Realiza FAPSI llamado a reconocer señales tempranas para prevenir el suicidio
La investigadora Guadalupe Iglesias Ramírez compartió cinco dimensiones de desconexión que pueden ser observadas a tiempo ante una ideación suicida: el futuro, los vínculos, el sentido, la identidad y la esperanza.
La Facultad de Psicología (FAPSI) de la UANL llevó a cabo la conferencia “Las pequeñas muertes que nadie ve: intervención psicológica ante la ideación suicida”, impartida por la investigadora Guadalupe Iglesias Ramírez, como parte de las actividades Diez de Diez.
Las actividades Diez de Diez de la FAPSI son una serie de eventos que inician el 10 de septiembre, Día Mundial de la Lucha contra el Suicidio, y culminan el 10 de octube, Día Mundial de la Salud Mental.
Reconocer la pérdida gradual de la ilusión, la esperanza, los vínculos afectivos y el sentido de vida puede ser determinante para intervenir de manera oportuna ante una posible conducta suicida, señaló María Guadalupe Iglesias Ramírez durante la conferencia.
La especialista explicó que utilizó el concepto de pequeñas muertes como una metáfora clínica para referirse a aquellas pérdidas psicológicas progresivas que pueden pasar inadvertidas o normalizarse en la vida cotidiana, pero que eventualmente pueden generar una desconexión de la persona con su entorno y consigo misma.

“Entre estas pérdidas está la disminución de la ilusión, la identidad, el sentido, los vínculos, el placer, la capacidad de visualizar el futuro y la esperanza, expresiones como ‘ya no me emociona como antes’, ‘no quiero preocupar a nadie’ o la dificultad para establecer metas personales a corto plazo pueden convertirse en señales a las que familiares, amigos y profesionales deben prestar atención”, mencionó la especialista.
Iglesias Ramírez explicó que estas situaciones pueden presentarse después de acontecimientos como la ruptura de una relación, la pérdida del empleo, problemas económicos, enfermedades propias o de familiares, cambios en la autonomía personal, la ruptura de expectativas de vida o la pérdida del sentido de pertenencia.
La conferencista planteó cinco dimensiones de desconexión que pueden ser observadas durante el acompañamiento: el futuro, los vínculos, el sentido, la identidad y la esperanza. Precisó que una persona con ideas suicidas no necesariamente se muestra en un inicio triste, ya que también pueden aparecer sentimientos de frustración, fastidio o enojo antes de que la tristeza sea evidente.

“Tenemos que prestar atención cuando una persona comienza a sentirse sola; considera que es una carga para otros o deja de pedir ayuda precisamente en el momento en que más la necesita. Por ello la importancia de fortalecer las redes de apoyo y generar espacios donde las personas puedan expresar lo que están viviendo sin sentirse juzgadas”, comentó la docente de la Facultad de Psicología.
Durante su exposición, Iglesias Ramírez hizo énfasis en que hablar directo sobre el suicidio no provoca que una persona desarrolle esa idea; por el contrario, señaló que los profesionales deben perder el temor a preguntar de manera clara, respetuosa y empática si alguien ha pensado en morir o quitarse la vida cuando existen señales que lo hagan necesario.
Asimismo, presentó un modelo de actuación basado en conectar, preguntar y explorar, evaluar el nivel de riesgo, proteger y posteriormente derivar y dar seguimiento. La primera acción consiste en escuchar sin juzgar ni minimizar lo que la persona está sintiendo, para después determinar las características de la ideación y las condiciones de riesgo existentes.
Advirtió también sobre algunas expresiones que, aunque por lo general surgen de la preocupación y el cariño, pueden provocar que la persona se sienta incomprendida y se cierre a solicitar ayuda.
Frases relacionadas con tener muchas razones para vivir, pensar en la familia, ser fuerte o simplemente “echarle ganas” deben sustituirse por una escucha genuina que permita comprender el sufrimiento de quien atraviesa por una crisis.

En una situación de riesgo, agregó, es indispensable desarrollar un plan de seguridad y manejo de crisis, identificar señales de alerta, establecer estrategias personales, generar entornos seguros y definir por escrito los pasos y las personas a quienes recurrir cuando comiencen a aparecer de nuevo pensamientos relacionados con el suicidio.
Como parte del trabajo terapéutico, la especialista recomendó analizar la situación que origina el malestar, los pensamientos asociados, las emociones, las conductas y sus consecuencias, además de trabajar con la desesperanza y con pensamientos absolutos relacionados con expresiones como siempre o nunca.
Iglesias Ramírez cerró su intervención destacando que la prevención también puede construirse desde acciones cotidianas, la cercanía y las redes de apoyo.

“A veces una persona no quiere morir, quiere dejar de vivir de la manera en la que está viviendo”, expresó la especialista y señaló que parte del acompañamiento consiste en ayudar a recuperar la posibilidad de encontrar alternativas y sentido incluso en los pequeños detalles de la vida.
Por: Norberto Coronado / Carlos Jasso Fotografía: Valeria Campos
