La lengua materna es la casa
Carlos Rutilo es un escritor nahua radicado en Nuevo León, egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, cuya obra poética se ha traducido al italiano. El autor trabaja como tema principal la memoria, con su lengua materna, el náhuatl, y el español.
La lengua es la casa, parece decir Carlos Rutilo, escritor nahua que comenzó a aprender el castellano cuando cumplió seis años. Su lengua materna es el náhuatl. Ahora cuenta con textos suyos traducidos al italiano por el poeta Alessio Brandolini.
Su obra ha trascendido fronteras, con traducciones de sus poemas al italiano y participaciones en festivales internacionales, donde su perspectiva sobre la lengua original cautiva a lectores de todas las edades.
En entrevista para Vida Universitaria, el egresado de la Facultad de Filosofía y Letras (FFYL) relató su viaje personal por los caminos de la palabra.

En los pasillos de la UANL, la figura de Carlos Rutilo destaca por su cabello largo y por cargar consigo un libro de poesía y una historia de resistencia contra el silencio de la lengua materna. Citado en la plazoleta de la FFYL, el escritor coloca sobre la mesa Carmen.
Originario de Ixhuatlancillo, Veracruz, un pueblo que hoy languidece debido a la gentrificación y la migración forzada, Rutilo es una voz fundamental para entender la transición entre el mundo indígena y la modernidad urbana; comprender, a través de la palabra, ese tortuoso matrimonio que es ser poeta hablante de dos lenguas.
Para Rutilo, el náhuatl no es solo un recuerdo familiar, sino su lengua original y materna, la cual habló durante sus primeros seis años de vida.
Sin embargo, a su llegada a Nuevo León en 2002 y la posterior necesidad de quedarse solo en el estado a partir de 2008 para continuar sus estudios de secundaria, marcaron el inicio de un conflicto profundo: la supervivencia a través de la adopción de una lengua ajena.
Un acto de supervivencia
La transición del náhuatl al español no fue un proceso natural para el autor, sino una batalla contra las instituciones y la propia necesidad de integrarse.
En la educación básica, el sistema ejerció una presión directa sobre su identidad. Rutilo recuerda con claridad que el aprendizaje del español fue un proceso tardío y dificultoso que se consolidó hasta su adolescencia.

A mis padres les prohibieron que me hablaran en náhuatl, por eso fui perdiendo la lengua, porque no sabía hablar español y ellos tampoco sabían leer ni escribir”.
Esta prohibición, que pasó en la primaria, obligaba al joven Carlos a adaptarse a un entorno donde las lenguas originales eran vistas como un obstáculo para el progreso.
Fue hasta los 14 años cuando comenzó a descifrar realmente las palabras en español; y fue hasta los 16, cuando se encontró con la obra Aura de Carlos Fuentes, que adquirió una verdadera “conciencia lectora”.
“Ese libro me dio la oportunidad de saber que lo prehispánico y lo contemporáneo pueden convivir. Me dio un sentido de pertenencia”, señaló Rutilo.
Carmen: Una trilogía sobre la pérdida y el rescate
La importancia de su lengua original se manifiesta con mayor fuerza en su producción literaria. Su primer libro, titulado Carmen, es el inicio de una trilogía que explora el tema de la desaparición de su lengua materna.
La estructura del libro refleja este proceso de erosión cultural: comienza con una sección llamada Tlacuica (náhuatl), seguida de Carmen (latín) y finaliza con Sofía (griego).

En la primera parte de la obra, Rutilo utiliza una mezcla de español y náhuatl; se apoya en el inicio en notas al pie de página para traducir los versos.
Conforme el lector avanza, las notas desaparecen y el náhuatl se funde con el español hasta que, finalmente, la lengua original se desvanece por completo del texto, como símbolo de su pérdida en la realidad.
El primer libro habla sobre la pérdida de la lengua materna porque también es una realidad que estamos viviendo. O sea, la lengua materna desafortunadamente se está perdiendo”.
Para el escritor, este proceso de “perfeccionismo” con las palabras le llevó cinco años de trabajo, buscando que la propia lengua fuera el personaje principal de la historia.
A pesar del dolor que implica este despojo cultural, Rutilo no ve las lenguas en conflicto, sino que busca enriquecerse de ambas, aunque reconoce que para sobrevivir en entornos urbanos y gentrificados, muchos se ven obligados a abandonar su herencia lingüística.

El camino: letras y cultura
El camino hacia la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL no fue sencillo. En su entorno familiar la educación superior no era vista como una prioridad, sino que imperaba la “cultura del trabajo”.
Sus padres, vendedores ambulantes y jardineros, al principio no comprendían su deseo de estudiar humanidades en lugar de buscar un salario seguro.
Fue la intervención de un cliente de su padre la que cambió la perspectiva familiar porque él le explicó al padre de Carlos que el trabajo de su hijo con las palabras era similar al cuidado y cultivo de las plantas.
A partir de ahí, Rutilo se formó en el Colegio de Letras Hispánicas, donde materias como Textos Prehispánicos reavivaron su inquietud por las historias que su tía y sus padres le contaban originalmente en náhuatl.

“Mi lengua materna es el náhuatl, entonces yo batallé mucho para aprender a hablar el español. Hablarlo, leerlo, todavía me llevó otro tiempo.
Mínimo rescato sonidos de esa lengua y los mezclo [en el poemario]. Mi motivación para escribir también venía de esa pregunta, de una clase que llevé cuando estaba en cuarto semestre, y la pregunta inquieta hasta la fecha, o sea, ¿existe, no existe? (...) Yo no quiero que se pierdan esas historias”.
A la guarda
Actualmente, Rutilo desempeña una labor fundamental como bibliotecario en la Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria (CABU). Allí, cuida el patrimonio bibliográfico de Alfonso Reyes y actúa como guía para nuevas generaciones de estudiantes, recomendando autores como Carlos Fuentes, Octavio Paz y José Emilio Pacheco, entre otros.
Su labor administrativa se mezcla con su faceta de mentor a través de El Ventanillo, suplemento cultural de la CABU, en donde dialogan jóvenes de diversas facultades.
Rutilo continúa trabajando en su trilogía, que incluye un segundo poemario y una novela corta, además de un libro de cuentos en el que ha invertido ocho años de trabajo.
La historia de Carlos Rutilo es un recordatorio de que Nuevo León es un estado conformado por migrantes cuyas lenguas, aunque a veces no empaten, constituyen el tejido invisible de una sociedad en constante cambio.

En su escritura, el náhuatl sobrevive no solo como un sistema de comunicación, sino como un eco de resistencia que se niega a ser borrado por la modernidad.
Por: Guillermo Jaramillo Fotografía: Carolina Silva
