Invitan a reconocer la fauna silvestre que habita en las ciudades
La Secretaría de Sustentabilidad de la UANL organizó la conferencia “Fauna silvestre y su conservación en ambientes urbanos”, impartida por la maestra en ciencias, Katya Lizeth Ortiz Morales, para tener una mejor experiencia en el manejo, rehabilitación y conservación de fauna silvestre.
La ciudad no es un espacio separado de la naturaleza. Entre calles, edificios, ríos y montañas, también habitan especies que han aprendido a adaptarse a la presencia humana, por lo que reconocerlas y respetar su espacio es fundamental para lograr una convivencia responsable.
En el ciclo de conferencias en línea para promover la sustentabilidad en ambientes universitarios, la Secretaría de Sustentabilidad de la UANL presentó, el 6 de agosto, la conferencia “Fauna silvestre y su conservación en ambientes urbanos”, impartida por la maestra en ciencias, Katya Lizeth Ortiz Morales.

Médica Veterinaria Zootecnista por la UANL y maestra en Ciencias con Acentuación en Manejo de Vida Silvestre y Desarrollo Sustentable, Ortiz Morales cuenta con más de 10 años de experiencia en el manejo, rehabilitación y conservación de fauna silvestre.
Su investigación se enfoca en las dimensiones humanas de la interacción entre las personas y la fauna, en particular con el oso negro en ambientes urbanos.
Durante la conferencia, la especialista presentó imágenes inéditas de mapas y especies que habitan en la ciudad, con las que mostró la diversidad de formas de vida que conviven en los espacios urbanos e invitó a cambiar la manera en que se perciben estos lugares.
Ortiz Morales señaló que en la cotidianeidad, las ciudades son calificadas como espacios grises y destructivos que sustituyeron por completo a los ecosistemas naturales. Sin embargo, esta visión deja fuera la relación que aún existe entre la infraestructura urbana y las especies que habitan el territorio.
“Vemos las ciudades como estos gigantes grises sin vida, completamente destructores. Sin embargo, ¿qué pasa cuando empezamos a ver a las ciudades como un ecosistema? Y es que las ciudades también son un hábitat”, advirtió.
En Monterrey, esta relación puede observarse en espacios como el Río Santa Catarina y las montañas que rodean al área metropolitana, donde persisten zonas naturales y de transición utilizadas por diferentes especies.
“Nos hemos alejado de esa noción cuando hicimos esa separación entre los animales y nosotros. Se nos olvida que nosotros también somos fauna.
“Y lo que nosotros tenemos es que transformamos nuestro hábitat de una manera que sea conveniente para nosotros, pero históricamente no lo hicimos pensando en las otras especies con las que compartimos estos ecosistemas”, detalló la especialista.
La fauna urbana incluye mamíferos como las ardillas, aves, anfibios y reptiles, además de otras formas de vida que suelen pasar desapercibidas, como arañas, hongos y microorganismos presentes incluso dentro de los hogares. “No nada más nosotros habitamos estos ecosistemas urbanos”, añadió.
Adaptación a lugares urbanos
Aunque la presencia humana puede generar condiciones hostiles para la fauna silvestre, distintas especies han desarrollado mecanismos de adaptación para aprovechar los recursos disponibles y desplazarse por la ciudad.
Entre estas estrategias se encuentra la modificación de sus horarios de actividad. Algunas especies adoptan comportamientos crepusculares o nocturnos para reducir el contacto con las personas, mientras que otras utilizan corredores biológicos como el Río Santa Catarina para desplazarse, encontrar alimento y refugio.
Ortiz Morales explicó que también existen adaptaciones relacionadas con la alimentación, el aprovechamiento de infraestructura humana y la habituación a la presencia de las personas.
Para comprender estas diferencias, clasificó a la fauna urbana en tres grupos: evitadores, adaptadores y explotadores urbanos.
Los evitadores, como el lince rojo, puma, zorrillo listado, comadreja de cola larga y jaguarundí, permanecen principalmente en zonas con menor presencia humana.
Los adaptadores, entre ellos el cacomixtle norteño, coatí de nariz blanca, pecarí de collar, búho cornudo, coyote y oso negro, transitan entre áreas urbanizadas y espacios naturales.
Por su parte, los explotadores urbanos han logrado adaptarse a las condiciones de la ciudad. Entre ellos se encuentran los tlacuaches, cuya presencia es común en distintos sectores del área metropolitana.
“Ya son fauna urbana. Mucha gente todavía se sorprende al verlos. Pero si vemos uno, simplemente hay que dejarlo porque ahí vive; no es que esté perdido, sino que siempre estuvo ahí pero no lo habíamos visto”, agregó.
Respetar la fauna para convivir
Reconocer que la fauna silvestre comparte el territorio con las personas también implica modificar algunas prácticas cotidianas. Ortiz recordó las principales recomendaciones como no alimentar a los animales, no acercarse a ellos y evitar dejar residuos a su alcance porque puede alterar su comportamiento y poner en riesgo su supervivencia.

La especialista destacó que ayudar a la fauna no siempre significa intervenir directamente. Respetar las áreas naturales, gestionar los residuos y permitir que los animales conserven sus comportamientos naturales son acciones que favorecen una convivencia responsable.
Más que considerar a la fauna como un elemento decorativo o como una presencia invasora, Ortiz Morales llamó a reconocer que las ciudades forman parte de ecosistemas compartidos, donde diversas especies continúan encontrando alimento, refugio y espacios para desplazarse.
La conferencia concluyó con una invitación a observar de otra manera el entorno cotidiano y reconocer que, detrás de las calles, edificios y espacios públicos, existe una diversidad de especies que continúa habitando y adaptándose a la ciudad.
Por: Roberto González Fotografía: Archivo UANL
Ilustración: Jorge Ortega
