Suplico que no me digan “primera actriz”: Diana Bracho

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Por Gisel Cantú

“¿Quieres ser un buen actor? Llénate de todo, lee, mira, no veas con ojos vacíos, llénate el ojo de belleza. Tienes que enriquecerte por dentro para poder expresar por fuera a un personaje. La belleza se acaba y si no te cultivas como actriz, no vas a tener nada que dar”, dijo contundente Diana Bracho, ícono del cine mexicano.

Bracho visitó Monterrey con motivo de la décimo segunda edición del Festival Internacional de Cine, en ese marco participó en el Encuentro Norestense de Mujeres en el Cine y posteriormente recibió el Cabrito de Cristal en honor a su trayectoria.

En ese escenario concedió unos minutos para platicar con Vida Universitaria, en ocasión del homenaje a su persona. Desdeñó el término de primera actriz, recordó sus primeras escenas en el cine y de cómo, en el gremio artístico, las cuestiones de género complican el desarrollo profesional de las mujeres.

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“Me choca el término primera actriz. Suplico que no me digan así, son títulos que la gente pone para facilitar la expresión humana, a mí no me gusta. El cine mexicano es la historia del mundo, es mi vida. Nací en el cine para morirme en el cine; es un ser vivo que sigue creciendo de una manera muy importante en nuestro país”, confesó.

El papel de la mujer en el cine es un tema relevante, ya que no sólo se refiere a las actrices, también están las mujeres que se desempeñan en los diversos cargos y puestos para que la industria cinematográfica sea posible. La falta de oportunidades, el acoso sexual y la desigualdad profesional son el denominador común.

“He disfrutado de la incursión de las mujeres del otro lado de la cámara. Las jóvenes generaciones se quejan que no hay oportunidades, pero hubo un periodo en el cine en que las mujeres traían el café, cuando mucho eran scripts –que son las personas que llevan la continuidad– y eso ya era un gran logro”, acotó.

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La actriz, que estudió Filosofía y Letras Inglesas en Nueva York,  además de hablar de la mujer en el cine, también compartió experiencias e historias de su vida personal, como la relación con su padre Julio Bracho, reconocido productor, director y guionista cinematográfico del cine mexicano.

“Yo crecí con mi papá en un ambiente nada convencional. Mi papá era un hombre muy culto, muy abierto, crecí sin ningún prejuicio. Para mí la homosexualidad era lo más normal del mundo, pues mi papá tenía muchas amistades así, nunca lo vi como un problema en la vida. A pesar de todo esto, papá llevaba un macho dentro, por supuesto que no quería que su hijita santa fuera actriz porque conocía el ambiente.

“Mi papá nunca me alentó a que fuera actriz, me decía ‘no vas a traspasar la segunda butaca’. Sin embargo, cuando hice mi primera película El Castillo de la pureza, hice un desnudo y le pregunté ‘¿Papi, que te pareció la película?’ Y contestó ‘pues la película es maldita, pero tú estás genial’.  Entonces nunca tuve problemas con él, siempre me enseñó a ser libre”, recordó.

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Sin embargo, El Castillo de la pureza no fue la primera película que realizó Bracho, sino San Felipe de Jesús donde hizo su primera aparición infantil, luego siguió Inmaculada en 1950.

“Odié la experiencia, tenía dos escenas, me pusieron un pinche moño espantoso. Esas películas ni las cuento en ridículo”, recordó entre risas.

El cine mexicano pasó por la Época de Oro, lapso en el que la industria del cine logró su consolidación internacional. En esa época surgieron grandes talentos, actores, directores, muchos de ellos con la vieja escuela española.

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“Esta época era una especie de copia del cine de Hollywood. El sistema eran las grandes estrellas las que sostenían la industria. Y es cuando surgen aquí en México, María Félix, Dolores del Río, y en ocasiones algunas no eran tan buenas, eran figuras, personalidades, bellezas; les hacían las películas específicas de acuerdo a la personalidad”.

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Cine mexicano vs Cine extranjero

El público muchas veces prefiere el cine extranjero, a los rodajes nacionales no se les brinda una difusión adecuada, por lo tanto, no existe un amplio espacio designado en los medios de comunicación.

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“La gente quiere entretenimiento fácil y grandes producciones; le cuesta trabajo ver películas más profundas, más difíciles. El cine actual promueve que piensen”, finalizó la actriz.

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