Una fiesta de la inteligencia

Del 17 al 31 de mayo, la edición 2015 del Festival Alfonsino contará con 32 actividades de teatro, música, danza, cine, exposiciones, conferencias y presentaciones de libros, entre ellos, la obra maestra de Alfonso Reyes: Visión de Anáhuac.

Lizbet García Rodríguez


 

La tradicional Guardia de honor ante el monumento a Alfonso Reyes tuvo lugar el 18 de mayo en el Paseo de los Escritores de la Facultad de Filosofía y Letras.

El Secretario de Extensión y Cultura, Rogelio Villarreal Elizondo dijo que el festival conmemora el 126 aniversario del natalicio de Reyes y se convierte en una celebración del humanismo.

“Conmemoramos a quien ha hecho de la inteligencia una fiesta a la que todos somos invitados para reconstruir el mundo desde la metáfora del poema, la fantasía del cuento, la rigurosidad de la crítica, la elegancia del ensayo, la flexibilidad de la prosa o la dimensión de la filosofía”.

Apuntó que las letras hispanoamericanas se enriquecieron con la pluma de don Alfonso, cuya agilidad lo hace permanecer en lo atemporal, actual, actuante. Y precisó que quien se atreva a introducirse en la obra alfonsina, vivirá la aventura de descubrir siempre algo nuevo.

En representación del Rector Jesús Ancer Rodríguez, Villarreal Elizondo encabezó la guardia de honor que estuvo conformada por secretarios, maestros, miembros de la Junta de Gobierno, directivos y estudiantes, dando inicio al Festival Alfonsino 2015, la gran fiesta de la cultura universitaria.

Alfonso y la lluvia

Con una analogía entre la lluvia y la literatura, concebidas ambas en su intención de engendrar, compartió su escrito la doctora Lidia Rodríguez Alfano sobre las referencias de Alfonso Reyes al agua.

“La lluvia –en su naturaleza propia de lo temporal y lo subjetivo– inspira constantemente al poeta”, expresó la catedrática de la Facultad de Filosofía y Letras.

Y refirió una anécdota de 1908 citada por el joven Reyes en el ensayo La evocación de la lluvia. En la azotea de una casa tenía un cuarto de trabajo que dominaba el panorama céntrico de la ciudad. A través de sus ventanas veía los remates de las torres de la catedral en forma de enormes campanas.

“Hasta ese cuarto algunos amigos trepaban en mi busca”, escribió Reyes, pero “lo más del tiempo quien me visitaba era la lluvia, la lluvia que rodeaba mi cuarto por tres costados y me daba una sensación de ir subiendo en aeróstato”.

Rodríguez Alfano mencionó que en Discurso por Virgilio, Reyes estampa otra gran frase al respecto.

“Pero ¿quién ha dicho que el espíritu de la gran poesía queda limitado a los contornos de una sola lengua? ¿Quién ha dicho, sobre todo, que una gran civilización no puede volcarse como el agua misma en vasijas diferentes?”

Y más adelante escribe: “Porque toda civilización adelanta modificándose, y las aguas que entran al mar no son ya las mismas que habían bajado con los deshielos de las cumbres. ¡Y todas son el mismo río!”

Finalmente la investigadora aludió a los escritos recogidos en Días aciagos, producidos por don Alfonso en plena Revolución Mexicana.

“Me voy habituando a la incomodidad. Hay escándalo, me digo. Así es el mundo: así está hoy la naturaleza. ¿Cae la lluvia? Se moja uno. ¿Caen tiros? Pues imagino que este es, por ahora, el escenario natural de la vida.

Hace más de un mes que estamos así. Aun las mujeres de casa tienen rifle a la cabecera. El mío está ahí, junto a mis libros; y estos –claro está– junto a mi cama. Los libros ahuyentan la vista de toda esta gente estorbosa”.


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