Rinde UANL homenaje a Catón

Armando Fuentes Aguirre “Catón” recibió un reconocimiento de la UANL, que entregó el Rector Rogelio Garza Rivera. En 2004, la Máxima Casa de Estudios de Nuevo León también reconoció a Fuentes Aguirre con el doctorado Honoris Causa.

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Por Luis Salazar

Fotos Pablo Cuéllar

Catón o Armando Fuentes Aguirre es considerado el columnista más leído del país y un personaje entrañable para la Universidad. Muchos han leído algún domingo en el diario las columnas “De política y cosas peores” y “Mirador”. El domingo 13 de marzo fue verle en vivo y a todo color en el Aula Magna del Colegio Civil Centro Cultural Universitario en el homenaje que le brindó la UANL durante la charla que mantuvo con Javier Aranda Luna en la UANLeer 2016.

El público que fue a ver al escritor del Grupo Planeta, abarrotó el Aula Magna. El Rector de la UANL, Rogelio Garza Rivera, le entregó el reconocimiento, acompañado de los efusivos aplausos de los asistentes.

En la charla con Javier Aranda, Catón confesó que no piensa en el lector, televidentes o escuchas y, por esto, pidió disculpas. “Y no lo hago porque puedes caer en la terrible tentación de adular. Y adular te impide ser lo que tú eres. No escribo para, escribo por”, planteó el fundador de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Coahuila.

Fuentes Aguirre dijo que eso quizá sea reprochado por sus cuatro lectores.

“Me reprochan mis lectores. Algunos me han dicho que me van a dejar de leer, incluso alguno lleva hasta 15 veces que me ha dejado de leer”, que fue acompañado con la risa de todos en la sala. Y añadió, “pero prefiero eso a traicionar lo que pienso y lo que siento”.

Luego explicó que, tal vez, por su manera de hablar, a veces le han preguntado que “si es cura”. Además, confesó que siente extrañeza porque lo leen gente de todas las edades.

“Es una sorpresa que los jóvenes me lean a pesar de mis años y de mi aspecto. Es un milagro. Pero un día, tomaba un café en Valle Oriente, se acerca una viejita que caminaba ayudada de bastón. Se acerca a mí y me abrazó efusivamente diciéndome que me admiraba mucho y que ¡ella me leía desde niña!”, que fue otra cascada de risas.

Aranda Luna le preguntó a Catón: “La gente que te lee, tiene bien claro que es el punto de vista de Catón, ¿eso influye?”

Y el editorialista respondió: “Sí. Estamos reconociendo que hombres y mujeres de nuestra historia no eran perfectos, eran humanos, capaces de grandezas pero también de mezquindad. Nuestra historia es maniquea. Nada es totalmente bueno o malo”.

Sobre temas políticos, el entrevistador le preguntó: “¿La democracia no es perfecta pero qué tendríamos qué hacer para conservarla?”

“Alguien dijo que la democracia es el peor sistema de gobierno que hay, pero no existe otro mejor. Por ejemplo, las cabras en el corral son muy latosas, en la mesa son muy sabrosas y en la bolsa son muy ruidosas. Vivimos en el México de un solo hombre, un solo partido. Disciplina monolítica”.

Después, Catón comparó que si bien existe “el peligro” que a la democracia estadounidense llegue alguien como Donald Trump, México no está exento de eso.

“Mi opinión, que he verificado en un 99 por ciento, están equivocadas, es que nuestras instituciones están llenas de defectos, corrupción e ineficacia. Pero tenemos que aferrarnos a ellas como único medio de perfeccionarlas. Es el camino que nos señala la razón.

“La inmensa mayoría de nuestros gobernantes se sienten absolutos de incumplir las leyes. Incurren en la frivolidad, en excesos y corrupción.  El día en que México sea un Estado de derecho dejará de ser un Estado de desecho”.

En la ronda de preguntas y respuestas, sólo alcanzaron a preguntarle por don Abundio, quien le cuida a su familia el rancho en Coahuila, y por Terry, el cocker spaniel que vivió 18 años y de quien tienen hasta una pintura en su casa.

El editorialista cerró su charla contando la historia de cuando conoció a su esposa María de la Luz. El año pasado, ellos cumplieron 50 años de casados. Se la encontró un día yendo a su trabajo por una de las calles de Saltillo. Era lo más lindo que había visto. Le preguntó que si la podía acompañar. Ella, un poco confundida, respondió que sí. Él reviró “¿Para toda la vida?”

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