero respecto a esa alucinación con el eBook, yo lo que sé es que va a ir ganando más lectores.

El reto de la autoedición, en algunos países ya tiene cifras considerables, ¿cómo lo ve en México?

¡Ah! ¡Esa está genial! y también me recuerda a Borges en otro de sus cuentos, decía que llegará el momento en que cada hombre va a poder emitir su propia moneda. Bueno, pues aquí llegará el momento en que cada hombre…estoy pensando en todo el ejército de autores que no ha conseguido publicar, va a poder publicar ¿qué ocurrirá con ello? pues que tendremos una marejada de libros que todavía ─más que ahora─ es difícil discriminar; la mía es el triduo, como diría la Biblia, pero al menos cada quién tendrá su oportunidad. Mucha gente lo que pide es una oportunidad, lo siguiente que ocurra pues dependerá muchas veces de si hicieron o no el esfuerzo de hacer saber al núcleo lector que ese producto existe, porque si no, pues es como botella al mar ¿no?

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