Son médicos y narradores

Dos estudiantes de la Facultad de Medicina –Enrique Villarreal y Héctor Manuel Martínez– se olvidan por momentos de sus temas de bioquímica, genética o fisiología para adentrarse al mundo de la poesía y la narrativa; el resultado es su libro Mentiras de herida y premios de feria, que ambos amigos editaron con recursos propios.

Lizbet García Rodríguez

 


 

Captura de pantalla 2015-02-24 a la(s) 11.02.38Desde la comunidad tsotsil de Chenalhó, en Chiapas, Enrique Villarreal vive un paisaje inspirador. Las experiencias a diario también lo son: durante su servicio social, como alumno de la Facultad de Medicina, ha atendido cientos de pacientes y ha compartido el día a día de muchos de sus 39 mil habitantes.

Pero su atmósfera diaria no se reduce a estetoscopios y recetarios, la inspiración de Enrique también se dispone para la escritura.

“Durante la carrera, además de la instrucción académica, una de las inquietudes fue el aspecto literario como complemento de la formación, por eso junto a mi compañero Héctor Manuel Martínez Berrones –quien realiza su servicio social en Ciudad Victoria, Tamaulipas– redactamos una serie de escritos que titulamos Mentiras de herida y premios de feria, editado y publicado con fondos propios”, explicó Villarreal García.

Ambos se delatan en su profesión: Héctor habla de dolor, del estado de la mente, de recetas, abdomen, sexo, de daño físico, “los que nos hemos desangrado hasta morir de amor…”; mientras Enrique escribe de cicatrices, muerte, amnesia, “De todo aquello sólo queda un cuerpo herido y agónico/ y la melancolía de lo que pudo haber sido”.

“Entre los estudiantes de medicina la redacción de textos literarios es frecuente; sin embargo, pocas veces se hace llegar a la comunidad, al público en general. Pensamos que este tipo de actividad complementa el desarrollo de cualquier estudiante y queremos difundir nuestro libro como un incentivo para que otros alumnos se atrevan a incursionar en estas experiencias”, sostiene Enrique.

Héctor considera que aunque las exigencias de la carrera son elevadas, hay tiempo para todo, “el deporte, la música, los amigos. En ésta ocasión dediqué un poco de ese tiempo a escribir, como manera de recreación, descanso y diversión”; y el ejercicio del narrar le parece un buen modo de registrarse a sí mismo, “las experiencias, una vez en papel, tienen una perspectiva diferente”.

El principal motivo por el que escribe es la expresión para compartir emociones, “y lo recomiendo como actividad personal; es reconfortante escribir, compartirlo con los demás y escuchar sus opiniones es muy gratificante”.

El volumen de 60 páginas les permite presentar dos estilos de escribir el mundo, de relatar lo que llaman “pequeñas aventuras en el interior de uno mismo” y contar las resultantes del aprendizaje teórico y el sentimental.

Con una edición sencilla e impreso en los talleres Solar Servicios Editoriales de la colonia San Pedro de los Pinos en la Ciudad de México, el libro contiene ilustraciones de Alina Victoria Hernández y Elizabeth Sánchez Pacheco.

 


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