Toda una vida en el arte

“Lo esencial es que el artista, en todas sus expresiones, se refleje él mismo y decir su propia verdad”, Javier Sánchez.

Por Gisel Cantú

Fotos: Luis Ávila

Todo comenzó en la secundaria, cuando Javier Sánchez cursaba el Taller de Modelado y su maestro le aconsejó buscar una escuela de arte porque le vio aptitudes que le llevaron a hacer lo que hasta hoy le apasiona y comparte con la gente: la escultura, el dibujo y la pintura.

“Me inicié en la Escuela de Artes Plásticas de Nuevo León. Estudié Arquitectura, la terminé, pero yo ya había empezado en artes plásticas y me gustaba expresarme a través de esto”.

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A pesar de haber ejercido durante un año como arquitecto realizando proyectos y construcciones para sus conocidos, amigos y para él mismo, Javier no dejó a un lado su pasión desde la adolescencia, el arte plástico. Por lo tanto, le dedicó tiempo completo a la enseñanza del dibujo, pintura y escultura.

“En aquel entonces dije ‘voy a dar clases para mantenerme porque con el arte es muy difícil sostenerse’. Estuve 22 años dando Escultura en la Universidad en Artes Plásticas; 20 en el Taller de Experimentación Plástica en CONARTE; y en Colegio Civil ya llevo nueve años consecutivos”.

Con casi 60 años de pintor y 54 de maestro, Sánchez  sigue activo con sus técnicas y conocimientos con el público que le sigue. Algunos de sus alumnos siguen con él, asisten a sus talleres y continúan con el aprendizaje desde que asistieron a sus primeras clases.

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“La escultura aún la hago, pero ya menos porque es más esfuerzo y la edad ya no me lo permite, pero sigo dibujando, pintando y enseñando, que es lo que más me encanta”.

Pero ¿qué es lo que busca transmitir a través de su arte Javier Sánchez?

“Quiero hacerles ver que lo que tenemos, que son nuestras sierras, los campesinos, nuestra gente, tiene mucha validez. Nuestras montañas son unas esculturas vivientes y estamos tratando de expresarlo con más fuerza para que volteen a ver los que están acostumbrados al telefonito, porque se están abstrayendo de muchas cosas que pasan a nuestro alrededor y no nos damos cuenta”.

Sánchez contó sobre una obra que le dejó marcado. El escenario fue la Expropiación Petrolera, donde plasmó a los campesinos y la torre petrolera con seres que se transforman de hombres a fieras por el poder.

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“Hice un mural sobre la Expropiación Petrolera. Me ayudaron algunos compañeros pero lo desapareció el Sindicato Petrolero. Estaba en un centro de esparcimiento, era enorme, tenía más de 30 metros pero lo tumbaron e hicieron un estacionamiento. Fui y pregunté dónde estaba mi mural y no me supieron decir, eso fue lo que más me emocionó hacer”, recordó nostálgico.

Además de la escultura, la pintura y el dibujo, Sánchez demostró su gusto por la escritura hace algunos años en el periódico El Porvenir.

“Yo mandaba viñetas y me las publicaban en la sección cultural; ya no existe nada de eso. Por ejemplo, mandé “Un Picasso Estilizado”. Me acomodaban las viñetas con lo que escribían en esa sección, pero me gusta escribir poquito y me gusta leer a Neruda, a Octavio Paz”.

Considerado como un referente y recreador del paisaje cultural regional, Javier Sánchez compartió parte de su inspiración a la hora de dibujar y pintar. El maestro expresó su opinión del arte contemporáneo y cómo se ha visto afectado por la falta de atención a los detalles en nuestra vida.

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“Me inspiro en el pueblo, en la gente, los campesinos sembrando la tierra, nuestra cultura prehispánico. Me gusta mucho lo regional. En el arte contemporáneo muchos quieren cortar raíces y solitos se van a secar. Si tú cortas una raíz se va a secar. Estamos viviendo en una época actual, traten de vivir su entorno para poderlo expresar”.

En el 2005, Sánchez ganó el Premio UANL a las Artes, lo que representó mucha satisfacción en su vida personal y profesional.

“Con el dinero que me dieron, me fui a Europa con mi esposa para conocer murales. Conocimos muchas cosas y ahí me lo acabé todo”, confesó entre risas.

“Estoy en lo máximo. A mis 76 años quiero dar todo lo que pueda, ya no es con la misma energía que podía, pero en pequeños espacios sí. No puedo dejar el arte porque se convierte en una necesidad.

“En este diciembre es el último curso después de los nueve años de impartir talleres en Colegio Civil y 42 años de maestro. Se siente una tristeza y una alegría a la vez, pero seguiré en el arte desde mi estudio ubicado en Guadalupe”, concluyó.

Se tiene contemplado que en marzo del próximo año, la UANL le rinda una exposición homenaje por su trayectoria y pasión  por enseñar y compartir sus conocimientos con sus alumnos.

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